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NUEVO CURSO, NUEVOS MUERTOS

Hoy, nueva y trágicamente nos volvemos a reunir para darles voz a esas 15 personas que el pasado 3 de septiembre desaparecieron en el mar Mediterráneo intentando cruzar el estrecho.

Desde que empezó el nuevo año, se cifra en 174 el número de personas que han dejado su vida cerca de nuestras costas, más de 900 en el Mediterráneo. Y quizás sea mayor el número ¡cuántos habrán muerto que ni habrán sido contabilizados!

Estas personas por las que nos reunimos –las 15, las 150, las 1500…, las pobres, las que viajan en patera o cruzan un río- sufren una triple muerte: la muerte física anegadas, desaparecidas en el mar Mediterráneo, la muerte por indiferencia y la última, la muerte por olvido…. Todas ellas crueles y terribles. La primera, por lo obvio, por la no  vida; la segunda, la indiferencia que proviene de gobiernos y de civiles -de los que nacieron en el lado bueno del  mundo- y, la tercera, fruto de la indiferencia: el olvido, que nos deshumaniza.

¡Ante estas muertes nos rebelamos!

Nosotros nos rebelamos contra la indiferencia y el olvido. Nos reunimos para gritar en silencio ¡Basta ya de tanta muerte!. Para gritar en silencio que no queremos gobiernos indiferentes a la muerte de seres humanos. Gobiernos que en vez de buscar una solución a la tragedia, sólo piensan en cómo frenar lo irrefrenable, el viaje que ha acompañado al ser humano a lo largo de su historia en busca de un futuro mejor, de unas mejores condiciones de vida ¿o es que uno puede pensar que el que arriesga su vida en el mar lo hace por gusto?; recordemos que la migración ni es nueva, ni podemos verla como una amenaza, sino el instinto de supervivencia. Para gritar que tampoco queremos ser esos civiles, personas como nosotros, que miran para otro lado; esas personas que vemos pasar cerca de nosotros cada vez que nos reunimos, que leen nuestra pancarta, que quitan la mirada y que, en definitiva, pasan de largo para que la vergüenza no les toque.

Hoy nos reunimos para dar voz a todos seres humanos que están silenciados por la muerte en el mar. Hoy nos reunimos para que estas 15 personas no pasen a ser una cifra más en una estadística.

En el silencio, huiste.

En el silencio, desapareciste tú, el pobre, el ilegal, el sin rostro, el sin nombre…

En el silencio, el mar hunde las esperanzas y las ilusiones

En el silencio, el mar se traga nuestra humanidad

(Margarita Asensio)

Una vez más recurrimos a la poesía de Pilar del Río “Mi hijo muere cada tarde en el mar”.

Y juntos proclamamos nuestra denuncia y reivindicación

  • Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de esta injusticia que supone tantas muertes para llegar a Europa.
  • Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta vergüenza, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.
  • Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.
  • Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.
  • Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana y nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación.

¡No más muertes para llegar a Europa!. ¡Por un Mediterráneo solidario!

CONCENTRACIÓN POR UNA NUEVA MUERTE EN EL ESTRECHO

Unas 60 personas, nos hemos dado cita, desgraciadamente, una tarde más, tras la muerte de una mujer en las tres pateras que llegaron al puerto de Almería, el pasado 17 de Julio. A pesar de los rigores del verano y de las vacaciones nos hemos vuelto a reunir para no dejar en silencio ni en el olvido, ninguna muerte que ocurre en nuestras costas para llegar a un mundo mejor que el suyo.

Como en otras ocasiones, hemos empezado con la lectura del comunicado que luego pondremos, hemos leído la poesía de Pilar del Rio y un joven músico almeriense , Dario Rodríguez, ha interpretado al violín el Cant Dels Ocells de Pau Casals y se ha terminado con la lectura de todos los asistentes de nuestras denuncias y reivindicaciones. Cada vez se adhieren al acto más jóvenes subsaharianos recién llegados en pateras.

NO MÁS MUERTES PARA LLEGAR A EUROPA POR UN MEDITERRANEO SOLIDARIO

El pasado 17 de Julio se produjo otra nueva tragedia en el mar. Una mujer fue rescatada ya muerta, eran de origen subsahariano, 56 eran mujeres, tres menores, un bebé y el cuerpo sin vida de una mujer. Otra persona más, otra mujer más muerta, otra persona mas sin nombre, sin edad, sin país de origen. La noticia es muy escueta, reproducida en pocos medios, difícil de encontrar, si detalla los distintos medios utilizados en su búsqueda, en su rescate loable y de agradecer dichos esfuerzos. Sin embargo, nadie profundiza mas allá de lo evidente, el numero, el sexo y cuanto menores llegaron.
La mujer fallecida, se llamaba FATUMATA, tenia 26 años y era de Gambia, de un pueblo pequeño llamado Choya, de apenas 190 personas. Prácticamente todos sus habitantes forman parte de una misma familia. En la misma casa vivían ella, sus padres y sus tres hijos, su marido murió con 25 años de una enfermedad que no pudo curar. Desde su pueblo hasta las costa de Marruecos, recorrió casi 3500 km, atravesando parte de Senegal, Mauritania, El Sahara y todo Marruecos. Mas de tres meses desde que le dio el ultimo beso a su madre e hijos, los abrazó prometiendoles que pronto estarían con ella en España. Salió con el poco dinero que pudieron reunir entre los familiares mas cercanos, después en cada país tuvo que buscar cualquier trabajo para poder pagarse los transportes mas insólitos, atestados de personas e incluso con animales. Por fin, 98 días después lograba llegar a las costas de Marruecos, hasta un lugar entre Nador y Melilla, había conseguido los 1300 euros que le cobraban para subir en la patera. Esa noche anterior a su partida, lloraba pensando en sus hijos, en sus padres y también feliz porque había conseguido llegar hasta allí y mañana estaría en Europa. Eso contó después una de sus compañeras de viaje. Recién amanecido el día 16 de Julio subieron a la patera 73 ocupantes, de ellas 24 mujeres. Estuvieron casi 40 horas a la deriva, a pleno sol, sin apenas comida ni agua, Fatumata, empezó a sentirse mal, a vomitar, y acabo falleciendo apenas tres horas antes de su rescate. Sus compañeras, una de su propio pueblo, guardaron su cuerpo en la embarcación hasta que fueron rescatadas y llevadas hasta el puerto de Almeria.

Esta podría ser la historia de esta última mujer que llegó muerta a nuestra costa, pero no lo es, podría serlo, pero no la conocemos, nadie se ocupo de saber quién es, de donde venia, como vivía, nadie fue mas allá de decir que llegó muerta. No sabemos si ha sido enterrada en nuestra tierra o fue retornado su cadáver a su país, nos sabemos si sus padres, sus hermanos, saben que falleció, que no llego viva a su meta. Solo sabemos que el día 17 de julio llego a Almería una mujer subsahariana muerta en una patera. Muchos no comprenden, que hay personas de determinados países y de una condición social, llamada pobre, a los que se les pone fronteras, alambradas y murallas, mientras otras pueden viajar en avión y con pasaporte y permiso en regla solo por tener una buena posición social. Evitemos con ello, mas muertes de personas, de mujeres, como nuestra supuesta Fatumata de nuestra historia a la que le hemos intentado poner cara. Basta YA.

Para mostrar nuestra repulsa y nuestra solidaridad, una vez más recurrimos a la poesía de Pilar del Rio.

“Mi hijo muere cada tarde en el mar.
Mi hijo tiene 18 años, y 26 y 32,
tiene todas las edades en las que hay fuerza, pasión y deseos.
Mi hijo sabe que la felicidad no consiste en tener cosas,
pero sabe que hay cosas imprescindibles.
Por eso no pospone su derecho a vivir, a habitar una casa humana,
a compartir con otros que siempre son sus semejantes su historia, su tristeza y sus sueños.
Mi hijo aprendió a aprender. Mi hijo estudió, mi hijo trabajó en todos los oficios.
Mi hijo se respeta a sí mismo, respeta a su tierra, ama y es amado.
Mi hijo no nació para morir en el mar, ningún Dios lo castigó,
ninguna maldición lo obliga a ser esclavo.
A mi hijo lo mata cada tarde una forma de entender el mundo,
una manera criminal de gobernar en la que el ser humano no es lo prioritario,
porque el hombre todavía no cotiza en bolsa,
porque los expoliados y olvidados no llenan los bolsillos
de los mil veces malditos que condenan a muerte a mi hijo
y luego besan con reverencia la moneda donde invocan a un Dios.
Con esa moneda que invoca a Dios y con otras en que aparecen patrias,
los hombres que matan a mi hijo han comprado todas las perversiones
y han cometido todas las ignominias.
Mi hijo es negro, es indio, es blanco, es pobre.
El mundo es suyo, no lo parí en Marte, no nació con un destino animal porque nació humano.
Mi hijo, cuando muere cada tarde,
seguirá viniendo a esta costa de Europa y del mundo con su mirada valiente y abierta.
Mi hijo no se rinde, necesita hacernos comprender que sin él no estamos todos.
Mi hijo, cuando muere, nos deja empequeñecidos,
y él no quiere que su muerte haga desaparecer de la tierra
las palabras más hermosas y los conceptos que nos dignifican.
Mi hijo no puede seguir muriendo porque con él está muriendo nuestra civilización”.

Guardamos un minuto de silencio …………. Y juntos proclamamos nuestra denuncia y reivindicación
Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de esta injusticia que supone tantas muertes para llegar a Europa.
Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta vergüenza, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.
Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.
Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.
Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana y nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación.

No más muertes para llegar a Europa. Por un Mediterráneo solidario.

¡22 muertos por la injusticia!

Concentración en Almería, 25 de junio de 2019

Con una viñeta de Miguel Arranz golpeando el corazón y la cabeza y un escrito de Pedro Manuel de la Cruz, nos hemos vuelto a reunir para denunciar las continuas muertes en el estrecho

De nuevo la denuncia de la injusticia y la sinrazón, la defensa de la dignidad de las personas, también de nuestra propia dignidad; de nuevo la protesta ante la vergüenza reiterada de las muertes repetidas de las personas que intentan salvar su vida, nos concentra para gritar con la fuerza de la palabra y del silencio BASTA YA. Hoy recogemos el escrito de Pedro Manuel de la Cruz, el director de La Voz de Almería, el pasado jueves ante la muerte de otras 22 personas ante nuestras costas, y añadimos a nuestros símbolos habituales la viñeta que Arranz publicó ese mismo día haciendo evidente la desesperación y la muerte que inundan el Mediterráneo.

“La muerte de 22 inmigrantes en el Mar de Alborán sobresalta la redacción de LA VOZ; como otras veces, como otras tragedias, como siempre pasa, como nunca debería ocurrir. Veintidós muertes matizadas intencionadamente bajo el manto más soportable para la conciencia con la calificación oficial de “desaparecidos”. Todos saben, sabemos por experiencia, que en el mar la esperanza de encontrar al desaparecido es un mero ejercicio retórico. Nadie ha regresado nunca del fondo del mar, solo las mareas arrojan algunos cuerpos a la playa para romper la monotonía de quien contempla la permanente llegada de las olas con la misma indiferencia con que asiste al continuo oleaje de la tragedia.

Nadie derramará una lágrima, ningún informativo abrirá portada por quienes nunca podrán ya reencontrarse con el abrazo con el que fueron despedidos en una perdida aldea de África. Ninguna campana doblará por ellos, no habrá programas especiales de televisión. Nadie se acuerda de ellos cuando han muerto porque nadie se acordó de ellos cuando estaban vivos. Pasarán meses, quizá años, a lo peor toda la vida, sin que aquellos que los despidieron en un amanecer de esperanza y miedo sean conscientes de que aquel beso fue el último, de que aquella mirada fue la última, de que el espanto por la muerte presentida fue el último sentimiento con que miraron a la vida.

El mar de Alborán guarda para la eternidad 22 paisajes irrepetibles. Pero lo que también espanta de este espanto es pensar los telediarios que habrían abierto, los minutos de televisión que habrían ocupado, los sentimientos que se hubieran despertado si, en vez de ser veintidós almas desesperadas en busca de futuro a bordo de una patera homicida, hubiesen sido veintidós turistas disfrutando del presente en el solárium acomodado de la proa de un yate a solo 90 millas de la costa almeriense. Noventa millas, tan cerca y tan lejos como la distancia emocional con que contemplamos la intencionadamente matizada “desaparición” de 22 inmigrantes ateridos por la gelidez del pánico, de la muerte de un veraneante, uno solo, a bordo de una lancha motora en una tarde de vino y rosas.

Que la obscena insensibilidad no haga olvidar ni las anteriores ni esta nueva ola de muertes en el mar. Yo no lo haré. Quizá porque nunca olvido que soy hijo y nieto de emigrantes”.

Una vez más recurrimos a la poesía de Pilar del Rio, Mi hijo muere cada tarde en el mar…

“Mi hijo muere cada tarde en el mar.
Mi hijo tiene 18 años, y 26 y 32,
tiene todas las edades en las que hay fuerza, pasión y deseos.
Mi hijo sabe que la felicidad no consiste en tener cosas,
pero sabe que hay cosas imprescindibles.
Por eso no pospone su derecho a vivir, a habitar una casa humana,
a compartir con otros que siempre son sus semejantes
su historia, su tristeza y sus sueños.
Mi hijo aprendió a aprender.
Mi hijo estudió, mi hijo trabajó en todos los oficios.
Mi hijo se respeta a sí mismo, respeta a su tierra, ama y es amado.
Mi hijo no nació para morir en el mar, ningún Dios lo castigó,
ninguna maldición lo obliga a ser esclavo.
A mi hijo lo mata cada tarde una forma de entender el mundo,
una manera criminal de gobernar en la que el ser humano no es lo prioritario,
porque el hombre todavía no cotiza en bolsa,
porque los expoliados y olvidados no llenan los bolsillos
de los mil veces malditos que condenan a muerte a mi hijo
y luego besan con reverencia la moneda donde invocan a un Dios.
Con esa moneda que invoca a Dios y con otras en que aparecen patrias,
los hombres que matan a mi hijo han comprado todas las perversiones
y han cometido todas las ignominias.
Mi hijo es negro, es indio, es blanco, es pobre.
El mundo es suyo, no lo parí en Marte,
no nació con un destino animal porque nació humano.
Mi hijo, cuando muere cada tarde,
seguirá viniendo a esta costa de Europa y del mundo con su mirada valiente y abierta.
Mi hijo no se rinde,
necesita hacernos comprender que sin él no estamos todos.
Mi hijo, cuando muere, nos deja empequeñecidos,
y él no quiere que su muerte
haga desaparecer de la tierra las palabras más hermosas
y los conceptos que nos dignifican.
Mi hijo no puede seguir muriendo
porque con él está muriendo nuestra civilización”.

Guardamos un minuto de silencio… Y juntos proclamamos nuestra denuncia y reivindicación

– Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de esta injusticia que supone tantas muertes para llegar a Europa.
– Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta vergüenza, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.
– Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.
– Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.
– Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana y nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación.

No más muertes para llegar a Europa. Por un Mediterráneo solidario.

3 NUEVAS MUERTES EN EL ESTRECHO

Ya son TRES LOS INMIGRANTES MUERTOS de una patera rescatada el miércoles. Dos varones ingresados en la UCI del Hospital Universitario de Torrecárdenas de Almería tras ser rescatados el miércoles de una patera a la deriva en el mar de Alborán han muerto, por lo que se elevan a tres las personas fallecidas a CAUSA DE LAS INCLEMENCIAS DE LA TRAVESÍA.

Así arrancaban los titulares y las noticias la semana pasada, como si las tres muertes fueran fruto del destino, de la fatalidad del tiempo, de no escoger el mejor día para realizar la travesía.

NADA de las motivaciones y de las condiciones socioeconómicas injustas, nada de las crisis ambientales y guerras que los empujan y nada de las políticas de la fortaleza europea que los niega o rechaza.

NINGUNO de los rostros e historias personales, ninguna familia que los llora, ningún amigo que lo echará definitivamente de menos.

NO, NO es una jugada del destino, ni una cruel fatalidad, ni una errónea decisión personal….

Mientras se acojan estos discursos “circunstanciales e indolentes”, se difunda esa imagen “falseada y descarnada”, se aliente determinadas ideologías “supremacistas y racistas” que pongan vendas en los ojos a los ciudadanos del norte y culpabilice a las personas migrantes. NO, NO habrá solución.

Mientras se criminalice y persiga la solidaridad como a la capitana alemana Pia Klemp, se recorten derechos y presupuestos para las políticas sociales y de integración, se mire hacia otro lado y se reduzca la ayuda hacia refugiados y asilados. NO, NO habrá solución.

El 4 de diciembre de 2000, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la resolución 55/76 en la que declaraba el 20 de junio DÍA MUNDIAL DE LAS PERSONAS REFUGIADAS, haciéndolo coincidir con el Aniversario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951. En la actualidad, más de 68 millones de personas en todo el mundo son refugiados o desplazados internos como consecuencia de los conflictos o la persecución. Esto equivale a la población del 20º país más grande del mundo. El año pasado, cada dos segundos se produjo el desplazamiento de una persona. La mayoría de los desplazamientos ocurrieron en los países más pobres.

Los DERECHOS CONTENIDOS EN LA CONVENCIÓN DE 1951 INCLUYEN: El derecho a no ser expulsado, excepto bajo ciertas condiciones estrictamente definidas; El derecho a no ser castigado por entrada ilegal en el territorio de un Estado contratante; El derecho al empleo remunerado; El derecho a la vivienda; El derecho a la educación pública; El derecho a la asistencia pública; El derecho a la libertad de religión; El derecho al acceso a los tribunales; El derecho a la libertad de circulación dentro del territorio; El derecho a emitir documentos de identidad y de viaje.

En el Día Mundial de los Refugiados, se conmemora su fuerza, valor y perseverancia. Esta celebración nos brinda la oportunidad de MOSTRAR NUESTRO APOYO A LAS FAMILIAS QUE SE HAN VISTO OBLIGADAS A HUIR

¡BASTA YA! ¡NO MÁS MUERTES EN EL ESTRECHO! ¡POR UN ESTRECHO DE VIDA Y ESPERANZA! ¡POR UN MAR SOLIDARIO Y ACOGEDOR!

Hemos leido la Poesía de Pilar del Rio y nuestras reivindicaciones:
“Mi hijo muere cada tarde en el mar.
Mi hijo tiene 18 años, y 26 y 32,
tiene todas las edades en las que hay fuerza, pasión y deseos.
Mi hijo sabe que la felicidad no consiste en tener cosas,
pero sabe que hay cosas imprescindibles.
Por eso no pospone su derecho a vivir, a habitar una casa humana,
a compartir con otros que siempre son sus semejantes
su historia, su tristeza y sus sueños.
Mi hijo aprendió a aprender.
Mi hijo estudió, mi hijo trabajó en todos los oficios.
Mi hijo se respeta a sí mismo, respeta a su tierra, ama y es amado.
Mi hijo no nació para morir en el mar, ningún Dios lo castigó,
ninguna maldición lo obliga a ser esclavo.
A mi hijo lo mata cada tarde una forma de entender el mundo,
una manera criminal de gobernar en la que el ser humano no es lo prioritario,
porque el hombre todavía no cotiza en bolsa,
porque los expoliados y olvidados no llenan los bolsillos
de los mil veces malditos que condenan a muerte a mi hijo
y luego besan con reverencia la moneda donde invocan a un Dios.
Con esa moneda que invoca a Dios y con otras en que aparecen patrias,
los hombres que matan a mi hijo han comprado todas las perversiones
y han cometido todas las ignominias.
Mi hijo es negro, es indio, es blanco, es pobre.
El mundo es suyo, no lo parí en Marte,
no nació con un destino animal porque nació humano.
Mi hijo, cuando muere cada tarde,
seguirá viniendo a esta costa de Europa y del mundo con su mirada valiente y abierta.
Mi hijo no se rinde,
necesita hacernos comprender que sin él no estamos todos.
Mi hijo, cuando muere, nos deja empequeñecidos,
y él no quiere que su muerte
haga desaparecer de la tierra las palabras más hermosas
y los conceptos que nos dignifican.
Mi hijo no puede seguir muriendo
porque con él está muriendo nuestra civilización”.
Guardamos un minuto de silencio… Y juntos proclamamos nuestra denuncia y reivindicación
– Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de esta injusticia que supone tantas muertes para llegar a Europa.
– Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta vergüenza, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.
– Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.
– Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.
– Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana y nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación.

¡No más muertes para llegar a Europa. Por un Mediterráneo solidario!

CONCENTRACIONES POR LAS MUERTES EN EL ESTRECHO

En apenas 9 días nos hemos concentrado dos veces para la pérdida de nuevas vidas en el Estrecho, nuevos lazos que se suman a una cuerda que cuenta con más de 130 sólo en lo que va de año, una cuerda que no para de recordarnos la muerte de personas cercanas.

Os ponemos los manifiestos que se leyeron en las dos concentraciones.

Manifiesto de la concentración del 22 de Mayo:

El jueves pasado cuatro nuevas vidas se perdían en los brazos del mar, a escasos metros de las costas de Canarias. Una de esas vidas sólo contaba un año y medio y desapareció de la espalda de su madre cuando ella intentaba alcanzar la playa. Lo demás, lo habitual, el cuerpo de mujeres, de hombres, de ese niño, es encontrado flotando en el agua días después.
No sabemos tu nombre, pero no importas. Sobras. No importáis, ni tu ni las otras 133 personas que este año ya se han ahogado o han desaparecido en este mar de muerte en que hemos convertido nuestras costas. No importáis, ni tu ni otros niños muertos en cárceles de México o de Estados Unidos también por tratar de llegar a un mundo donde se come todos los días.
Los de arriba del mapa estamos preocupados porque nos dicen que fuisteis 50.000 los que llegasteis vivos el año pasado, y eso nos preocupa bastante más que los 85.000 niños muertos de hambre sólo en Yemen en ese mismo año. Los de arriba del mapa estamos preocupados por poner puertas al campo, por frenar la huida desesperada de tantas personas que en realidad no nos importan. En realidad, sobran, al menos para la mayoría de los que desde este lado ven pasar, flotar, los muertos y solo se preocupan por su triste seguridad, por su tajada en el plato robado, ni tan siquiera molestos por hacer de sepultureros de la mayor parte del mundo.
Importas para tu madre, que seguirá, Dios sabe por cuánto tiempo, sintiendo tu peso en la espalda y en el corazón; importas para los que hoy estamos aquí, intentando defender nuestra dignidad individual y colectiva a pesar de estos tiempos de egoísmo y alambradas, que es lo mismo. Importáis a unas pocas personas que en vuestras muertes cotidianas vemos cómo nos roban, poco a poco, nuestras propias vidas. Importáis para quienes seremos también apartados poco a poco por gritar, asqueados, que esas políticas no nos representan, que esos intereses económicos, comerciales, terminarán arrinconando también a todos los que protestan, las que luchan, los que no se rinden.
Mujeres supervivientes en un mundo demasiado macho, hombres solidarios, niñas vulnerables de barrios vulnerables, personas que no cuentan ni en el censo electoral, inmigrantes, jubilados, personas excluidas de un sistema tan inhumano que no se duele cuando un hombre cae ahogado, cuando una mujer desaparece en el agua, cuando a un niño de un año y medio no le damos tiempo ni de morir de hambre.
Malditos, malditos sean de Dios y de la historia quienes no luchan contra tanta injusticia, quienes no se estremecen ante tanta muerte.

Manifiesto de la concentración del 13 de Mayo:

Los brazos en cruz, el rostro buscando el cielo, la ropa y los zapatos aún en su sitio.Sobre el cuerpo de hombre joven, algas y arena. Descansa en el suelo soñado, ya para siempre. Sin futuro. Sin gloria.”
No, esta no es la descripción del muchacho de 16 años que apareció en la playa de Cádiz el viernes pasado. Es la descripción de la foto del primer inmigrante ahogado que fue recogido en una playa española hace ya 30 años, en 1988, cuando intentaba alcanzar el sueño de escapar de la miseria. Fue el primero en esta macabra lista que sumó otro hombre, otra mujer y otro menor la semana pasada. Sin que nadie parezca preocupado por acabar con la vergüenza y el espanto. Los simbolizamos con tres nuevos lazos en esta cuerda de la memoria.
Después de tanta muerte repetida, no nos cansamos de denunciar, de repudiar esta realidad, no estamos cansados, pero si estamos hartos. Hartos de que se siga dejando que la historia se repita y siempre paguen los mismos. Hartos de las declaraciones de responsables públicos que repiten una y otra vez la necesidad de frenar esta sangría humana sin poner ningún medio para que sea verdad. Hartos de escuchar la indigna postura de quienes, encima, culpabilizan a las víctimas y hablan de levantar muros porque no tienen bastante con las alambradas y las concertinas.
Los gobiernos van cambiando, pero la arbitrariedad y el parcheo se mantienen. Un derecho humano y una necesidad como la emigración siguen manchados de muerte. Es hora de recordar a quienes hemos encargado de la gestión pública, que cada nueva muerte no es sino la demostración de su falta de interés o de su incompetencia. O no son capaces de solucionarlo o no es un elemento central para la gestión política. Mirar hacia el cumplimiento o no de los acuerdos de control de migraciones con Marruecos, hablar de relajación de vigilancia por el Ramadám, es, ciertamente, mirar para otro lado. Achacar las muertes al buen tiempo es aceptarlas como naturales e irremediables. Cualquiera de las dos posturas es una aberración inadmisible que añade aún más indignación, si cabe, a quienes no entendemos de excusas cuando se trata de la vida de personas, de hombres, mujeres, niños, migrantes económicos, refugiados, víctimas de trata… personas que
merecen toda la atención y todos los medios para respetar sus derechos y su dignidad.
En ambos casos hemos terminado con la Poesía de Pilar del Rio y la lectura de nuestras reivindicaciones:
“Mi hijo muere cada tarde en el mar.
Mi hijo tiene 18 años, y 26 y 32,
tiene todas las edades en las que hay fuerza, pasión y deseos.
Mi hijo sabe que la felicidad no consiste en tener cosas,
pero sabe que hay cosas imprescindibles.
Por eso no pospone su derecho a vivir, a habitar una casa humana,
a compartir con otros que siempre son sus semejantes
su historia, su tristeza y sus sueños.
Mi hijo aprendió a aprender.
Mi hijo estudió, mi hijo trabajó en todos los oficios.
Mi hijo se respeta a sí mismo, respeta a su tierra, ama y es amado.
Mi hijo no nació para morir en el mar, ningún Dios lo castigó,
ninguna maldición lo obliga a ser esclavo.
A mi hijo lo mata cada tarde una forma de entender el mundo,
una manera criminal de gobernar en la que el ser humano no es lo prioritario,
porque el hombre todavía no cotiza en bolsa,
porque los expoliados y olvidados no llenan los bolsillos
de los mil veces malditos que condenan a muerte a mi hijo
y luego besan con reverencia la moneda donde invocan a un Dios.
Con esa moneda que invoca a Dios y con otras en que aparecen patrias,
los hombres que matan a mi hijo han comprado todas las perversiones
y han cometido todas las ignominias.
Mi hijo es negro, es indio, es blanco, es pobre.
El mundo es suyo, no lo parí en Marte,
no nació con un destino animal porque nació humano.
Mi hijo, cuando muere cada tarde,
seguirá viniendo a esta costa de Europa y del mundo con su mirada valiente y abierta.
Mi hijo no se rinde,
necesita hacernos comprender que sin él no estamos todos.
Mi hijo, cuando muere, nos deja empequeñecidos,
y él no quiere que su muerte
haga desaparecer de la tierra las palabras más hermosas
y los conceptos que nos dignifican.
Mi hijo no puede seguir muriendo
porque con él está muriendo nuestra civilización”.
Guardamos un minuto de silencio… Y juntos proclamamos nuestra denuncia y reivindicación
– Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de esta injusticia que supone tantas muertes para llegar a Europa.
– Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta vergüenza, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.
– Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.
– Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.
– Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana y nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación.

¡No más muertes para llegar a Europa. Por un Mediterráneo solidario!

MUERTES EN EL ESTRECHO: ¡104 ESTE AÑO!

Mi hijo se llama Antonio, mi hija se llama Maria, mi hijo se llama Enrique… Mi hijo muere todos los días en el mar al intentar alcanzar una vida mejor… en las tierras africanas… ¿Qué diría, qué haría Europa, los cultos europeos, la cuna de los derechos humanos, de las libertades, si la poesía de Pilar del Río reflejase la tragedia de miles de hombres y mujeres tratando de llegar al continente africano para trabajar, para vivir mejor?

Esto, que hoy nos parece absolutamente irreal y fuera de lugar, ocurría frecuentemente en épocas pasadas. Numerosas personas se concentraban en nuestras costas, en las playas de Cabo de Gata, para buscar una nueva vida… en el norte de África, huyendo de las persecuciones, de la presión que sufrían en los pueblos almerienses. Podemos imaginarlos. Hacinados en campamentos improvisados, sin agua, sin comida, siendo atacados y asediados por ladrones, bandidos e incluso por los vecinos de los pueblos cercanos. En condiciones lamentables, con las escasas pertenencias que habían podido salvar de sus casas y conservar durante el camino esperaban la llegada de barcos piratas y corsarios, las mafias de la época, para que los trasladasen hasta allende. Piratas que, en ocasiones, no dudaban en venderlos como esclavos si no tenían cómo cobrarles.

Siglos después se concretaron y definieron los derechos humanos en una Europa culta, ilustrada: derecho a la vida, a una vida digna, a un trabajo remunerado y legal. En definitiva, la ley del más fuerte se trocaba en la defensa de los más débiles.

Sorprende que, después de varios siglos de un lento y progresivo afianzamiento de la defensa de los derechos humanos, desde hace algunas décadas se abran paso cada vez más situaciones de injusticia, de abandono, de desamparo… de un regreso a la aplicación de la ley del más fuerte, de las mafias que trafican con seres humanos.

Por eso, una vez más nos concentramos para honrar los cuerpos rescatados, las vidas sesgadas. Nos convocamos para denunciar que otras 48 personas muertas se suman al centenar que conocemos en este año, representadas en los nudos de la vergüenza de la cuerda. Otro medio centenar que se añade a los miles de desaparecidos en la vergonzosa fosa común del Mediterráneo.

Desde hace varios años denunciamos cada desaparición, cada naufragio, recordamos e intentamos ponerles nombre, incluso rostro, a quienes mueren tratando de alcanzar nuestras costas en busca de un futuro mejor. Pero, en esta ocasión también denunciamos la ausencia de noticias: ¿cuántas semanas hace que los medios de comunicación no reflejan ningún hecho relativo a las migraciones? ¿por cuántos periódicos tenemos que rastrear para encontrar algún dato? El “apagón informativo” hace que los muertos en el Mediterráneo desaparezcan de doble manera: primero físicamente, en la profundidad de las aguas; después, en nuestras conciencias. Pero, sobre todo, que no estén en nuestra vida cotidiana.

Nos concentramos una vez más para no ser cómplices de la muerte, de la ocultación, del olvido. Para poner rostro humano a los sistemas económicos y políticos que condenan a muerte a las tres cuartas partes de la humanidad, mientras engañan al resto con falsas seguridades y aparente bienestar.

Una vez más recurrimos a la poesía de Pilar del Rio, Mi hijo muere cada tarde en el mar…

Mi hijo muere cada tarde en el mar.
Mi hijo tiene 18 años, y 26 y 32,
tiene todas las edades en las que hay fuerza, pasión y deseos.
Mi hijo sabe que la felicidad no consiste en tener cosas,

pero sabe que hay cosas imprescindibles.
Por eso no pospone su derecho a vivir, a habitar una casa humana,
a compartir con otros que siempre son sus semejantes

su historia, su tristeza y sus sueños.

Mi hijo aprendió a aprender.
Mi hijo estudió, mi hijo trabajó en todos los oficios.
Mi hijo se respeta a sí mismo, respeta a su tierra, ama y es amado.
Mi hijo no nació para morir en el mar, ningún Dios lo castigó,
ninguna maldición lo obliga a ser esclavo.
A mi hijo lo mata cada tarde una forma de entender el mundo,

una manera criminal de gobernar en la que el ser humano no es lo prioritario,

porque el hombre todavía no cotiza en bolsa,
porque los expoliados y olvidados no llenan los bolsillos

de los mil veces malditos que condenan a muerte a mi hijo

y luego besan con reverencia la moneda donde invocan a un Dios.
Con esa moneda que invoca a Dios y con otras en que aparecen patrias,
los hombres que matan a mi hijo han comprado todas las perversiones

y han cometido todas las ignominias.
Mi hijo es negro, es indio, es blanco, es pobre.
El mundo es suyo, no lo parí en Marte,
no nació con un destino animal porque nació humano.

Mi hijo, cuando muere cada tarde,

seguirá viniendo a esta costa de Europa y del mundo con su mirada valiente y abierta.
Mi hijo no se rinde,

necesita hacernos comprender que sin él no estamos todos.
Mi hijo, cuando muere, nos deja empequeñecidos,
y él no quiere que su muerte

haga desaparecer de la tierra las palabras más hermosas

y los conceptos que nos dignifican.
Mi hijo no puede seguir muriendo

porque con él está muriendo nuestra civilización”.

Guardamos un minuto de silencio… Y juntos proclamamos nuestra denuncia y reivindicación

  • Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de esta injusticia que supone tantas muertes para llegar a Europa.

  • Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta vergüenza, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.

  • Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.

  • Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.

  • Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana y nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación.

No más muertes para llegar a Europa. Por un Mediterráneo solidario.

¡53 NUEVOS MUERTOS!

El sábado pasado conocimos que otras 53 personas murieron en el mar de Alborán. Buscaban un sueño, el mismo sueño que nos ha movido desde siempre, a todos, el sueño, el deseo de vivir, de progresar, comer, amar, ser felices, salvar a sus hijos, alimentar a sus padres. Hoy están muertos, desaparecidos, olvidados, anegados de agua y sal.

Vienen del odio, son fruto del odio; son fruto de esa corriente de odio, de intransigencia, de despreocupación, de profundo egoísmo que invade Europa y España. Son fruto del egoísmo violento que grita “nosotros primero”. Son fruto de la violencia de unos países expoliados, de los intereses económicos, estratégicos y políticos que condenan a millones de personas al hambre, la opresión y la injusticia. Vienen del odio, de la injusticia, del egoísmo disfrazado de patrias, de banderas, de un “nosotros” consagrado con la sangre de los otros, con la pobreza de los otros, con el sufrimiento, con el miedo, con la muerte de los otros. Ya hasta nos asusta que se sepa el número de los que huyen, procuramos ocultar el número de los que mueren, procuramos esconder los rostros, los nombres, el recuerdo, la vida de tantas personas que, simplemente, no cuentan.

Nosotros seguiremos reivindicando su memoria y nuestra propia dignidad, haciéndolos presentes y manifestando nuestra solidaridad.

Nuestra compañera Margarita Asensio nos recuerda con una poesia que son 53 MUERTES:
53 desaparecidos en el mar,
en la oscuridad de la noche,
en la clandestinidad propia del pobre.
53 personas como tú y como yo,
53 familias sin noticias,
53 ausencias, 53.
53 personas como tú y como yo.
con 53 ansias de futuro,
con 53 ganas de vivir, 53.
Cantamos la canción «Por detrás de mi voz. Desaparecidos», (Mario Benedetti – Daniel Viglieti) y la poesía de Pilar del Rio. Finalmente leimos entre todos la reivindicación que hacemos:
– Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de esta injusticia que supone tantas
muertes para llegar a Europa.
– Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta vergüenza, y
garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.
– Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a
dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.
– Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para
identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.
– Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana y nuestras
administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación.
No más muertes para llegar a Europa. Por un Mediterráneo solidario.

UN AÑO LLENO DE NUDOS EN LA GARGANTA

En esta ocasión nuestra amiga y compañera Marga Asensio puso letra y voz a los nudos que se nos hacen en la garganta después de un año de trágico record de muertes en el Mediterráneo más cercano. Aquí os dejamos el manifiesto que se leyó:

15 personas muertas, 12 desaparecidas; hombres jóvenes, mujeres, embarazadas, niños… 27 nuevas vidas se perdieron la semana pasada en el mar de la injusticia y la sinrazón. 27 nuevos nudos en la cuerda que suma en este año 354. Son 27 nuevos nudos en la garganta de quienes mostramos nuestra repulsa y nuestra solidaridad, nuestra vergüenza y nuestra indignación.

¿Feliz Navidad? (Margarita I. Asensio Pastor)

El día 20 de diciembre nos comunican otro desastre humanitario. Lo cierto es que no es algo excepcional porque esto también pasó hace poco. En realidad, a lo largo de todo el año, lleva pasando que personas no lleguen a un trozo de tierra firme y seguro. Lo excepcional del día es que han pasado casi desapercibidos, puesto que los políticos e independentismos copan los noticieros e incendian las redes sociales… Lógico -para algunos, lo de la llegada de inmigrantes no es nada nuevo y que mueran unos cuantos, por desgracia, tampoco.

Sin embargo, no es nuestro caso. En particular, se me ha hecho otro nudo en la garganta, en realidad, 15 nudos en la garganta de quien ha muerto, 12 por los desaparecidos… 27 vidas truncadas en un afán por salir de situaciones de pubertad, de ausencia de futuro -en el mejor de los casos- porque está quien intenta salir de la violencia, las violaciones, el terrorismo…

27 vidas con 27 nombres e historias.  En general, hay parte de la sociedad anestesiada incapaz de poner cara a estos inmigrantes. Es más, hay quien ve esta noticia y seguramente ni se interrogue por sus vidas… ¿tendrían familia? ¿y amigos? ¿qué pasaba en su país para querer arriesgar sus vidas y, todavía peor, la de sus hijos?… a veces escuchas un ¡pobres!, pero a los pocos segundos muchos de esos son a los que luego les oyes un “nos roban el trabajo” (por decir una de las perlas preferidas y menos grave de esta gente) … Sin embargo, esas 27 vidas son las vidas de 27 nudos en mi garganta y más en estas fechas tan señaladas para tantos en las que nos reunimos con nuestras familias y extrañamos a quien ya nunca más volverá. Se me vuelve a hacer otro nudo en la garganta pensando en esto porque de muchos de estos 27 nudos en mi garganta, hay muchos que ni sus familias saben qué ha pasado con ellos y que están esperando que de un momento a otro les llamen para decirles que llegaron… pero ese momento no llega.

Pienso en estos 27 nudos en la garganta. Por ejemplo, pienso en M. que no tenía más de 30 años. Todos sus familiares reunieron el dinero para que pudiera embarcar en esa lancha. En M. estaba el coraje de la juventud y la esperanza de un futuro mejor y este coraje y esperanza eran mayores que el miedo a que pasara algo esa madrugada. M. pensaba en su bebé, soñaba con poder darle una vida que ella no pudo tener. Una vida en paz, poder estudiar, poder pensar en el futuro… M. y su bebé llegaron a la costa de España. Allí murieron.

H. tiene 16 años y proviene de una aldea perdida de la que se escapó siguiendo a su hermano mayor, que recién ha cumplido los 20 años. Sus padres dormían cuando pasó. Ahora están a punto de embarcar, no piensan en que les pueda pasar algo, aunque son conscientes de que es un viaje peligroso. Ya han oído historias de otros compatriotas, pero no tienen miedo. Mejor eso que no tener futuro y estar muerto en vida. Fantasean con su llegada, ir a Madrid y ver el campo del Real Madrid y también el del Barça, piensan que le podrán dar una buena vejez a sus padres… En la diminuta embarcación neumática todos han perdido las fuerzas, no llevan suficiente comida y están tardando más de lo que les dijeron… S., el hermano de H., se ha caído al mar… H. lo mira como intentando rescatarlo con sus vidriosos ojos, pero lo único que ve es cómo S. se hunde… nadie puede hacer nada. Después de semanas, el cuerpo de S. no ha aparecido y H. no puede dormir por las noches pensando que él también tenía que haberse muerto.

R. está desorientado. En mitad de la noche lo ha despertado su madre. R. ha aprendido a no llorar, nunca lo hace. Con su medio palmo del suelo es ya casi un hombrecito, pero ahora está desorientado, está parado en mitad de un grupo de personas. No alcanza a ver a su madre. Le asoman unas lágrimas. Por fortuna, una mano fuerte lo coge, “¡por fin! mamá”. Y su madre se lo sube a la espalda y lo anuda bien fuerte. R. se siente ya seguro. A R. es fácil hacerle sonreír. Está sentado al lado de T., otro niño como él… Empieza a hacer frío, mucho frío y R. y T. se abrazan a sus madres. R. muere antes deshidratado e hipotérmico, luego le sigue T. Sus madres los sostienen en sus regazos, impotentes les intentan dar calor… lloran en silencio mientras ven cómo sus cuerpecitos se hunden en esa masa oscura y líquida.

En estas fechas de amor, paz, reflexión… de tantas promesas que nos hacemos para el año nuevo… solo puedo pedir que esto no nos sea indiferente, que salgamos a decir, en nuestro silencio bien alto, que nos importa la vida humana y sí, que se nos hace un nudo en la garganta, en el corazón cuando estas cosas pasan, que podríamos ser cualquiera de los que estamos aquí, que todo esto es una sinrazón. Los políticos no están dando la cara, no están haciendo nada ante esta dura realidad o, mejor dicho, están dejando que sea más macabra amparada por un grupo social que ve a otro humano como una amenaza… ¡Cuánta deshumanización estamos experimentando! ¡Cuánta falta de empatía!… mientras pasa esto, nosotros estamos aquí, resistiendo, porque para los que estamos aquí en silencio, la vida de cualquier persona es valiosa, porque queremos prestarles nuestras voces y nuestras manos a quien ya no tiene porque murió o porque la tragedia le puede…

Una vez más manifestamos que no queremos ser cómplices de estas nuevas muertes, rescatamos nuestra dignidad con esta protesta, y nos solidarizamos con los muertos y sus familias guardando un minuto de silencio.

Y de nuevo gritamos nuestra indignación haciendo nuestras las palabras de Pilar del Río. Y reiteramos nuestra reivindicación leyendo juntos:

– Ante los reiterados naufragios que provocan tantas muertes para llegar a Europa, mostramos nuestra más absoluta
indignación por la continua repetición de esta injusticia.

– Visto que el control de fronteras sirve, fundamentalmente, para que sigan muriendo personas, exigimos que se tomen
medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta vergüenza, y garantizar la seguridad de las
personas que se ven obligadas a migrar.

– Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a dejar
sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.

– Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para identificarlas y
comunicar la desgracia a sus familiares.

– Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana y nuestras administraciones
no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación.

No más muertes para llegar a Europa. Por un Mediterráneo solidario.

EL SUFRIMIENTO DE LOS VULNERABLES

En estos días donde muchos vivimos unas fiestas felices, rodeados de nuestras familias y seres queridos, otros sufren la separación y la pérdida, ya sea de personas, que es la pérdida más grave o de lo poco que tienen. Una expresión muy utilizada es aquella de que la desgracia siempre se ceba  con los más pobres, las usamos como si hubiera algo de suerte o azar. No es cierto, los más vulnerables están más expuestos a las desgracias. Pero si además de ser vulnerables, pobres, son inmigrantes y encima no tienen papeles, junto con su desgracia está la apatía y el ocultamiento por parte de las administraciones, en realidad por parte de casi todos. Una semana terrible, por un lado un incendio que ha dejado sin absolutamente nada a 60 personas y por otro lado y por otro al menos 25 muertos más confirmados en estos momentos y dos pateras desaparecidas.

25 muertos que se unen a un año macabro en cuanto a las muertes en el estrecho, donde ninguna administración se pronuncia sobre este tema y los que se pronuncian los tienen claro: «Que no vengan». La sociedad está perdiendo la empatía, ponerse en la piel del otro, pensar en la situación que tiene que estar uno para decidirse a jugarse la vida de esa manera en un viaje terrible.

Además, como ya indicamos en Facebook, se ha producido un incendio en un asentamiento en Los Nietos en el término municipal de Nijar. Más de 500 personas viven de forma precaria, en chabolas con unas condiciones ínfimas, rodeadas de basura que no se recoge ni tienen contenedores donde echarla. Carecen de servicios básicos. No hay suministro eléctrico y carecen de agua potable. Los residentes del lugar transportan agua desde lejos. Este asentamiento no dispone ni de aseos ni duchas, con el consiguiente riesgo de salubridad para la comunidad. Cuando tienen la oportunidad de trasladarse, los residentes acuden al Centro Diurno de Almería Acoge y Fundación Cepaim en Balsa Seca (San Isidro) para poder satisfacer sus necesidades de higiene de manera adecuada.

En estas condiciones la madrugada del martes 18 de diciembre se produce un fuerte incendio sobre las 03:00 horas de la madrugada. El incendio comienza en una chabola, la persona que estaba en el interior está herido muy grave, de forma rápida el fuego se propaga a otras chabolas, afectando alrededor de una veintena. Además del operativo normal en estas situaciones,  Guardia Civil, Policía Local, Bomberos y Equipo sanitario, se suman al lugar algunos miembros del ayuntamiento y diferentes entidades sociales, entre otras Almería Acoge y Fundación Cepaim. El incendio afecta de manera directa a 20 chabolas y a alrededor de 60 personas con un herido grave. Estás 60 personas lo han perdido todo. Con gran esfuerzo por parte de los trabajadores y trabajadoras, así como de voluntariado, se ofrece un un kit de pernocta y mantas y comida que proporciona Fundación Cepaim, Almería Acoge, Médicos del Mundo y las Hermanas Mercedarias. Esto les puede paliar la situación durante unos días, pero nada más, las administraciones no están dando ninguna respuesta, no siquiera hay habilitado un plan de emergencia para estas situaciones, hay mucha improvisación.

NO MÁS MUERTES EN EL ESTRECHO

De nuevo nos congrega la muerte, 46 nuevas víctimas de la incompetencia, el egoismo y la sinrazón, suman ya más de 700 a la macabra lista de nuestra deuda acumulada solo en este año. Nos congregan mujeres, hombres, niños y hasta los que aún no han nacido y ya acompañan la muerte de su madre desde sus entrañas.

Cada vez es menos posible esconderse, no podemos volver la cara, porque por todas partes nos envuelve la muerte, el dolor, los desaparecidos. Nos rodea un mar lleno de muerte y no podemos volver la cara.

Nos rodea una tierra llena de oprobio, de latrocinio, de sufrimiento otra vez. Una tierra expoliada, violentada, una tierra en guerra, una tierra en pobreza extrema nos rodea y no podemos ignorarla. Nos rodea una tierra de muerte dela que huyen miles, millones de cuerpos doloridos, con hambre atrasada de pan, de justicia, de libertad; de tranquilidad que permita vivir con la familia, con los hijos, con el amor, con el trabajo y la amistad. Nos rodea una tierra expoliada y hambrienta, y un mar que nuestras leyes, nuestra codicia y nuestro egoismo han convertido en trampa y tumba.

Y no podemos volver la cara porque encontraremos, por todas partes, sus ojos preguntando dónde estábamos, de qué lado estamos, qué guardan nuestras fortificadas fronteras, cuánto nos queda de lo robado, cuánto ganamos con sus muertes y Dios o nuestra conciencia, o el espejo donde nos miramos, o nuestros nietos cuando lean la historia, se evergonzarán de estos días, y nos pasarán la cuenta.

Nos pasaran la cuenta y tu, tendras que pagar y yo
tendre que pagar tambien, habra que pagar,
se enjuiciaran los actos, veras, lo que hiciste y lo que no
las posturas y el color de tu pabellon,
y habra que decir porqué, cómo y cuándo y para qué,
por dónde y por qué razon,y con qué ambición.
Nos pasaran la cuenta y tu, tendras que pagar y yo
tendre que pagar, tambien, habra que pagar
y nos pondran de frente , veras, y tendremos que explicar
cómo pudimos lograr lo que nos subió,
y entonces veremos quién, saca la cara y por quién,
y entonces veremos qué, te aportó la fe.
Nos pasaran la cuenta y tu, tendras que pagar y yo
tendre que pagar, tambien, habra que pagar,
porque sabrás amigo que tu, no naciste de una flor
que eres tanto como yo, penas y dolor,
que somos peldaños, si, y por eso al escalar,
pisamos al otro al fin, que quedo detrás
Nos pasaran la cuenta ….
(Patxi Andión)

Una vez más manifestamos que no queremos ser cómplices de estas nuevas muertes, rescatamos nuestra dignidad con esta protesta, y nos solidarizamos con los muertos y sus familias guardando un minuto de silencio.

Y de nuevo gritamos nuestra indignación haciendo nuestras las palabras de Pilar del Río.

Y reiteramos nuestra reivindicación leyendo juntos:
– Ante los reiterados naufragios que provocan tantas muertes para llegar a Europa, mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de esta injusticia.
– Visto que el control de fronteras sirve, fundamentalmente, para que sigan muriendo personas, exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta vergüenza, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.
– Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.
– Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.
– Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana y nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación.

NO MAS MUERTES PARA LLEGAR A EUROPA. POR UN MEDITERRANEO SOLIDARIO