Vivimos en un mundo complicado, en un tiempo a veces despiadado, puede que ni mas ni menos que otros tiempos, pero este es el tiempo que nos toca vivir.
Podemos vivir nuestro tiempo sin apenas profundizar, deslizándonos solo por la superficie, consumiendo e intentando sobrevivir, buscando desesperadamente la “felicidad” desde mi yo, desde lo individual, desde lo que consumo.
O podemos vivir nuestro tiempo intentando bucear en las profundidades del momento que nos toca vivir, mirando mas allá de nosotros mismos, encontrando momentos de “felicidad” en el encuentro con el otro, en la convivencia cotidiana, en los momentos de solidaridad…
Para este segundo tipo de persona, inquieta, que no se conforma con “ir y volver entre playa y comida”, para los que lo importante no es comer sino volar, como diría Richard Bach en su libro Juan Salvador Gaviota, va dirigida la siguiente reflexión:
Os quiero contar la historia de Abuma, un joven africano, con sus propias palabras: “Soy de una zona rural de África, mi mama para desplazarse de un lugar a otro, de la casa al campo y del campo a la casa, o sea del trabajo al trabajo y vuelta al trabajo, lo hacía cuando podía en una moto, uno de esos días en los que tuvo suerte y pudo subir a la moto, siendo yo muy pequeño y cargando conmigo a la espalda, tuvo un accidente, cayó y me golpee el brazo, desde entonces mi brazo derecho no tiene mucha fuerza y es lento, yo apenas tenía unos meses y para mi no ha sido nunca mi brazo un problema.
Cuando he crecido y he visto en qué condiciones vive mi familia, sobre todo me duele las condiciones en las que vive mi madre, he decidido migrar.

Siempre se habla de lo bien que se vive y de todas las comodidades y ayudas que hay en Europa, yo creo que se lo debo a mi madre, intentar conseguir para ella una vejez tranquila, sin tener que seguir trabajando hasta la muerte y sin que le falte de nada.
El camino a Europa no ha sido fácil, pero estoy aquí, en mi país trabajaba en el campo como toda mi familia y al llegar pensé que también en Europa podía trabajar en el campo o en cualquier otro trabajo que me ofrecieran, mi brazo como ya he dicho nunca ha sido una dificultad para mí. Pero he descubierto que para los empleadores de aquí si es un problema, buscan la eficacia y la rentabilidad y yo soy mas lento, menos productivo y menos rentable que otros, así que me prueban un día o no llegan ni a probarme y ya me rechazan. Esto ha provocado que no tenga oportunidades, que este durmiendo en la calle y comiendo de la caridad, por primera vez en mucho tiempo me han hecho ver que mi brazo si es un problema, que soy un “inútil”, que no tengo nada que aportar a esta sociedad. Por eso me vuelvo a casa, he aceptado retornar, puede parecer que mi viaje ha sido un fracaso, yo creo que no, he tenido que mirarme con mi discapacidad y reconocérmela, pero también he descubierto que no es esta sociedad en la que quiero vivir, en África soy pobre pero me aceptan como soy, saben que soy mas lento, pero que trabajo bien y puedo aguantar mas tiempo.
También quiero que mi viaje le sirva a Europa, a ti concretamente que lees esto, me gustaría ayudaros a reflexionar sobre el tipo de mundo que estáis construyendo en el que quien tiene una discapacidad, o es mas lento o mas torpe no tiene ninguna oportunidad, solo vales si produces y eres rentable, no es una sociedad habitable, no al menos para todos.
Hoy, soy yo el que sobra por improductivo pero no olvides que puede que mañana lo seas tú».
Pilar Castillo


























