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CONCENTRACIÓN POR LAS MUERTES EN EL ESTRECHO

MANIFIESTO QUE SE VA A LEER

Comenzamos el año 2018 como terminamos el 2017, con un escenario de muerte y olvido en el mar.

Al menos siete inmigrantes han fallecido y otro se encuentra hospitalizado en estado crítico tras encallar este lunes con una patera en la costa de Lanzarote.

Cinco de las víctimas mortales mostraban signos de hipotermia y ahogamiento, un sexto fue sacado del agua y otro falleció durante las maniobras de reanimación tras mostrar síntomas de ahogamiento

Cuentan los socorristas que el escenario era dantesco: varias personas estaban flotando en el mar y otras, dentro de la embarcación en la que “había agua suficiente para ahogarse, como así fue” “las personas estaban magulladas y con moratones en la cara”. uno de los ahogados que sacaron de la zodiac “no pasaba de los 15 años, era un niño”

Cierto, el escenario era dantesco, sigue siendo dantesco, vergonzoso, pero no sólo este escenario, estos muertos en esta patera.

Seguimos en el mismo escenario dantesco, vergonzoso, criminal que el año pasado sepultó a un centenar de personas sólo en nuestras costas más cercanas. El mismo escenario de guerras, miseria, fronteras e intereses económicos que sigue sepultando en vida a millones de personas que huyen de una muerte segura y sepultando en el mar a miles de los que intentan llegar hasta Europa reclamando pan, justicia o libertad, reclamando un futuro que nuestras armas y nuestros intereses les niegan allí donde nacieron.

También este lunes otras dos ciudadanas marroquíes de 40 años han fallecido cerca de la frontera de Ceuta. Eran porteadoras, no intentaban atravesar el mar, sólo atravesar la frontera para ganarse la vida día a día llevando pesadas mercancías, fardos de hasta 90 kilos, que cargan durante horas sobre su espalda, y aguantando colas, violencia verbal, avalanchas, empujones y golpes.

Una avalancha de personas desesperadas por aprovechar las dos horas en que se les permite cruzar se las llevó por delante a las cinco y media de la mañana. De nada han servido las medidas “drásticas y tangibles” que anunciaron los responsables de los gobiernos marroquí y español tras muertes como estas hace unos meses.
Otras dos mujeres han muerto aplastadas por el sistema económico que mantiene la desigualdad y la injusticia. Quizá algo tengan que ver los 1000 millones al año que supone este comercio, para las ciudades españolas de Ceuta y Melilla.

No hay palabras que justifiquen la repetición y el mantenimiento de la muerte en el mar y en las fronteras. No hay excusas, ni ideológicas, ni económicas, ni patrióticas que justifiquen seguir mirando para otro lado mientras los más maltratados de nuestra historia continúan muriendo.

Por eso repetimos con nuestra presencia y nuestro silencio la repulsa, la condena de este orden injusto e inhumano.

DÍA INTERNACIONAL DE LAS PERSONAS MIGRANTES

Otros años hemos celebrado este día con una fiesta, es el DÍA INTERNACIONAL DE LAS PERSONAS MIGRANTES, una fecha importante para recordarnos las dificultades que tienen los procesos migratorios y para celebrar lo que aportan estas migraciones. Este año no podemos celebrar, podemos denunciar y, eso es lo que hacemos. Denunciar las muertes en el estrecho, denunciar la esclavitud en Libia, denunciar la pasividad de los gobiernos que se esconden ante estas realidades terribles. Este es año de denuncia.

Por esto hemos puesto un muro donde ir colocando las denuncias o anuncios que queremos transmitir.

El manifiesto entero que se ha leido lo presentamos a continuación:

18 DE DICIEMBRE 2017. DÍA INTERNACIONAL DE LAS PERSONAS
MIGRANTES.
El derecho a migrar es uno de los contemplados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esta Declaración Universal no habla de impedir las migraciones, sino de posibilitar las condiciones para que nadie se vea forzado u obligado a salir de su tierra. Por ello, se celebra el Día Internacional del Migrante fijando la mirada en los derechos de todos los trabajadores migrantes y sus familias, sea cual sea su origen.

Pero la actual situación económica, europea y mundial, y las condiciones de guerra y ausencia de derechos en tantas zonas de nuestro planeta, reclaman y hacen urgente la necesidad de la cooperación internacional para hacer frente, de manera integral, a los desafíos de la migración, con pleno respeto a los derechos humanos. Estamos viendo cómo en los últimos años la vulnerabilidad de las personas migrantes, lejos de reducirse, ha ido creciendo y multiplicándose.

Desde hace años, el Mediterráneo está siendo escenario de tragedias por las tentativas para llegar a Europa de personas provenientes de África, Oriente medio y Asia; personas que sólo aspiran a mejorar sus condiciones de vida o que huyen directamente de la muerte. Independientemente de cuáles sean los motivos en estas migraciones, es una tragedia retransmitida diariamente que, más allá de remover conciencias, exige la adopción de medidas que eviten las muertes y las causas que originan las migraciones forzosas. Es cada vez más necesaria la ejecución de políticas racionales de gestión de fronteras y el
rechazo al trato de las personas migrantes como delincuentes; a la concentración de los refugiados en campos en los que escasean condiciones mínimas de respeto a sus derechos; a la proliferación de vallas, alambradas, concertinas; y a las ‘devoluciones en caliente’. Es vergonzoso tener que recordar a los Estados que deben respetar el ordenamiento jurídico y el
derecho internacional.

A este escenario se ha sumado recientemente la escandalosa situación que miles de inmigrantes están sufriendo en Libia. Aunque parezca que la palabra esclavitud no pertenece a este siglo y que su práctica esté prohibida en todos los países del mundo, se destapa la inhumana realidad que hemos podido contemplar en las últimas semanas: la subasta de inmigrantes y refugiados como esclavos. En pleno siglo XXI se pone aún en la picota a seres humanos, convirtiéndoles en mercancía para trabajar sin descanso o en juguetes sexuales de sus amos.

Es justamente en Libia, la última etapa en el continente africano, de quienes han tenido que huir de su tierra y tratan de llegar a Europa, donde los hombres y mujeres, inmigrantes y refugiados, son expuestos, comprados y explotados. Y los que superan ese trance se enfrentan al Mediterráneo, esa fosa en la que este año ya han muerto más de 3.000 personas.

Los migrantes, sobre todo los más jóvenes, son vendidos para trabajar en casas, naves y talleres clandestinos o para exigir un rescate a sus familias y también, en el caso de las mujeres y niñas, como esclavas sexuales o prostitutas. Estas personas son llevadas a plazas públicas o garajes en distintos puntos de Libia, donde se muestran a los posibles compradores. Su
precio oscila entre los 170 y los 430 euros.

¿Qué ha hecho la Unión Europea además de lamentar esta situación? Continuar con su prioridad de poner barreras, su obsesión por impedir que lleguen hasta nuestro territorio más migrantes. Muy poco preocupada de garantizar que se les trata dignamente, la Unión Europea cataloga a otros países como “territorio seguro” y envía dinero para que la Armada Libia impida
la salida de las pateras. Ese mayor control es también el causante de que las personas que huyen intenten hacerlo más que antes a través de Marruecos y Argelia y, de ahí, a España, donde se están alcanzando cifras de hace casi 10 años. Hasta el alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos ha llegado a denunciar como “inhumana” la cooperación de la Unión Europea con la Guardia Costera de Libia.

Esto es lo que sucede cuando importan más las fronteras que las personas, cuando importan más las patrias y las banderas que los hombres, mujeres y niños que huyen de la muerte, de la miseria y de la injusticia. Esto es lo que sucede cuando el ser humano se degenera, se deshumaniza y llega a convivir con la vergüenza de tratar o dejar que se trate a otros seres humanos como esclavos, con tal de no perder ni un plato de su mesa.

De nada servirá ninguna Declaración Universal de Derechos Humanos si unos perdemos la humanidad y a otros se la negamos cerrándoles las puertas. De nada sirve celebrar un día Internacional de las Migraciones, si olvidamos que quienes emigran son personas a las que debemos justicia, respeto y dignidad.

Históricamente, las migraciones han hecho crecer la humanidad. Desde aquí reivindicamos seguir creciendo como personas y por ello denunciamos las políticas indignas que están matando y esclavizando a estas personas y deshumanizándonos a nosotros.

CONCENTRACIÓN MUERTES EN EL ESTRECHO

Hace apenas 10 días nos cocentrábamos por las muerte en el estrecho y hoy, por desgracia más muertes, más desaparecidos, más personas jugándose y perdiendo la vida por llegar a una Europa que los recibe como criminales, que busca escusas para no atenderlos, para no recibirlos como se merecen, como personas que han dejado todo para conseguir algo.

El comunicado que hemos leido hoy:

Concentración en Almería, 4 de diciembre, Plaza del Educador, 19,30h.
De nuevo la muerte, de nuevo tres cadáveres, tangibles, traducen la esperanza en muerte; una persona más ha desaparecido con seguridad, otras 28 están siendo buscadas y no se sabe nada de su paradero; son las ausencias que traducen la desesperación en olvido.

De nuevo nos concentramos para manifestar nuestro pesar por estas personas fallecidas, ahogadas, al menos cuatro nuevas personas que suman 89 solo en nuestras costas más cercanas, suman 89 muertos a esta lista macabra, 89 nudos en esta cuerda, que deberían ser 89 nudos en nuestras gargantas. Cuatro nuevos frutos de la injusticia de un Norte rico, obeso, obsesionado por su seguridad y su bienestar, y un Sur despojado, maltratado, masacrado y sin futuro que intenta huir desesperadamente de la muerte cotidiana, de la asfixia diaria de la pobreza, la injusticia y la guerra.

Una vez más nos concentramos para denunciar la ocultación de quienes consiguen llegar, encarcelados unos, explotados otros, empobrecidos todos, apartados, excluidos de una sociedad que además olvida y no mira de frente los cadáveres de quienes no consiguen llegar, de los que mueren ahogados en el intento de llegar a zonas más seguras y prósperas, como también intenta ocultar a quienes mueren directamente en su propia tierra, acribillados por armas y por intereses fabricados en nuestro mundo del Norte, también en nuestra tierra; armas e intereses que son realmente los causantes de la pobreza, de la
injusticia y de la muerte.

En este día 4 de diciembre, cuando celebramos actos para reivindicar la memoria identitaria de Andalucía, estamos obligados a reivindicar también esta otra memoria, la de quienes pierden la vida en el mar intentando llegar hasta nosotros. Ojalá que la
persistencia y la ocultación de este otro presente del que también somos responsables, no se siga convirtiendo en memoria de vergüenza para nuestros hijos.

Ante la tragedia repetida, ante los silencios cómplices de unos y las actitudes vergonzosas de otros, nosotros mostramos una vez más nuestra repulsa, nuestro dolor y nuestra solidaridad, utilizando la poesía de Pilar del Rio.

“Mi hijo muere cada tarde en el mar.
Mi hijo tiene 18 años, y 26 y 32,
tiene todas las edades en las que hay fuerza, pasión y deseos.
Mi hijo sabe que la felicidad no consiste en tener cosas,
pero sabe que hay cosas imprescindibles.
Por eso no pospone su derecho a vivir, a habitar una casa humana,
a compartir con otros que siempre son sus semejantes su historia, su tristeza y sus sueños.
Mi hijo aprendió a aprender.
Mi hijo estudió, mi hijo trabajó en todos los oficios.
Mi hijo se respeta a sí mismo, respeta a su tierra, ama y es amado.
Mi hijo no nació para morir en el mar, ningún Dios lo castigó,
ninguna maldición lo obliga a ser esclavo.
A mi hijo lo mata cada tarde una forma de entender el mundo,
una manera criminal de gobernar
en la que el ser humano no es lo prioritario,
porque el hombre todavía no cotiza en bolsa,
porque los expoliados y olvidados no llenan los bolsillos
de los mil veces malditos que condenan a muerte a mi hijo
y luego besan con reverencia la moneda donde invocan a un Dios.
Con esa moneda que invoca a Dios
y con otras en que aparecen patrias,
los hombres que matan a mi hijo han comprado todas las perversiones y han
cometido todas las ignominias.
Mi hijo es negro, es indio, es blanco, es pobre.
El mundo es suyo, no lo parí en Marte,
no nació con un destino animal porque nació humano.
Mi hijo, cuando muere cada tarde,
seguirá viniendo a esta costa de Europa y del mundo
con su mirada valiente y abierta.
Mi hijo no se rinde,
necesita hacernos comprender que sin él no estamos todos.
Mi hijo, cuando muere, nos deja empequeñecidos,
y él no quiere que su muerte haga desaparecer de la tierra
las palabras más hermosas y los conceptos que nos dignifican.
Mi hijo no puede seguir muriendo
porque con él está muriendo nuestra civilización”.

MUERTES EN EL ESTRECHO 8ª CONCENTRACIÓN 2017

Son ya ocho veces este año, al menos 82 persona muertas, vidas que se pierden de forma inutil por el egoismo de una sociedad egoista que mira para otro lado. Pero no todos, sigue habiendo muchas personas que están dispuestas a seguir denunciando esta realidad, seguimos sumando nudos de verguenza y de muerte. En esta ocasión hemos contado con la aportación de un chico que ha llegado en patera, que ha perdido compañeros y amigos y que da las gracias a las personas que son capaces de acogerlo.

El manifiesto que se lleyo:

Podemos repetir mil veces que nos sentimos estremecidos porque siete nuevas personas han perdido la vida intentando ganarla. Podemos repetir mil veces que nos sentimos asqueados, artos, avergonzados de nuevo por el horror de la muerte, porque siete nuevas muertes se han sumado a la fosa común en que hemos convertido el Mediterraneo, porque ya son ocho las veces que este año nos concentramos para decir esto, porque son ya 82 las personas, que sepamos, han muerto ahogadas frente a nosotros; lo podemos repetir mil veces, pero no podemos extrañarnos de que esto suceda de nuevo.

No nos puede extrañar que estas personas desesperadas intenten escapar de una muerte lenta, opresora, continuada que provocan la injusticia, las guerras, la opresión política, la ausencia de futuro en países esquilmados o a los que el interés económico de unos pocos ha secuestrado sus riquezas naturales.

No nos puede extrañar que esta huida agónica de miles de personas pueda terminar ahogada en el mar, porque esta parte del mundo que llamamos civilizada, desarrollada, primer mundo, no sea capaz de generar otra forma de gestionar el derecho a la emigración y la necesidad de huir de estas situaciones que el control de las fronteras, la elevación de las vallas, la proliferación de concertinas, fosos, invertir en vigilancia, hacer más difícil la huida y la entrada, y, por lo tanto, también que no sea extraño que siete nuevas personas hayan perdido la vida intentando cruzar ese mar de cualquier manera, intentando ganar la vida desesperada y precariamente.

Mientras tanto crecen la ocultación de las causas, el egoísmo y el miedo a una supuesta amenaza que no es otra que la presión del hambre fruto de la injusticia y la muerte fruto de intereses comerciales, políticos y estratégicos.

Por eso, porque no es extraño que estas muertes se produzcan de nuevo, seguimos avergonzándonos por la falta de capacidad o de voluntad para generar alternativas a la patera, de voluntad real de propiciar un modelo de relaciones internacionales más justo, por la falta total de asunción de la responsabilidad para buscar soluciones más humanas a las consecuencias de las guerras, la pobreza y la injusticia.

Por eso seguimos actuando, seguimos protestando contra la cerrazón y la sinrazón de las fronteras, de una economía basada en el beneficio por encima de la persona. Seguiremos gritando con la palabra y con el silencio que no queremos ser cómplices de ninguna de estas muertes.

CAMPO DE TRABAJO EN TETUÁN

Almería Acoge ha organizado un campo de trabajo en Tetuán con jóvenes Scout de los grupos Mónsolis y Zálata de Almería.

Durante los días 5 al 9 de julio, 17 jóvenes scout acompañados por responsables de la Asociación Almería Acoge han podido conocer, intercambiar experiencias y trabajar junto a otros tantos jóvenes tetuanís que desde hace unos años cuentan con el apoyo de Almería Acoge para trabajar con menores de la medina de Tetuán.

Estos chicos y chicas junto con la gente con la que la asociación lleva más de dos años trabajando en Tetuán, han arreglado una zona del Hospital Español en Tetuán, para que se puedan realizar actividades con pequeños de la Medina. Han estado preparando juntos un espacio para que puedan jugar, estudiar, relacionarse, etc. ya que las condiciones de la Medina para los pequeños son poco favorables.

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