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SAMUEL

Samuel tiene 5 o 6 años; bueno tenía, porque el pasado día 12, junto con otras cinco personas o siete o diez, qué mas da!, se ahogó su futuro en el Mediterráneo. Se ahogó el futuro de Samuel y el de su madre Verónica, junto con sus vidas, con sus ilusiones, con sus miedos, con sus deseos y sus temores, con su pasado vaya usted a saber cual. Samuel se ahogó delante de nuestras costas porque nació en El Congo, una líneas más abajo del mapa. Si, más abajo porque aunque la tierra sea redonda sigue habiendo abajo y arriba, norte y sur en todas las latitudes; continúa habiendo vidas de primera, de segunda y de tercera, e incluso no vidas; personas que no cuentan, vidas que no importan, muertes que no son relevantes. Si hubiera sido el primero quizá habría aparecido en las portadas de los periódicos, pero no es el primero, y por desgracia no será el último, y eso tampoco importa. Quizá por eso ni siquiera se lo dijeron al alcalde de Barbate y ya no nos extrañamos, ya no nos escandalizamos, ya casi ni abrimos la boca para expresar la nausea que provoca una sociedad tan enferma, que nada le importa la persona que tiene al lado, y el de lejos ni te cuento. Y cuidado, que si llega a cruzar, encima será una amenaza; lo dicho, nausea no, lo siguiente.

 

 

¿REFUGIADOS?

En una Provincia como Almería, con una cifra desconocida pero no menor de las 5.000 personas malviviendo en asentamientos de infraviviendas diseminadas; con miles de personas que se han dejado trozos de ropa, piel y sangre saltando alambradas en Melilla y Ceuta; con cientos de personas que se han dejado amigos y familiares mal enterrados en el mar intentando llegar a nuestras costas (también niños, por cierto); con tanto trabajo para ser reconocidos como iguales, como vecinos después de muchos años de recibir más que la espalda de gran parte de la población…

En esta provincia, también me alegro de que se grite de una vez que no se pueden cerrar los ojos al sufrimiento de aquellas personas que intentan salvar su vida y la de sus hijos huyendo de la guerra en Siria. Y me alegro de que este gobierno cambie de opinión seguramente por este clima de apoyo que se ha dado en toda España y ahora sea más solidario que nadie y de toda la vida. Y me alegro de que se indiquen recursos en ayuntamientos que pueden ponerse a disposición de los refugiados que puedan venir, y que nos manifestemos diciendo “bien venidos”, por fin. Y solo puedo alegrarme porque a mí también se me hiela la sangre de horror y de vergüenza ver a un padre llorar a su hijo muerto en la playa o a una periodista pateando a las familias que huyen de los aguerridos policías húngaros que guardan las sagradas fronteras de su patria.

Bienvenida, solidaridad; de corazón. Y supongo que también se alegrarán los cientos de refugiados Malienses que hace casi dos años solicitaron ser reconocidos como tales en nuestra provincia y solo cuentan aún con la tarjeta roja de solicitante que van renovando cada seis meses sin recibir ese reconocimiento. Supongo que las personas de los asentamientos también se alegrarán al descubrir que, si se quiere, sí que hay alternativas de alojamiento.

Los refugiados Sirios, de Eritrea, de Irak o de Afganistán que ahora están llegando en mayor número llevan meses ya penando en fronteras improvisadas, maltratados por estados que sólo se han preocupado en reforzar el control de fronteras e impedir que sigan su huida hacia la vida. ¿Quién va a pedir cuentas a esta Europa que ahora se permite decidir cuántos deja entrar en qué país?, ¿qué ha pasado con los inmigrantes que había en esos mismos países y que tuvieron que salir corriendo los primeros y terminaron por miles ahogados como en Lampedusa?

El estatus de refugiado es un derecho de quienes sufren la guerra y tienen que huir de su tierra. Los estados tienen que cumplir la legislación internacional, los tratados que han subscrito, también España, y dejarse de dudas de retrasos bochornosos y de hacer cuentas. La acogida a refugiados es una cuestión compleja, con requisitos legales y que exige organizaciones e instituciones ágiles, con experiencia y que coordinen bien cualquier intervención, incluida la de la solidaridad de las poblaciones de acogida. No es una intervención puntual que se soluciona en meses, como un terremoto o una inundación, requiere dispositivos de primera acogida, de reasentamiento, de acompañamiento… La solidaridad no es exigible, el estado tiene unas obligaciones; y las personas, conciencia solidaria -o ausencia de ella-. Pero en cualquier caso, el estado no puede delegar sus obligaciones en la solidaridad de los ciudadanos.

Dicho de otra forma, ¿Hay tanta diferencia entre refugiados sirios y refugiados de otros países?, ¿cómo es que no hemos encontrado forma de poner recursos a disposición de los desalojos y la vida infrahumana en asentamientos durante tantos años?, ¿qué pasa con las personas que huyen igualmente de situaciones de violencia económica?, ¿afecta esta reconfortante ola de sensibilidad a las personas inmigrantes que están entre nosotros o esperando para jugarse la vida por llegar?

 

ATENTANDO EN PARÍS

Ante el atentado acaecido en Paris,  desde la Asociación Almería Acoge queremos expresar nuestra condena  más absoluta al mismo y al móvil que ha podido llevar a estas personas a cometerlo, es un acto  totalmente inadmisible e intolerable. A la vez que condenamos los mensajes generalistas  y las manifestaciones xenófobas y racistas que están recorriendo Europa en estos momentos. Nos solidarizamos con las víctimas y sus familias.

Desde Almería Acoge estamos convencidos  que solo podremos avanzar en la construcción de la convivencia, desde la defensa de la derechos humanos si desde  cualquiera que  sea nuestra religión,  seamos creyentes o no, convertimos  en  un deber ético para las mujeres y hombres de paz el  implicarnos en la  cuestión de las expresiones dañinas de las religiones, vengan desde donde vengan.

Desde Almería Acoge llevamos  años sosteniendo que, los conflictos culturales e inter-religiosos son los conflictos que van a caracterizar este siglo XXI, cualesquiera que sean las verdaderas razones que subyacen de ellos. Nuestro mundo globalizado está dando lugar a nuevas formas de explotación y desigualdad social, a nuevas formas de radicalización política y religiosa, que ponen en peligro  los avances que intentamos construir en la vía del respeto, el dialogo,  el cuidado a las diversidades y la convivencia pacífica, construyendo el presente y el futuro desde el dialogo intercultural, la negociación y la mediación, como única vía de salida a la gestión de la diversidad. Otro camino solo nos conducirá al conflicto, a la venganza  y la radicalización del mimo.

Creemos  que no podemos mirar hacia otro lado, y sólo lamentarnos de lo que está ocurriendo cuando ocurre.

Ya ha llegado la hora en que el protagonismo lo tengamos nosotras, nosotros, mujeres y hombres diversos  que creemos en un convivir complejo, pero posible, en la diversidad, considerando esta diversidad como una de las grandes riquezas que atesoramos.
Hace falta y es en ello en lo que nos tenemos que implicar juntos:

- Iniciar conversaciones que nos permitan avanzar en la necesaria construcción convivencia, a todas las escalas, en las escuelas, en los barrios, en lo político, en el trabajo, en el bar, en el deporte,  sobre lo que nos está pasando. Tomar las riendas y no dejarnos arrastrar en esta vertiginosa y venenosa espiral del odio y del miedo frente al otro diferente.
- Multiplicar diálogos interreligiosos, con personas de fe de distintas religiones y personas no creyentes, para conocernos, reconocernos y volver a la esencia de lo que nos hace a todas y todos seres humanos.
- No dejarnos embarcar en atajos por el camino y a estigmatizar colectivos que también, quizás ellos los primeros, sufren la locura de quienes dicen representarles y defenderles.
- Denunciar a quienes pretenden aprovecharse de los que sufrimos las consecuencias para enfrentarnos entre ciudadanos y ciudadanas,  con fines políticos y económicos.
- Exigir el laicismo en nuestros estados, como  la única manera de defender las libertades religiosas en nuestros territorios y protegernos de sus manifestaciones  fanáticas.

Almería,  8 de Enero 2015

 

¿MIGRAMOS? SI GRACIAS

¿MIGRAMOS? SI,GRACIAS!

Con motivo del día internacional del migrante, desde Almería Acoge queremos compartir en estas líneas nuestra reflexión acerca de un colectivo cada vez más vulnerable. El endurecimiento de las leyes y de las circunstancias que rodean a estas personas hacen que su sufrimiento vaya en aumento, sin que el resto de la sociedad tomemos conciencia de una realidad que -mas allá de nuestra situación  personal actual- puede llegar a formar parte de nuestra vida.

Nuestra campaña de sensibilización, “Tú como yo”, giraba precisamente todo este año que ahora acabamos sobre el derecho a migrar. Algo que si bien tenemos claro cuando hablamos de derechos humanos, parece tornarse en amenaza cuando nos toca en nuestro bloque, barrio o lugar de trabajo. El desconocimiento, el miedo o nuestra propia comodidad nos hacen ver leyes como la de devoluciones en caliente como algo positivo, cuando en realidad atenta contra ese derecho fundamental del que todos -en mayor o menor medida- hacemos uso cuando buscamos una mejora en nuestras vidas: ¿quién no se va a la playa en verano, o envía a sus hijos e hijas a estudiar a otra ciudad? ¿Quién no ha encontrado trabajo, o pareja, o amigos, o una vida mejor en una localidad distinta a aquella que le vió nacer?

El número de personas que sufren esta discriminación es cada vez mayor, con lo que mayor es la injusticia de este sistema que alimenta la comodidad individual por encima de un derecho fundamental.

En Almería Acoge llevamos más de 25 años trabajando por la igualdad, vamos a seguir, y sabemos que hay muchas personas que nos acompañan en este trabajo, pero hacen falta más. Todos tenemos derecho a migrar, ¿te lo has planteado alguna vez? Con que seas capaz de imaginarte en esa situación, nos damos por satisfechos. De momento.... ;)

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UN VERANO FRUCTÍFERO

“¿Qué tal el verano?” es una de las preguntas que más hacemos y escuchamos este mes de Septiembre. Y al contestarla contamos todo aquello que merece la pena compartir, repetir y recordar ahora que volvemos a la rutina con más energía e ilusión. Porque el descanso nos permite soñar proyectos nuevos, y ver las cosas desde otro punto de vista.

Pero nuestro -merecido- descanso no implica un parón en lo que tenemos entre manos. Otros, nuestros compañeros y compañeras, lo cogen y avanzan con aquello que es tan de ellos como nuestro. Este verano, Almería Acoge ha estado ocupada, como siempre. Y en el barrio de la Fuentecica lo saben, porque sus niños y niñas han podido compartir un verano mas, juegos, diversión, y un plato de comida durante el mes de Agosto. Bueno, mas que un plato fueron el desayuno, el almuerzo y la merienda de mas de 100 niños y niñas.

Lo saben en el CAPI de San Isidro, donde se han superado todas las expectativas de trabajo,  atendiendo a más de 1500 personas; y lo saben todas las personas que han acudido a los dispositivos de la Asociación, que han funcionado al 100%, gracias al esfuerzo y buen hacer de las personas encargadas de ellos.

Y también lo saben en Tetuán, donde un grupo de voluntarios y trabajadores de la Asociación, aprovechando sus vacaciones, han logrado establecer un lazo con los niños y niñas del pueblo de Amtil, y han dado los primeros pasos para desarrollar un proyecto conjunto con asociaciones de vecinos en la medina de Tetuán.

Así que si alguien me pregunta ¿”Qué tal el verano para Almería Acoge?”, a pesar de que sé que trabajar con niñas y niños no es siempre fácil, que atender a tantas personas es agotador, que conseguir los proyectos implica un gran esfuerzo (porque las Administraciones exigen mucho), y que -por supuesto- no podemos gustarle a todas las personas...mi respuesta será “Muy bien. Ha sido un verano fructífero.”

 
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