Una tarde mas paseamos otra compañera y yo por las calles del Puche, barrio marginado donde los haya, sus vecinas y vecinos son puros supervivientes, a veces parece un “no lugar”, un espacio impersonal, no habitable, donde las relaciones son tensas en un entorno profundamente hostil. Pero si ahondas más descubres la amabilidad de sus gentes, su sonrisa cuando los miras a los ojos, sus ganas de saludarte, de contarte sus problemas, de recibirte en sus casas, la alegría de los chiquillos que se aprietan a ti en un abrazo inmenso cuando te ven.
Entre las gentes que encontramos cada tarde, están los vendedores del “mercado de subsistencia” (nombre inventado por nosotras), que a partir de media mañana va poco a poco ocupando una calle del barrio. No es un mercado nuevo, llevamos trabajando en él desde que llegamos al barrio allá por el año 2009, en este tiempo ha pasado por muchas fases y ha ocupado muchos espacios distintos, pero siempre ha tenido un elemento que ha permanecido: la marginación, las personas que lo conforman son los mas empobrecidos entre los empobrecidos, los mas excluidos entre los excluidos, cuando esta tarde, le preguntamos a un chico nuevo que qué tal está, su respuesta lo dice todo: “”no papeles, no donde dormir, no trabajo, solo, no muy bien”.

Algunos tienen una botella de cerveza a su lado, otros tienen los ojos, la lengua y la cabeza nublados por lo que se han fumado o han esnifado, si alguien se escandaliza por esto es que nunca ha bajado al barro de la exclusión real. Cuidado, esas personas son tan dignas como cualquiera que esté leyendo este texto. Muchos otros tienen el rostro serio y la mirada perdida en el horizonte, un horizonte que no ven nada claro.
Son personas que solo pueden vivir el momento, porque si piensan en “después”, solo ven su propio fracaso y eso les duele, para huir de ese dolor, huir de su vida sin horizonte y ahuyentar sus miedos es por lo que algunos han buscado adormecerse con adicciones y otros se refugian en vivir solo el momento: “si vendo algo ahora podré comer hoy”, no hay un “y si no vendo nada…”porque ese es el “después” al que no saben cómo enfrentarse.
Esta tarde sin embargo, asistimos a un acontecimiento que ya nos habían dicho que pasaba pero que no habíamos visto aún, se trata de la llegada de la policía local escoltando por delante y por detrás a un camión de la basura y una brigada de limpieza, es una “procesión surrealista”, hay chicos que salen inmediatamente corriendo recogiendo las pocas pertenencias que tienen sobre la acera para que no se las tiren al camión de basura, otros sin embargo se quedan bloqueados y siguen organizando sus pertenencias como si así fueran a ser respetadas, nada mas lejos de la realidad, todo lo que hay sobre la acera es recogido por la brigada de limpieza y echado al camión, objetos y personas son tratados como si fueran basura y es curioso, el barrio entero necesita una limpieza a fondo pero solo limpian el mercadillo.


Ni mi compañera ni yo entendemos por qué la única respuesta del Ayuntamiento ante estas situaciones de exclusión es tratar a las personas como basura. Al menos es la única que nosotras y los vecinos y vecinas con las que hablamos hemos visto.
Se necesita una respuesta mas creativa, mas compleja, mas valiente y me atrevería a decir mas humana, pero nunca cuando hemos hablado del Mercadillo con las instituciones han querido que nos sentemos a buscar una respuesta realmente alternativa y humana.
Nosotras seguiremos paseando cada tarde por las calles del Puche, visitando sus casas, acogiendo los saludos de los chiquillos, nos seguiremos pasando a escuchar a los vendedores del Mercadillo, queremos escuchar la alternativa que ellos ven, queremos que sientan que no son basura, queremos recordarles que son personas y que tienen un futuro, aunque ahora no sean capaces ni de mirarlo.
PILAR CASTILLO GARCÍA



























