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LOS DÍAS DESPUÉS

Pasado el primer impacto, cuando nos enteramos de que más de 200 viviendas de un asentamiento han ardido, nos vamos relajando. Por supuesto ya no es noticia en ningún medio. Algunas personas aún se acuerdan y nos hacen llegar comida y ropa. Pero para la mayoría es un día normal, sin nada que destacar.

Y me surgen preguntas, sobre todo preguntas, muchas.

¿Por qué deja de ser noticia que muchas personas pierdan TODO lo que tenían? ¿Es porque que como no tenían mucho nos importa menos?¿Es porque no los conocíamos personalmente?¿Es porque nos da igual que algo tan terrible pase a nuestro lado sin hacernos mella?¿Hemos perdido el sentido de lo que eso significa?

Perderlo TODO: un techo donde descansar y compartir la vida; un medio de transporte para ir a trabajar; ropa para sentir la dignidad de ser persona; la compra de la semana, o del día, o del mes, esos ahorrillos que tantas horas de trabajo han supuesto. ¿Qué más se te ocurre que pueden haber perdido? ¿Es para tí mucho, o poco, o qué valor le das a eso que tú sí tienes a salvo?

Sin embargo hay personas que lo ha perdido todo. Que no tenían casi nada y esa casi nada lo han perdido. Apenas les queda el consuelo de algunas ONGs que siguen con su tarea y que intentan acompañarlas y consolarlas, pero poco más.

¿Qué más hay? Sabemos que se están buscando soluciones al problema de los asentamientos, pero mientras llegan esta soluciones ¿qué hacemos?. ¿Usamos la técnica de talar los árboles para que no haya incendios?, ¿arrasamos los asentamientos quemados para evitar que se vuelvan a instalar?, ¿le pedimos a los dueños de los terrenos que labren y vallen para evitar que vuelvan a instalarse? ¿Dónde pueden volver a vivir esas personas? ¿De verdad no hay sitio en la tierra para ellas?¿las olvidamos sin más?. Total, son invisibles para muchos, casi mejor así.

Tenemos que buscar soluciones más dignas de vivienda, movilizarnos para implicar a todas las administraciones, sin miedo a los voceros extremistas. La sociedad entiende que no podemos ocultar y abandonar a estas personas que lo han perdido todo. No olvidemos que mañana también será para ellas otro día después.

OTRA VEZ LA DESOLACIÓN DEL FUEGO

Hoy os presentamos un artículo diferente sobre una situación que desgraciadamente se repite con mucha frecuencia. Un artículo desde la cercanía, con una mirada distinta sobre lo que ocurre en los asentamientos y en estas situaciones de desolación.

Ayer se produjo nuevamente un incendio en uno de los asentamientos de la provincia, en concreto del campo de Nijar, es un asentamiento en el que viven alrededor de 800 personas, aunque nadie lo sabe muy bien, y alrededor de 200 se han visto afectadas por el incendio, la desolación es enorme en la zona de chabolas afectadas, algunas viviendas están totalmente arrasadas, solo algunos hierros retorcidos se ven aquí y allá, es un asentamiento en el que no viven solo hombres, que es lo habitual y lo mayoritario en los asentamientos de la zona, en este asentamiento también viven mujeres y familias.

Como es habitual muchas organizaciones se han volcado hoy en ver que necesitan las personas afectadas y se ha empezado a hacer reparto de elementos básicos, mantas, comida…, aun sabiendo que esto es importante, para mi había otras cosas que trabajar hoy con los y las habitantes de este asentamiento, y es la necesidad se sentirse escuchadas, de que puedan contar su historia, que se puedan sentir acompañadas en su duelo, en definitiva cuidar el aspecto emocional de quien una vez más ve fracasar su vida, ve de nuevo que vuelve a quedarse sin nada, con la incertidumbre de dónde dormir esta noche.

Siempre que se va y se interviene en una situación así, nos creemos los importantes, los rescatadores, yo hoy he querido ir con otros ojos, con otra mirada, devolverles el protagonismo a estas personas y descubrir desde ahí lo mucho que me han enseñado ellas: he visto la solidaridad que nace desde los iguales, cómo un grupo de mujeres se han organizado para hacer comida para los que lo han perdido todo, personas que anoche ya acogieron en su chabola a otros vecinos y vecinas más afectados, y me ha impresionado la fortaleza de una de las mujeres con las que he hablado, delante de su chabola totalmente arrasada me decía con convencimiento, “no pasa nada, la hice con mis manos yo sola, vuelvo a no tener nada, pero
volveré a rehacer mi vida, sé que puedo”.

Gracias por lo que me enseñáis desde la pobreza más extrema.

Pilar Castillo