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ENTRADA AL PARAISO

Playas de Tenerife

Playas de Tenerife

No diré mi nombre, ni mi nacionalidad, ni mi familia y los sueños que me hacen sentirme como un ser humano, los ocultaré en lo más profundo de mi mente. Ante los demás seré Mohamed X, puede que magrebí, puede que de un país del Sahel. Si me pregunta mi edad solo responderé “menor”, no importa que sea o no cierto, no importa que digan lo contrario basándose en unas pruebas poco fiables.

Hablo correctamente inglés, francés y castellano, además de mi árabe natal, pero tampoco se oirá de mis labios una palabra que no sea árabe.

Les oigo dirigirse a mí en ese suave castellano de Canarias, pero no respondo. No respondo a palabras amables, aunque vayan acompañadas de cálidas miradas en los voluntarios de la Cruz Roja o, incluso, de algún policía. No respondo a palabras frías de fórmulas administrativas y miradas indiferentes o de fastidio. No respondo a palabras de burla y ojos de prejuicio, desprecio, de odio.

No respondo aunque las entiendo muy bien, y no dejo que mis ojos reflejen agradecimiento, dolor ni indignación. Mis ojos están cubiertos por la bruma de una ignorancia tan fingida como deseada. No respondo porque mi silencio puede ser la llave de la puerta del paraíso.

Soy una sombra, he elegido disolverme en la bruma, ser un fantasma estúpido esperando que todos dejen de verme, de hablarme. Convertirme en un invisible, como esos insectos que se camuflan entre las plantas para evitar que se los coman los depredadores.

Es curioso que yo me sumerja voluntariamente en tanta oscuridad, a veces creo que me hará daño. Yo me he dedicado a ser visible, a ir delante de la gente, a conocerla por su nombre, por sus gustos, por sus caprichos y necesidades porque ese era mi trabajo: hacerme imprescindible ante mis clientes, los turistas. Yo era para ellos un ser luminoso y mágico, dotado de poder, capaz de sacarlos de sus apuros, satisfacer sus necesidades legítimas y caprichos superfluos, hasta una especie de psicólogo cuya terapia apaciguaba esa soledad profunda que busca olvido en un viaje exótico.

¿Volveré a ser ese joven ocurrente, más listo que el hambre y comunicativo? ¿Me quedaré convertido para siempre en “algo” sin valor, invisible, amorfo, un estúpido que olvidó sus esperanzas y quedó naufrago en la vida?

Sé que existen esos náufragos, muertos vivientes a los que se les borró el sueño del paraíso entre las olas del rechazo y la indiferencia. Otros tuvieron más suerte, simplemente se ahogaron en un naufragio de verdad. Al menos se fueron al fondo sin dejar de creer que mereció la pena morir en el intento.

Confiado en mi preparación decidí embarcarme hacia Europa. Conozco la historia de Ulises, el héroe griego que tenía respuestas para las situaciones más complicadas y como él me lancé al mar, yo también debía ganar la guerra a la pobreza, a la falta de futuro en que toda mi familia se había hundido cuando los turistas dejaron de llegar y mi pequeña empresa quebró.

Ahora he llegado a un puerto de Canarias, somos miles y no saldremos de aquí. No saldremos como no salen los refugiados de Lesbos. No saldremos porque Europa ha decidido convertirnos en ejemplo de que las puertas del paraíso no son tales, sino las del infierno. ¡Quédate en tu país, al menos estarás con los tuyos, y tendrás sueños porque aquí te arrebataremos toda esperanza y nuestra indiferencia acabará por borrar tus sueños, tu autoestima, tu ser! ¡No eres nada, ni nos interesas ni nos dejas de interesar, te hemos arrojado a una cueva habitada por un ogro que no se ve, pero está siempre presente, el ogro de la desesperanza! ¡Ya has jugado con nosotros bastante, dinos tu nombre, tu país y te mandaremos allá en el primer avión de repatriación, incluso te daremos unos cientos de euros para que puedas comer un tiempo, a cambio serás el ejemplo perfecto para que otros no se atrevan a pretender asaltar las puertas del paraíso, de nuestro paraíso!.

También Ulises cayó preso en una cueva con un cíclope que lo quería para devorar. Al menos el cíclope se interesaba por Ulises, aunque fuera como alimento.

Ulises tuvo suerte de tener un ogro que lo apreciaba, aunque fuera como aperitivo, un ogro humano con debilidad por la comida y el vino. Y Ulises supo aprovechar las debilidades del cíclope, aunque para ellos tuviera que disfrazarse de “Nadie”,negar su nombre, su valor, sus habilidades.

Yo juego a ser como Ulises, por eso yo soy también “Nadie”, a “Nadie” no se le puede expulsar. Todo es cuestión de tiempo y oportunidad. En algún momento el ogro tendrá una debilidad y podré escapar como hizo Ulises y navegaré hacia Itaca, hacia mi futuro. Volveré a ser hombre y recuperaré mi dignidad.

Puede que no lo consiga. Este ogro es fuerte, mucho más fuerte que el de la Odisea, porque no tiene rastro de humanidad, aunque sea perversa. Mi ogro está hecho de indiferencia burocrática sin un rasgo de piedad ni desfallecimiento, no me atrevo a pensar la inhumanidad, el egoísmo, los prejuicios, la soberbia que se escuda detrás de ella.

A veces pienso que no lo conseguiré, quedaré reducido a nada, a “Nadie” en el puerto de Arguineguín en la isla de Gran Canaria. Desapareceré entre otros miles de espectros cuyos gritos rebotan en la dura indiferencia de los habitantes del paraíso. ¿Cómo puede el paraíso estar habitado por gente sin compasión ni entrañas?

Que sea lo que Dios quiera.

En el Puerto de Arguinegín, otoño de 2020

Autor: Francisco Sanz.

TIEMPOS DIFÍCILES, TIEMPOS SOLIDARIOS

En situaciones de crisis, la solidaridad y creatividad crecen dentro de los distintos hogares, y esto es, lo que hemos podido vivenciar en nuestra Asociación, Almería Acoge.

Nuestro equipo ha aportado su grano de arroz tratando de atender a distintas familias a las que ha dotado de alimentos de primera  necesidad, además de colaborar para tratar de evitar que se  acrecentara la brecha educativa provocada por el virus, facilitando recursos académicos a los más pequeños de la casa.

A lo largo de estos meses hemos compartidos momentos duros pero  también reconfortantes, como por ejemplo la familia que nos mostraba con una gran ilusión, la receta que habían creado de pimientos rellenos de arroz, a partir de los productos que le hemos entregado, mostrando una gran creatividad y agradecimiento a partes iguales.

No podemos olvidarnos del joven Madjou Bah, confinado desde que llegó a España, y que siempre acompañado de su lápiz y goma, nos sorprende con los dibujos sobre lo que ve a su alrededor. “ Mi nombre es Madjou Bah, de Guinea Conakry, tengo diecinueve años y soy huérfano desde los tres años, mi familia no tiene casi nada”, nos comenta al hablar con él.” Fue aquí donde descubrió su habilidad, y ya desde joven tiene claras sus ideas “comencé a dibujar aquí por una simple razón, para ser un buen ingeniero o un buen arquitecto algún día, pero para eso necesito mucha ayuda para formarme y asumir la responsabilidad de mi familia” nos asegura Madjou. “Y no puedo escribir todo esto sin agradecer a la ONG CEPAIM Y ALMERÍA ACOGE, gracias a Dios, estoy bien alimentado y muy bien, y muchas gracias, gracias, gracias, gracias”, insiste en agradecernos.

Y os compartimos la Ardilla “Brisa” que Madjou Bah, nos ha diseñado como protagonista del cuento que estamos construyendo online con los niños con los que estamos trabajando.

Y por supuesto, no podemos olvidarnos de todas las familias con la que llevamos trabajando desde hace tiempo, que con ilusión nos mandan mensajes y dibujos agradeciendo el apoyo y la solidaridad mostrada, y que nos hace seguir día tras día dando lo mejor de nosotros.

Irene Manzano Barnés

Educadora Social

Trabajadora de Almería Acoge

NUDOS EN LA GARGANTA

De Marga Asensio

Esta mañana, como todas las mañanas, me tomo un café en el bar de la esquina. Me gusta sentarme y oír las noticias en la tele, mientras leo el periódico y me bebe mi café humeante. Como de costumbre, estamos los mismos clientes de todas las mañanas. A veces comentamos alguna noticia de la tele, pero solo a veces.

Esta mañana el titular ha sido “gobierno y sindicatos debaten sobre pateras”. Leer el verbo debatir me ha provocado desasosiego y, evidentemente, preocupación. No hace ni dos días que nos reuníamos en la plaza del Educador, la de la leche (la plaza Juan Casinello) un pequeño grupo de personas preocupadas por lo que está pasando en el Mediterráneo. Tumba marina para miles de personas que no llegan a las cosas del norte. Como todos los días en los que nos reunimos, se hace un nudo por cada muerto en el mar… ya son demasiados, solo uno es ya demasiado. Como todos los días que nos reunimos, se lee un manifiesto y un poema y se te encoge el alma. Como todos los días en los que nos vemos en la obligación de reunirnos, gritamos en silencio, en silencio porque cada nudo en la cuerda es un nuevo nudo en la garganta.

Durante esos encuentros, desgraciados encuentros, a veces hay gente que se nos queda mirando, se detiene, mira, y pasa de largo. Parece que quisieran encontrar algo político por si les interesa, detenerse y unirse… pero es solo la muerte de unos inmigrantes. Anónimos, sin rostro… y al pasar de largo dejan constancia del desinterés que muchos tienen por la vida humana… ¿quién les mandaría embargarse? ¡Con lo mal que estamos aquí! Parecen decir al pasar. Y a mí se me vuelve a hacer otro nudo en la garganta.

Vuelta a la realidad de la cafetería, a la noticia… resuena la palabra debatir. Me gustaría hacerles un nudo en la garganta para que dejen de hablar y pasen a actuar con humanidad.

Termino el café y salgo de la cafetería… estoy segura de que nuestros nudos en la garganta nos humanizan y me voy con la convicción de que hay que seguir trabajando por volver a una sociedad humanizada con nudos en la garganta.

Margarita Isabel Asensio Pastor, Voluntaria de Almería Acoge, forma parte de la Junta Directiva de la Asociación. Profesora UAL, Didáctica de la Lengua y la Literatura.