El pasado 19 de marzo, desde nuestra asociación Almería Acoge llevamos a cabo un taller de sensibilización con motivo del Día Internacional contra la Discriminación Racial (21M), una fecha clave para promover la igualdad, el respeto y la convivencia en una sociedad diversa.
La actividad estuvo dirigida a los jóvenes que forman parte del” Servicio que desarrolla la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad de la Junta de Andalucía para la Inserción Social y Laboral de Jóvenes Migrantes Extutelados y gran Vulnerabilidad, cofinanciado por el FSE+, cuya gestión en la provincia de Almería corresponde a Almería Acoge”. Con el objetivo de generar un espacio seguro donde reflexionar de manera crítica sobre los prejuicios, estereotipos y barreras invisibles que siguen presentes en nuestro día a día.
Mirar más allá de la primera impresión
El taller comenzó con una dinámica basada en la observación de imágenes de personas desconocidas, con diferentes perfiles de edad, género y procedencia. A partir de estas fotografías, los jóvenes debían completar una ficha con datos como la edad, profesión, identidad o sueños de cada persona.
A lo largo de la actividad, fueron compartiendo sus percepciones y construyendo colectivamente esas identidades basándose, de manera inevitable, en los prejuicios y estereotipos que todos, en mayor o menor medida, tenemos interiorizados.
El momento clave llegó cuando se revelaron las historias reales detrás de cada imagen. Este contraste generó sorpresa y reflexión, permitiendo evidenciar cómo nuestras ideas preconcebidas pueden alejarnos de la realidad y condicionar nuestra forma de relacionarnos con los demás.
Una mirada hacia dentro: prejuicios, vivencias y emociones
Más allá del análisis externo, el taller propició un ejercicio de introspección. Los jóvenes reflexionaron sobre las estructuras mentales que influyen en su manera de ver a otras personas, pero también sobre cómo ellos mismos pueden ser percibidos por la sociedad.
Se abordaron cuestiones relacionadas con los estereotipos culturales y de género, así como las emociones que surgen al sentirse juzgado o etiquetado sin ser realmente conocido. Este espacio permitió compartir vivencias personales y reforzar la empatía como herramienta fundamental para la convivencia.
Soñar en voz alta
En la segunda parte del taller, el foco se trasladó a los propios jóvenes. A través de una puesta en común, compartieron sus sueños, metas y aspiraciones, estableciendo un paralelismo con las ideas que previamente habían proyectado sobre las personas de las imágenes.
Como cierre, participaron en la creación de un vídeo de sensibilización donde expresaron en primera persona sus deseos de futuro. Un mensaje claro dirigido a la sociedad: detrás de cada joven migrante hay una historia, un proyecto de vida y un conjunto de sueños por cumplir.
Un compromiso que continúa
Este taller se enmarca dentro del compromiso de Almería Acoge por fomentar espacios de aprendizaje, reflexión y transformación social. Trabajar contra la discriminación racial implica cuestionar lo que damos por hecho, escuchar otras realidades y construir una mirada más justa e inclusiva. Porque solo desde el conocimiento, la empatía y el respeto podremos avanzar hacia una sociedad donde todas las personas tengan las mismas oportunidades, sin importar su origen.
En los últimos meses, algunos partidos políticos han radicalizado su discurso buscando un enemigo común. La portavoz del grupo de ultraderecha, Rocío de Meer, ha declarado públicamente su intención de deportar a todo inmigrante, independientemente de su situación administrativa en España, a su país de origen si no se adapta a unos cánones que solo su partido establece. Unos cánones para ser un «correcto español», según su ideología.
Por eso quiero compartir una reflexión de una persona de 26 años que encontré en redes sociales. Una reflexión que me hizo pensar:
“Fue a la edad de catorce o quince años cuando tropecé a menudo con la palabra ‘moro’, ‘marroquí’, especialmente en conversaciones de tema político. Por aquel entonces experimentaba un ligero rechazo, no pudiendo desprenderme de ese sentimiento desagradable que siempre me sobrecogía cuando se resolvían conflictos de índole religiosa. La cuestión, por entonces, no tenía para mí otras connotaciones. En la ciudad de Jaén vivían muy pocos moros. Con el curso de los lustros se habían europeizado exteriormente, aparentando ser uno más; personalmente llegué a considerarles españoles. Lo absurdo de esta ilusión me era poco claro, ya que por aquel entonces veía en el aspecto religioso la única diferencia peculiar. Que por eso se persiguiese a los moros y moras, como creía yo, hizo que muchas veces aborreciera los comentarios desfavorables que se hacían de ellos. De la existencia de un odio sistemático contra el marroquí no tenía yo todavía ninguna idea en absoluto.
Así llegué yo a Almería. Ciertamente, ahora ya no se trataba de españoles con una creencia religiosa especial, sino de un pueblo diferente en sí, por lo que yo no podía dudar más; pues desde que me empezó a preocupar la cuestión marroquí, cambió mi primera impresión sobre Almería. Por doquier veía moros, y cuanto más los observaba, más se diferenciaban a mis ojos de las demás gentes. Sobre todo, en el centro de la ciudad y en la parte norte, se notaba la presencia de un verdadero enjambre de individuos que, por su aspecto externo, en nada se parecían a los españoles.
Fuente RTVE
Hasta aquí la cita. ¿no es para tanto, verdad? Salvo que se revele ahora que no esto no lo escribió ningún joven en redes sociales…
Pues esta reflexión no la escribió ningún joven en redes sociales. Fue escrita hace casi un siglo por una persona que cambió la historia del mundo para siempre. Se trata de dos extractos de un famoso libro publicado en 1925 por Adolf Hitler: Mein Kampf, concretamente de las páginas 38 y 41 (Hitler, 2013, pp. 38–41). Lo único que hice fue sustituir las palabras “judío”, “judaísmo” y “sionismo” por otras más actuales como “marroquí” e “islam”, además de cambiar las ciudades originales (Viena y Múnich) por Jaén y Almería.
¿Ahora qué opinas?
¿De verdad no nos damos cuenta de la deriva ideológica a la que nos están arrastrando ciertas personas y partidos? Se han quitado la careta, y están dejando claro que no son tan distintos a los nazis antisemitas que definían quién merecía vivir o ser parte del país.
Fuente RTVE
Ellos ponen los criterios, los principios y las doctrinas. Quien no piense como ellos es automáticamente un enemigo: comunista, woke, feminista, rojo… cualquier apelativo que te convierta en objetivo. Su programa se basa en el odio. En señalar a un “otro”. En fijar una diana. En pintar un punto rojo sobre la nieve, fácil de identificar para quien tiene buena vista, pero poca visión.
Esta estrategia política está de actualidad, pero también es muy antigua Por eso debe compararse con la historia. Porque siento que cada día estamos más cerca de repetirla.
Hitler, A. (2013). Mi lucha. Sigfrido Casa Editora. (Obra original publicada en 1925)
Texto original
Fue a la edad de catorce o quince años cuando tropecé a menudo con la palabra «judío», especialmente en conversaciones de tema político. Por aquel entonces, experimentaba un ligero rechazo, no pudiendo desprenderme de este sentimiento desagradable que siempre me sobrecogía cuando se resolvían conflictos de índole religioso.
La cuestión por entonces no tenía pues para mí otras connotaciones.
En la ciudad de Linz vivían muy pocos judíos. Con el curso de los siglos se • habían europeizado exteriormente, aparentando ser uno más; personalmente llegué a considerarles alemanes. Lo absurdo de esta ilusión me era poco claro, ya que por aquel entonces veía en el aspecto religioso la única diferencia peculiar. Que por eso se persiguiese a los judíos, como creía yo, hizo que muchas veces aborreciera los comentarios desfavorables que se hacían de ellos.
De la existencia de un odio sistemático contra el judío no tenía yo todavía ninguna idea en absoluto.
Así, llegué yo a Viena. Página 38
Ciertamente ahora ya no se trataba de alemanes con una creencia religiosa especial, sino de un pueblo diferente en sí, por lo que yo no podía dudar más; pues desde que me empezó a preocupar la cuestión judía, cambió mi primera impresión sobre Viena. Por doquier veía judíos, y cuanto más los observaba, más se diferenciaban a mis ojos de las demás gentes. Sobre todo en el centro de la ciudad y en la parte norte del canal del Danubio, se notaba la presencia de un verdadero enjambre de individuos que, por su aspecto externo, en nada se parecían a los alemanes.
Y si aún hubiese dudado, mi vacilación habría tenido que llegar definitivamente a su fin debido a la actitud de una parte de los judíos mismos.
Un gran movimiento surgió entre ellos, no poco extenso en Viena, que tendía a establecer claramente el carácter racial del judaísmo. Este movimiento era el sionismo.
Aparentemente sólo un grupo de judíos apoyaba tal actitud, en tanto que la mayoría la condenaba. Sin embargo, al analizar las cosas de cerca, esa apariencia se desvanecía, descubriéndose un mundo de malvados subterfugios —por no decir de mentiras— que se habían originado por razones de pura conveniencia. Los llamados «judíos liberales» rechazaban a los sionistas, no porque ellos no se sintiesen igualmente judíos, sino únicamente porque éstos hacían una pública confesión de su judaísmo, algo que ellos consideraban inconveniente y hasta peligroso. Página 41
Versión adaptada
Fue a la edad de catorce o quince años cuando tropecé a menudo con la palabra “moro”, “marroquí”, especialmente en conversaciones de tema político. Por aquel entonces, experimentaba un ligero rechazo, no pudiendo desprenderme de este sentimiento desagradable que siempre me sobrecogía cuando se resolvían conflictos de índole religioso.
La cuestión por entonces no tenía pues para mí otras connotaciones.
En la ciudad de Jaén vivían muy pocos moros. Con el curso de los lustros se habían europeizado exteriormente, aparentando ser uno más; personalmente llegué a considerarles españoles. Lo absurdo de esta ilusión me era poco clara, ya que por aquel entonces veía en el aspecto religioso la única diferencia peculiar. Que por eso se persiguiese a los moros y moras, como creía yo, hizo que muchas veces aborreciera los comentarios desfavorables que se hacían de ellos.
De la existencia de un odio sistemático contra el marroquí no tenía yo todavía ninguna idea en absoluto.
Así, llegué yo a Almería.
Ciertamente ahora ya no se trataba de españoles con una creencia religiosa especial, sino de un pueblo diferente en sí, por lo que yo no podía dudar más; pues desde que me empezó a preocupar la cuestión marroquí, cambió mi primera impresión sobre Almería. Por doquier veía moros, y cuanto más los observaba, más se diferenciaban a mis ojos de las demás gentes. Sobre todo, en el centro de la ciudad y en la parte norte de ciudad, se notaba la presencia de un verdadero enjambre de individuos que, por su aspecto externo, en nada se parecían a los españoles.
Y si aún hubiese dudado, mi vacilación habría tenido que llegar definitivamente a su fin debido a la actitud de una parte de los moros mismos.
Un gran movimiento surgió entre ellos, no poco extenso en Almería, que tendía a establecer claramente el carácter racial del islam. Este movimiento era el islamismo.
Aparentemente sólo un grupo de moros apoyaba tal actitud, en tanto que la mayoría la condenaba. Sin embargo, al analizar las cosas de cerca, esa apariencia se desvanecía, descubriéndose un mundo de malvados subterfugios —por no decir de mentiras— que se habían originado por razones de pura conveniencia. Los llamados «moros buenos» rechazaban a los islamistas, no porque ellos no se sintiesen igualmente marroquí, sino únicamente porque éstos hacían una pública confesión de su islamismo, algo que ellos consideraban inconveniente y hasta peligroso.
El 21 de Marzo se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial. Esta lucha es parte de nuestro trabajo diario durante todo el año, parte de nuestra razón de ser, de nuestra identidad. Sin embargo siempre es bueno tener un tiempo donde hacerlo aun más explícito.
Durante el mes de Marzo se han realizado muchas actividades en este sentido de las que ya hemos informado y aun nos quedan un par de actividades más que queremos presentar.
Por una lado en el Centro de Almería Capital se ha realizado una dinámica con las personas que ese día se han acercado al centro, ha consistido en poner 3 cartulinas: una blanca, una negra y otra que ponía OTROS, cada persona que llegaba tenía que clasificarse en blanca, negra o si no encajaba con ninguno de esos colores situarse en otros, al principio cada quien a dicho, yo soy blanca o yo soy negra, pero comparando su color de piel con las cartulinas han descubierto que nadie coincidía con esos colores, todas las personas que han participado, al final se han situado en OTROS, el siguiente paso ha sido reflexionar sobre lo vivido, colocar alguna frase o expresar alguna idea en un panel y hacernos todos y todas una foto con las manos juntas para descubrir que no hay dos colores de piel idénticos, por lo que el color de la piel no es algo que nos diferencie por grupos de pertenencia, si no al contrario nos hace únicos e irrepetibles, humanos todos, iguales en derechos.
Por otro lado en Roquetas de Mar llevamos a cabo un encuentro con motivo del Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial en la plaza de Andalucía de las 200 viviendas. A dicho encuentro asistieron los jóvenes del Programa JEM+18 residentes en el poniente y tuvieron la oportunidad de reflexionar sobre sus experiencias a lo largo de su proceso migratorio y sobre las ocasiones en las que han sufrido discriminación racial. También quisieron participar en la actividad algunos niños del barrio con los que reflexionamos acerca del hecho de que todas las personas somos iguales aunque exista diversidad en el color de piel.
A pesar de lo mucho que ha avanzado la sociedad, la discriminación racial sigue presente en la actualidad y es necesario generar espacios de encuentro para llamar la atención sobre este hecho y contribuir a la sensibilización social.
Los jóvenes del programa JEM+18 pertenecen al programa de Inserción Laboral y Social para Jóvenes Inmigrantes que hayan estado bajo medidas del Sistema de Protección Menores. El programa se desarrolla por Andalucía Acoge a través de su entidad Almería Acoge en la provincia de Almería. Dicho programa depende de la Consejería de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación de la Junta de Andalucía y cuenta con la financiación del Fondo Social Europeo.
Para ALMERÍA ACOGE, en cumplimiento de la más reciente normativa comunitaria, hemos actualizado nuestra política de cookies, pues, utilizamos cookies propias y de terceros tanto en nuestra página web principal y/o subdominios para analizar nuestros servicios y adaptarnos a sus necesidades y preferencias, nos permiten medir el volumen y la interacción de los usuarios en la web y nos ayudan a mejorarla, autorizándonos para analizar sus hábitos y elaborar perfiles de navegación, respetando en todo caso su privacidad. Puedes configurar las cookies o aceptarlas todas. Este banner se mantendrá activo hasta que ejecutes una de las opciones siguientes. Para más información consulta nuestra Directiva de cookies
Estrictamente necesarias (obligatorias)
Siempre activo
Resultan necesarias para el buen funcionamiento de la página web o para suministrar un servicio solicitado por el usuario respectivamente.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Analíticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos.Permiten reconocer y contabilizar el número de visitantes de nuestro sitio web, así como analizar su navegación y facilitar el uso del mismo con una mejor experiencia.
Publicitarias
Permiten gestionar de la forma más eficaz posible la oferta de los espacios publicitarios que hay en la página web, adecuando el contenido del anuncio al contenido del servicio solicitado o al uso que realice de nuestra página web.