De nuevo nos reunimos para mostrar nuestra solidaridad con, al menos, siete familias que han perdido a un ser querido en el mar eran maridos, padres, hermanos o hijos, tenían un nombre y una historia.
Queremos ser voz de esas siete personas que la semana pasada aparecieron ahogadas en nuestras costas, sus voces están silenciadas para siempre, pero sus cuerpos en nuestras playas siguen gritándonos que están muertos, que su vida se truncó, que sus sueños naufragaron con la patera que los traía a Europa.
El grito comunitario es terapéutico y revolucionario, por eso estamos aquí, nuestro grito es silencio, el silencio de la muerte que quiere derrumbar muros, alambradas, pero sobre todo injusticias, quiere decirle a la ciudad de Almería, a Europa, al mundo entero que no podemos seguir así, que no podemos sentirnos indiferentes ante cada una de estas muertes, que no podemos hacer como si nada estuviera pasando.


África llora a sus muertos, pero esos muertos también son nuestros, los de toda la humanidad, desde su silencio de muerte nos siguen gritando que como seres humanos estamos fracasando.
Nos siguen gritando que no pueden dejar de venir, porque en sus países, que fueron colonias europeas, siguen estando explotados, porque el norte sigue robándoles sus recursos naturales, porque no pueden criar a sus hijos dignamente con los salarios que tienen, porque no hay paz en su aldea, en su barrio, en su país, porque la corrupción los aprisiona y la indiferencia del mundo los mata.
Por eso gritamos desde un silencio de muerte que al menos nosotras, nosotros, no queremos ser cómplices de estas muertes.
Y así, mostramos nuestra repulsa ante este sistema injusto y nuestra solidaridad con sus víctimas, guardando un minuto de silencio.


Y, como hacemos tradicionalmente, recurrimos a la poesía de Pilar del Rio para mostrar nuestra indignación.
“Mi hijo muere cada tarde en el mar.
Mi hijo tiene 18 años, y 26 y 32,
tiene todas las edades en las que hay fuerza, pasión y deseos.
Mi hijo sabe que la felicidad no consiste en tener cosas,
pero sabe que hay cosas imprescindibles.
Por eso no pospone su derecho a vivir, a habitar una casa humana,
a compartir con otros que siempre son sus semejantes
su historia, su tristeza y sus sueños.
Mi hijo aprendió a aprender. Mi hijo estudió,
mi hijo trabajó en todos los oficios.
Mi hijo se respeta a sí mismo, respeta a su tierra, ama y es amado.
Mi hijo no nació para morir en el mar, ningún Dios lo castigó,
ninguna maldición lo obliga a ser esclavo.
A mi hijo lo mata cada tarde una forma de entender el mundo,
una manera criminal de gobernar en la que el ser humano no es lo prioritario,
porque el hombre todavía no cotiza en bolsa,
porque los expoliados y olvidados no llenan los bolsillos
de los mil veces malditos que condenan a muerte a mi hijo
y luego besan con reverencia la moneda donde invocan a un Dios.
Con esa moneda que invoca a Dios y con otras en que aparecen patrias,
los hombres que matan a mi hijo han comprado todas las perversiones
y han cometido todas las ignominias.
Mi hijo es negro, es indio, es blanco, es pobre.
El mundo es suyo, no lo parí en Marte,
no nació con un destino animal porque nació humano.
Mi hijo, cuando muere cada tarde,
seguirá viniendo a esta costa de Europa y del mundo
con su mirada valiente y abierta.
Mi hijo no se rinde, necesita hacernos comprender
que sin él no estamos todos.
Mi hijo, cuando muere, nos deja empequeñecidos,
y él no quiere que su muerte haga desaparecer de la tierra
las palabras más hermosas y los conceptos que nos dignifican.
Mi hijo no puede seguir muriendo
porque con él está muriendo nuestra civilización”.
(Pilar del Rio)
Y repetimos juntos, una vez más, nuestra reivindicación:
- Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de esta injusticia que supone tantas muertes para llegar a Europa.
- Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta vergüenza, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.
- Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.
- Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.
- Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana, y nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación.
NO MÁS MUERTES PARA LLEGAR A EUROPA POR UN MEDITERRÁNEO SOLIDARIO.
PAZ, JUSTICIA Y DIGNIDAD PARA TODOS LOS PUEBLOS.

































