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CRISIS MIGRATORIA EN CANARIAS 2019-2021

Desde la Asociación nos hemos propuesto profundizar y dar respuesta a algunas de las situaciones relacionadas con el mundo de las migraciones. Se trata de visualizar problemas y plantear que no hay que esconder la cabeza sino buscar soluciones.

Empezamos con la situación en Canarias, nos parece un tema profundo y que hay que seguir trabajando. La reflexión es de Francisco Sanz miembro de la Junta Directiva de la Asociación.

Tendemos a pensar que las rutas migratorias se centran en el Mediterráneo. Estamos acostumbrados a las noticias sobre la llegada de pateras a las costas andaluzas, ruta desde Marruecos hacia España; hemos contemplado, años atrás, las dramáticas, por cantidad y fallecidos, avalanchas de migrantes hacia Lampedusa desde las costas de Libia, ruta del Mediterráneo central, hemos oído la labor que realizan barcos como Aquarius , Open Arms, Aita Mary en estas zonas, hasta el Papa visitó Lampedusa como solidaridad con los migrantes y los miles y miles de muertos y desaparecidos en esa zona; nos hemos conmovido con las imágenes del cadáver del niño Aylan en la ruta oriental por la que sirios, afganos y otros accedían, desde Turquía, a las islas del Egeo.

Pero existe otra ruta, la ruta desde la costa occidental de África (Sur de Marruecos y antiguo Sahara español, Mauritania, Senegal) hacia las Islas Canarias. Esta ruta fue muy conocida en la llamada “crisis de los cayucos de 2006” en la que unos 36.000 migrantes lograron llegar a las Islas afortunadas. Esta crisis se solucionó retornando a la mayoría de migrantes a Mauritania en base a un tratado entre España y este país de 2003. Esta devolución masiva se endulzó con ayudas económicas y de logística a Mauritania y se procedió a sellar la ruta a base de sobresueldos, pagados de nuestros presupuestos generales y fondos de la U.E., a la policía de frontera mauritana, marroquí y senegalesa. Durante años, estos sobresueldos han sido muy eficaces en lo que a impedir las migraciones por esta ruta se refiere.

Hasta que llegó la pandemia y el tratado de pesca de la U.E. con Senegal. Con la pandemia llega la crisis económica a Marruecos, con los grandes pesqueros europeos se arruina la pesca artesanal de Senegal. Si la economía de los países africanos con costas en el Atlántico que miran a Canarias era precaria, ahora ha caído en colapso. En definitiva, una masa ingente de personas de estos países se ve en la miseria y sin futuro.

Un futuro que los empuja a un peligroso viaje que deja un trágico dato a tener en cuenta en esta reflexión, 1851 personas murieron en 2020 en esta ruta (Caminando Fronteras)

En Mauritania hay un cambio de gobierno y los sobresueldos e incentivos para parar la migración dejan de ser eficaces.

Enlace al artículo, muy interesante PINCHA AQUÍ

La crisis está servida, pateras y cayucos empiezan a llegar a Canarias ya en 2019. Al principio en cantidades asimilables, pero en 2020 alcanzan la cifra de 23.000, la mitad de estas llegadas se concentra en sólo un mes, de 15 de octubre a 15 de noviembre. La mayoría de migrantes llegan a Gran Canaria y se reciben en el puerto de Arguineguín que entra en colapso: sus instalaciones, que deprisa y corriendo, se han preparado para recibir un máximo de 300 migrantes, llegan a acoger a 2.600, duermen sobre el suelo al raso, comen de bocadillos, no se les puede atender a nivel legal ni cumplir los requisitos que la propia Ley de extranjería impone.

Protestan los políticos regionales, el juez de vigilancia del C.I.E. de Gran Canaria, el Defensor del Pueblo, las ONG…, las imágenes de los medios de comunicación son escandalosas y, esta vez, no hay posibilidad de devolverlos a sus países de origen o partida, las fronteras están cerradas por la pandemia. En vano los ministros de Exteriores o Interior viajan y se entrevistan con sus homólogos de Marruecos o Senegal, no hay resultados.
Se adopta una solución discutible, rechazada de plano por los migrantes, injusta, pero que se va a imponer bajo la excusa de la provisionalidad, la presión de la U.E., la idea de evitar el “efecto llamada” o razones parecidas. Esa solución es el alojamiento en las islas, especialmente Gran Canaria, de los migrantes. Alojamiento en “jaulas de oro” como alojamientos turísticos vacíos por la pandemia, solución “provisional” mientras se adecúan instalaciones oficiales en donde lograr alojar a todos los migrantes. La mayoría de esas instalaciones son carpas levantadas presurosamente en terrenos militares y cuarteles. Quizás estas carpas tengan sentido para alojar tropas del ejército en maniobras, pero no son idóneas en la situación que nos ocupa. La borrasca “Filomena” embarrará una buena cantidad de ellas y grupos de migrantes montan sus propios campamentos por no estar conformes con este tipo de alojamiento y sus notables carencias.

Pero el problema no es tanto la escasa calidad del alojamiento o de la comida, la falta de asistencia jurídica o el largo tiempo en la resolución de las peticiones de asilo, el gran problema es que, en Canarias, se copia de forma más o menos humanizada, el “modelo Lesbos”. Es decir, grandes acumulaciones de migrantes en la periferia fronteriza de la U. E. bloqueados en su camino hacia la Europa rica, auténticos campos de concentración en los casos de las islas del Egeo y vergonzantes en Canarias, lugares donde pudrir las esperanzas de los llegados y escarmentar en ellos a futuros migrantes.

En febrero de 2021 parece que la crisis ha superado su momento agudo y se cronifica. Pero durante el mes de marzo se produce un repunte en las llegadas con escenas dramáticas como la imagen de la pequeña Nabody de dos años llegando a Arguineguín en parada cardiorrespiratoria y reanimada in extremis sobre el suelo del muelle.

Desgraciadamente, a la hora de repasar este trabajo, nos ha llegado la noticia del fallecimiento de Nabody. No es el momento de quedarse en un mero sentimiento de tristeza, es el momento de actuar.

Porque, aunque cerremos los ojos, está claro que no, la crisis no va a parar porque el número de los desesperados aumenta sin cesar en las costas del Mediterráneo y el Atlántico africano, la situación económico-política de los países de origen y partida hacen prever avalanchas en tiempo cercano.
Solo nos queda elegir entre las opciones posibles:

  1. Modelo Lesbos, contención de los migrantes en la periferia de la frontera de la U.E. en centros de internamiento cuyas condiciones se irán endureciendo conforme la presión se haga más fuerte hasta convertirlo en campos de concentración inhumanos, copias de los construidos por los nazis, con renuncia a todo respeto a la dignidad de los migrantes y a la nuestra propia.
  2. Modelo de gestión del derecho a migrar que sea capaz de establecer rutas seguras de migración, acogida, integración y promoción. Este modelo es inseparable del respeto al derecho a no migrar, es decir, a promocionar condiciones en los países de origen que hagan real la opción de quedarse porque exista un mínimo de oportunidades para llevar una vida humana digna.

El segundo modelo requiere esfuerzo, recursos, tiempo, tesón. El modelo ya ha sido propuesto por el Papa, Francisco, en su encíclica Fratelli Tutti. Con él reconocemos los derechos del migrante, se restaura y desarrolla a los países emisores de migraciones en un mundo global donde todos estamos implicados…, nuestras sociedades se enriquecen más allá de la defensa de sus, insostenibles e indefendibles, intereses egoístas a corto plazo. Un auténtico reto, un reto que, como el cambio climático, es propio del S. XXI y nos implica a todos sin que podamos recurrir a políticas de “avestruz” pues, de no confrontarlo, sus consecuencias, ya evidentes y cercanas, nos afectarán con dureza.

El otro modelo, el primero, el modelo “tapón” o Lesbos supone, en un plazo ya cercano, dejar que se agrande el problema y, conforme se agrave, requerirá adoptar medidas cada vez más radicales e inhumanas de las que seremos cómplices. No garantiza eficacia a medio plazo y es seguro un aumento de la conflictividad que puede alcanzar niveles distópicos. La historia nos muestra demasiados ejemplos de murallas rotas y sistemas destruidos por su cerrazón en proteger su riqueza, sus intereses egoístas a costa de marginar a los otros, a los “bárbaros”.

Francisco Sanz
Almería, 24 marzo 2021

NO MÁS MUERTES PARA LLEGAR A EUROPA

Hoy nos hemos concentrado en la Sede de Almería Acoge para denunciar las nuevas muertes y desapariciones en las costas mediterráneas más cercanas. Se ha leido el manifiesto

Miedo.  En los últimos meses todos tenemos mucho miedo.

Miedo a que esta amenaza del COVUD19 por fin nos intoxique más aún. Miedo a que un familiar mayor, un amigo enfermo, cualquier ser querido de positivo, sintomático, se complique, suceda lo que no queremos. Tenemos miedo a permanecer tiempo hospitalizados sin saber qué pasará, sin conocer qué secuelas tendremos realmente.

Miedo a que la economía se desplome (más aún) a un nuevo confinamiento, a que nos cierren en bar de la esquina o a que definitivamente no pueda aguantar más y cierre sin remedio. Tenemos miedo a la Pandemia, a que nuestros gobiernos no sepan hacerlo bien y se dispare, tenemos miedo a perder este terreno presente, quizá porque hace tiempo perdimos la fe en otro terreno más allá de este, pero eso es otro cantar y otros credos de los que ahora nos dicen que no toca hablar.

Yo también tengo miedo, ese mismo, pero también otro. Tengo miedo de olvidar otras pandemias cotidianas que no han desaparecido. Leo que hay otras once personas muertas frente al mar de Alborán cuando intentaban escapar de otros miedos tan reales como la pobreza, la injusticia, la ausencia cierta de futuro. Entre esos muertos nuevos pero antiguos por repetidos hay mujeres y niños, proyectos de futuro, de amor, de trabajo, de vida que ya no existen. Tengo miedo de que esas vidas truncadas pasen desapercibidas. Tengo miedo de que no nos importen, tan preocupados que estamos por nuestros propios miedos. Tengo miedo de que hayamos llegado a tal nivel de deshumanización, miedo de que el miedo nos haya vuelto tan insensibles que ya no importen, que no nos duelan, que la muerte de un niño no nos inquiete, no nos interrogue. Tengo miedo de que no sea por el miedo, que ese olvido sea por el mismo egoísmo que ya nos hacía que importara pocos meses atrás, cuando no existía este miedo. Tengo miedo de que dejemos de ser personas para convertirnos solo en miedo miope, en miedo egoísta, en miedo estúpido que inmoviliza porque no piensa más que en uno mismo.

Y ya no sé si siento miedo o pena por ver cómo se hunde, como en una patera, la ilusión de un mundo justo, igualitario, fraterno que albergue a personas dignas de llamarse así, capaces de elevarse de esta triste vivencia cotidiana, convencidas de que tenemos algo más que decir en este mundo, diga lo que diga la COVID19.

Para mostrar nuestra repulsa y nuestra solidaridad, una vez más recurrimos a la poesía de Pilar del
Rio.
“Mi hijo muere cada tarde en el mar.
Mi hijo tiene 18 años, y 26 y 32,
tiene todas las edades en las que hay fuerza, pasión y deseos.
Mi hijo sabe que la felicidad no consiste en tener cosas,
pero sabe que hay cosas imprescindibles.
Por eso no pospone su derecho a vivir, a habitar una casa humana,
a compartir con otros que siempre son sus semejantes su historia, su tristeza y sus sueños.
Mi hijo aprendió a aprender. Mi hijo estudió, mi hijo trabajó en todos los oficios.
Mi hijo se respeta a sí mismo, respeta a su tierra, ama y es amado.
Mi hijo no nació para morir en el mar, ningún Dios lo castigó,
ninguna maldición lo obliga a ser esclavo.
A mi hijo lo mata cada tarde una forma de entender el mundo,
una manera criminal de gobernar en la que el ser humano no es lo prioritario,
porque el hombre todavía no cotiza en bolsa,
porque los expoliados y olvidados no llenan los bolsillos
​de los mil veces malditos que condenan a muerte a mi hijo
y luego besan con reverencia la moneda donde invocan a un Dios.
Con esa moneda que invoca a Dios y con otras en que aparecen patrias,
los hombres que matan a mi hijo han comprado todas las perversiones
y han cometido todas las ignominias.
Mi hijo es negro, es indio, es blanco, es pobre.
El mundo es suyo, no lo parí en Marte, no nació con un destino animal porque nació humano.
Mi hijo, cuando muere cada tarde,
seguirá viniendo a esta costa de Europa y del mundo con su mirada valiente y abierta.
Mi hijo no se rinde, necesita hacernos comprender que sin él no estamos todos.
Mi hijo, cuando muere, nos deja empequeñecidos,
y él no quiere que su muerte haga desaparecer de la tierra
las palabras más hermosas y los conceptos que nos dignifican.
Mi hijo no puede seguir muriendo porque con él está muriendo nuestra civilización”.
Juntos proclamamos nuestra denuncia y reivindicación :
– Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de esta injusticia que
supone tantas muertes para llegar a Europa.
– Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta
vergüenza, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.
– Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se ven
forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.
– Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas,
para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.
– Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana y
nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática
situación.
NO MAS MUERTES PARA LLEGAR A EUROPA. POR UN MEDITERRANEO SOLIDARIO

CONCENTRACION VIRTUAL MUERTES EN EL ESTRECHO

MANIFIESTO

Muere un negro en una patera. Dos moros son atropellados por una furgoneta, uno está muy grave (al final murió), el conductor se dio a la fuga. Un negro muere a manos de la policía marroquí. Dejan a un jornalero con un golpe de calor en un centro de salud, finalmente muere. Un muerto y seis desaparecidos en una patera que salió desde Argelia.

La muerte es barata, despersonalizada. No son personas, son países, colores, trabajos. Hemos despersonalizado la muerte … cuando nos interesa. Cuando queremos dar dignidad decimos “ha muerto fulanito de tal, una buena persona (aunque no lo fuera)”, tiene nombre, tiene dignidad.

Desde los medios de comunicación, quizás incluso sin mala fe, se despersonaliza la muerte, no queremos sentirnos mal. Pero más grave aun, desde determinados medios políticos no solo se les quita la dignidad de persona, además de morir los consideran criminales, criminalizan a los muertos.

Es terrible, estamos perdiendo la dignidad como persona, el sentir dolor con los demás cuando lo tienen, el sentir, por lo menos pena de los que lo pasan mal. ¿Lo estamos haciendo como sociedad?

Esperemos que no; signo de eso es que hay mucha personas que seguimos creyendo en la dignidad de todas las personas, en que cada muerte injusta es injustificable, es un crimen. En que tenemos que apoyarnos y apoyar especialmente a los que peor lo pasan. Por eso ponemos un lazo, si tenemos nombres los anotamos. Nos duelen ellos y sus familias, por eso seguimos aquí, denunciando esta injusticia, gritando que ya está bien, que es posible vivir en una sociedad más justa y equitativa; y quitamos egoísmo y ponemos solidaridad.

Juntos proclamamos nuestra denuncia y reivindicación :

– Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de esta injusticia que supone tantas muertes para llegar a Europa.

– Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta vergüenza, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.

– Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.

– Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.

– Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana y nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación.

¡NO MÁS MUERTES PARA LLEGAR A EUROPA, POR UN MEDITERRÁNEO SOLIDARIO!

LOS REFUGIADOS OLVIDADOS

Con motivo del Día Mundial de los Refugiados y, dada la situación actual que dificulta una actuación en vivo, Almería Acoge junto con la Federación Andalucía Acoge presentamos la Muestra Fotográfica Online LOS REFUGIADOS OLVIDADOS. Un trabajo de Mustafa Abualthanin.

La exposición fotográfica de Mustafa Abualthanin recoge una visión intimista y autobiográfica sobre los refugiados palestinos en Jordania.

Ante la situación mundial y trágica donde el número de personas migrantes, en todas sus dimensiones y estatus, ha superado cotas inimaginables, este fotógrafo se detiene en la historia de su propia familia, la de los refugiados palestinos, «los refugiados olvidados”, que en 1948 se vieron abocados a dejar su tierra, sus casas… y están asentados al otro lado del Jordán, con la esperanza todavía latente de poder volver a su tierra, a su casa.

Este fotoensayo se compone de 20 fotografías que narran la vida de los refugiados palestinos, principalmente de dos campos de refugiados al-Nasser y al-Baqaa de Jordania, a través de varias generaciones. Nos adentra en sus casas, nos pasea por sus calles, nos muestra la cotidianidad de su trabajo, la vida diaria y también nos muestra la añoranza y el recuerdo por su tierra y, al mismo tiempo, la esperanza de poder volver.

Mustafa Abualthanin nos invita a recordar que los refugiados existen y que detrás de todos ellos hay una historia vital donde no se eligió ser refugido.

MUSTAFA ABUALTHANIN
(Amán, 1977). Artista multifacético, fotógrafo, actor y artesa, es el octavo hijo de los once que tuvieron Husseyn y Fawziya, refugiados palestinos de 1948 procedentes Jerusalén y de Dikrin, un pequeño pueblo de Hebrón que ya no existe, respectivamente.

Como sucede con muchos de estos descendientes, tiene el estatus de refugiado por la UNRWA, si bien nació en Amán (Jordania) y se crió en uno de los tantos campos de refugiados palestinos que hay en la geografía urbanística de Jordania, en concreto, el campo de refugiados palestinos al-Nasser, al Este de Amán (Jordania).

Se inicia en la fotografía en 1995 y comienza su trabajo como tal en fotografía documental y social.

Ha expuesto su obra, entre otros sitios, en la Galería Nacional de Arte de Jordania, la Orfally Gallery en Jordania y, más recientemente, en la Universidad de Almería (España). Cabe destacar también su labor como fotógrafo en cine como fue su participación en la producción franco-palestina-qatarí Degradè que estuvo en la semana de la crítica del festival de cine de Cannes en 2015.

 

DESCANSA

En estos días donde la muerte vuelve al estrecho el siguiente texto de Francisco Sanz nos acerca el terrible drama que seguimos viviendo, aunque no podamos concentrarnos todavía, seguimos denunciando las muertes injustas en el Mediterráneo

DESCANSA

Descansa, no puedes hacer otra cosa. Descansa. Yo te cuidaré, ya nada malo podrá pasarte. Deja todas tus inquietudes. No te rebeles al sosiego que te ofrezco y mereces. Mira a tantos hermanos y hermanas que te han precedido, ellos están en paz y desean compartir su paz contigo.

Gritas, todo tu ser está agitado de dolor, de sufrimiento, de preocupación. Es lo normal, pero ya no puedes hacer nada.

Piensas en tu familia, en que se empeñó para financiar tu travesía. Piensas en qué será de ellos.
Piensas en tantas heridas, empujones e injusticias que te obligaron a coger esa patera que no llegará ya a ninguna parte.

Piensas en las esperanzas perdidas, en el ansia de los momentos en que luchabas por no hundirte, en gritos. Pero todo pasó ya.

Sobre ti pasarán las mercancías de los ricos y el dolor de los pobres, pero tú ya estás más allá de cualquier avaricia y de cualquier dolor.

Descansa, yo te he recogido en mis profundas entrañas. Todos dicen que son frías, pero vas a descubrir que son acogedoras. Yo no rechazo a mis hijos.

Mientras vivías, estabas lleno de amargo sufrimiento, rebeldía y consoladora esperanza. Todo lo dejaste en la superficie, ahora estás en el fondo y en mis brazos.

Deja que tus restos sean tu grito de denuncia por tu muerte. Yo no los ocultaré a quien los quiera ver, a quienes se sientan hermanos tuyos y te busquen. Tu denuncia por tu destino injusto será eterna. Tu clamor se une al de tus hermanos, hermanas que llegaron antes y vendrán después.

De mí, llámame mar o madre o Dios, salió toda la vida. A mí has retornado ahora, naufrago de las fronteras, la indiferencia, la desigualdad… Ya no puedes hacer más, tu muerte es tu denuncia infinita.

Pero ahora, descansa.

Francisco Sanz Meléndez
Almería 08/o6/2020
En recuerdo de los migrantes que perecen en el Estrecho.

¡69 NUEVOS MUERTOS EN EL ESTRECHO!

Con mucha rabia por las 69 NUEVAS MUERTES, con algunas personas de las que han viajado en la patera con muertos, nos volvemos a concentrar para denunciar esta verguenza.

Hoy es 18 de diciembre, día internacional de las personas migrantes. Nos habría gustado celebrarlo de otro modo. Habríamos preferido un encuentro de convivencia, o publicar un manifiesto proclamando los beneficios del mestizaje, la riqueza del intercambio; reivindicando el derecho a migrar, recordando la obligación de toda persona bien nacida a acoger, a abrir su puerta a quien llama necesitado de pan, de justicia, de libertad o de paz. Nos habría gustado, pero no. De nuevo la muerte nos devuelve a la realidad más allá del deseo, la muerte más allá del trabajo cotidiano; la muerte más allá de las mil noticias repetidas, falsas o no, sobre política, sobre economía, sobre la integridad del territorio nacional o sobre el penúltimo caso de corrupción. Esas noticias que saturan nuestra atención y provocan el olvido de la otra verdad, de la otra vida que no es llamativa, de la necesidad de pensiones digas, del derecho de todos al trabajo y a la vivienda, de la honradez de tantas personas en su trabajo cotidiano… y, sobre todo, nos alejan de estas muertes que casi nunca son noticia. De la muerte de una persona quemada en un asentamiento chabolista en Huelva, esos vertederos humanos en los que mal habitan miles de trabajadores inmigrantes también en nuestra provincia; de la calle como única alternativa de vivienda para tantas personas, migrantes o no, en estos días de frío; del olvido de la legislación internacional para no acoger a solicitantes de asilo ni a inmigrantes económicos, mientras nuestros gobiernos
invierten grandes recursos en pactos desconocidos con países como Marruecos, o en reforzar la vigilancia, las vallas y las fronteras para control de las personas, que no de los capitales.

Hace unos años, para celebrar este día, se acuñó un buen slogan: “somos diferentes, somos iguales”. Era una buena frase que soportaba un buen deseo. Pero hoy tenemos que reconocer con tristeza que por suerte somos diferentes si, con lo que eso significa de riqueza para todos de posibilidad de intercambio, de crecimiento personal y social; pero no somos iguales, somos profundamente desiguales. Somos desiguales en derechos, en posibilidades económicas, en acceso al trabajo, en acceso a la vivienda, en libertad y en tranquilidad para habitar nuestros barrios y nuestras calles, y desiguales para viajar y buscar la vida donde más nos convenga. Es la desigualdad más injusta e inhumana la que hoy hace que nos tengamos que concentrar de nuevo para no celebrar ningún día internacional, sino para reconocer avergonzados, indignados una vez más, la terrible injusticia que sigue provocando tantas muertes; la indignidad más absoluta de quienes no parece que hagan nada por solucionarlo y la degradación social que refleja la enorme indiferencia que parece mostrar la mayor parte de la sociedad.

Una vez más, no en nuestro nombre. No admitimos esa nueva sangre en nuestras manos. Gritamos con el silencio que nos negamos a ser cómplices de tanta deshumanización. Como hace una semana usamos la música y una vez más recurrimos a la poesía de Pilar del Río “Mi hijo muere cada tarde en el mar”. Guardamos un minuto de silencio…… Y juntos proclamamos nuestra denuncia y reivindicación :

– Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de esta injusticia que supone tantas muertes para llegar a Europa.

– Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta vergüenza, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.

– Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.

– Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.

– Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana y nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación.

¡NO MÁS MUERTES PARA LLEGAR A EUROPA, POR UN MEDITERRÁNEO SOLIDARIO!

CIRCULO DE SILENCIO: NO SE TRATA SOLO DE MIGRANTES

Almería Acoge fue la encargada de conducir el Círculo de Silencio del mes de Diciembre de la Plataforma Almería Contra la Pobreza. El Círculo se dedicó especialmente a la situación de los migrantes ya que el 18 de Diciembre se celebra el Día Internacional del Migrante. Con un manifiesto y una canción quisimos llamar la atención sobre los migrantes.

MANIFIESTO DE CÍRCULO DE SILENCIO. DICIEMBRE DE 2019

El calvario de las personas migrantes y refugiadas de cualquier edad no acaba con su llegada a suelo europeo. Hasta alcanzar la necesaria tarjeta de residencia o el permiso de trabajo nuevas vallas y concertinas le aguardan: las barreras de la espera interminable o de los obstáculos administrativos múltiples, las mil y una trabas burocráticas de una administración descoordinada y sin interés. Certificados de empadronamiento, documentación que acredite el arraigo, idas y venidas en laberintos documentales, la búsqueda en la maraña administrativa del último escrito que le autorice a ser persona, a no andar con miedo, a no ser explotado, a no estar escondido salvo en horas de trabajo.

Luego vendrán las otras fronteras, más duras aún, las vallas del miedo, del desprecio, del recelo, de no encontrar sitio como personas en la ciudad, en el pueblo, en el campo en el que esperaban reconstruir su vida.
No existe en el Estado español un sistema integral de acogida, pues en las políticas migratorias prevalece la lógica del control y la gestión de los flujos de seres humanos; a ese control dedica el Estado la mayor parte de sus recursos y energías, como dedica la mayor parte de la sociedad las suyas al rechazo, a los bulos, a la sospecha o, cuando menos, a la despreocupación más absoluta.

Y para esta fría racionalidad controladora, las personas son números y curvas estadísticas, no tienen cuerpo ni hambre, no pasan frío, no tienen miedo. Hemos encerrado el dolor en datos, en estadísticas, en cifras, en gráficos, en cuadros, en programas informatizados. Miramos el dolor como dato, no como la experiencia
personal de un sujeto individualizado y sufriente, que dejó jirones de su piel al saltar esas murallas de la infamia, que son las concertinas.

Así es como en el supremo ejercicio del derecho estatal a controlar su territorio se pisotean diariamente los derechos fundamentales de las personas, como no ocurre en ningún otro ámbito de la realidad social. Así es como para los medios xenófobos de la desinformación el último inmigrante ahogado o el penúltimo niño desamparado que duerme en la calle no son más que una parte de la oleada, de la avalancha, no son personas, son indocumentados, no son menores, son menas. Y esto es lo que ha calado en una sociedad despreocupada o empeñada en cargar sobre estas personas la culpa de su deteriorada y mediocre humanidad. La capacidad de acogida no es una cuestión técnica, numérica o estadística, sino la opción política preferente por los derechos humanos de las personas, y la opción más humana por la vida de quienes llegaron a este lado del mundo huyendo de la violencia, de la pobreza o de la injusticia.

Despojados de su humanidad al reducirlos a datos estadísticos, asimilados a seres inertes al equiparar su llegada a fenómenos devastadores de la naturaleza (oleada, avalancha), privados de su inocencia al criminalizar las conductas de niños desamparados, la única justicia reparadora para migrantes, refugiados o menores es que la ley les devuelva su humanidad y nosotros la justicia.

Por eso, recordamos una vez más a quienes murieron intentando llegar. Durante 2019 son, al menos, 665 las personas que han muerto en el mar en la ruta hacia España. 63 solo la semana pasada. Hoy tenemos también un silencio en su recuerdo.

Y hoy recordamos también que no lo hacemos solo por ellos, por los que murieron intentándolo y por los que consiguieron llegar y ahora nos interpelan con su presencia, sino también por nosotros, porque:

NO SE TRATA SOLO DE MIGRANTES

Las sociedades económicamente más avanzadas desarrollan un marcado individualismo que produce la globalización de la indiferencia. En este escenario, las personas migrantes, refugiadas, desplazadas y las víctimas de trata, que sufren conflictos violentos, guerras, injusticias y discriminaciones, se han convertido en el emblema de la exclusión. Además de soportar todas estas dificultades, les consideramos responsables de los males sociales. Sin embargo, la presencia de estas personas en situación de vulnerabilidad representa una oportunidad para recuperar algunos de los valores de nuestra humanidad:

No se trata sólo de migrantes, también se trata de nuestros miedos.

La maldad y falsedad de nuestro tiempo acrecienta nuestros miedos al otro, al desconocido, al marginado y forastero. Cuando el miedo condiciona nuestra forma de pensar, nos convertimos en seres cerrados, privándonos del encuentro con aquella persona diferente, privándonos de abrir el corazón, privándonos de humanidad.

No se trata sólo de migrantes, se trata de la caridad.

En todas las religiones, a través de las obras de caridad se muestra la fe. En estos momentos en los que muchas personas que se dicen creyentes olvidan que no es posible serlo apoyando a quienes están en contra de los más débiles, recordamos que la mayor caridad que podemos ejercer es con quienes no pueden corresponder. Están
en juego nuestros valores. Se pone en evidencia nuestra aparente felicidad, enferma porque está construida al margen de la realidad y a costa, muchas veces, del sufrimiento de los demás. No cedamos ante la lógica que justifica el abuso de los demás para el beneficio propio.

No se trata sólo de migrantes, se trata de nuestra humanidad.

Sentir compasión significa reconocer el sufrimiento del otro y pasar a la acción para aliviar y curar. Sentir compasión significa dar espacio a la ternura que la sociedad actual reprime. Abrirse a los demás enriquece, ayuda a ser más humano.

No se trata sólo de migrantes, se trata de no excluir a nadie.

No hay muchos países pobres, hay muchos países empobrecidos que siguen agotando sus recursos naturales y humanos en beneficio de unos pocos privilegiados, de los países que robamos o aprovechamos esas riquezas y nos llamamos desarrollados. Las guerras afectan a unas pocas regiones del mundo, pero la fabricación de armas y su venta se lleva a cabo en otras regiones que después rechazan hacerse cargo de las personas refugiadas que dichos conflictos generan. Quienes sufren son siempre los más vulnerables. El auténtico desarrollo es aquel que pretende incluir a todos los hombres y mujeres, promoviendo su crecimiento integral
con plenas oportunidades y derechos, y preocupándose por las generaciones futuras.

No se trata sólo de migrantes, se trata de todas las personas.

En cada actividad política y social debemos poner en el centro siempre a la persona en sus múltiples dimensiones. Toda persona tiene derecho a ser tratada con igualdad. El desarrollo implica promover a todas las personas de forma integral. Se trata de que podamos ayudar y reconocer en las personas migrantes, si son acogidas y respetadas, una ocasión para construir una sociedad más justa, una democracia más plena, un país más solidario y un mundo más fraterno.

La respuesta al desafío de las migraciones se puede resumir en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. Pero no solo aplicados a las personas migrantes y refugiadas, sino a toda persona excluida en situación de vulnerabilidad. No solo está en juego la causa de los migrantes. A través de las personas migrantes y refugiadas, de la postura que tengamos ante ellas, estamos llamados a liberarnos de la indiferencia; y a construir un mundo más justo y más humano.

MUERTES EN EL ESTRECHO, POR UN MEDITERRÁNEO SOLIDARIO

NO MÁS MUERTES PARA LLEGAR A EUROPA POR UN MEDITERRANEO SOLIDARIO

A pesar de la condiciones atmosféricas o, quizás con más razón por ellas, nos volvemos a concentrar para denunciar 14 nuevas muertes en el estrecho, en nuestras costas más cercanas. Seguimos y seguiremos siendo la conciencia de un país que no puede mirar para otro lado, de una Europa que tiene que mirar al Sur.

Otras 14 personas dejaron de existir el martes pasado. A duras penas nos vamos enterando del número de muertos y desaparecidos desde el día 26 de noviembre. No es fácil escucharlo en la radio o verlo en un periódico. No es importante que mueran 14 nadies. Es una tragedia, sí, pero solo para quienes han muerto, para sus familias, para quienes compartían esa barca de ilusiones que se convierte en muerte otra vez. No es una tragedia para este lado del mar, para quienes cada vez hacen menos caso de estas muertes repetidas. Ya no es ni tan siquiera noticia. Si acaso una nota frecuente que solo llama la atención si el número de muertos es muy alto o si aparece un niño flotando muerto y nos estropea la siesta, y, hasta eso, cada vez menos.

Pero no es un accidente. Es el resultado asquerosamente macabro de tanta mentira que hemos construido para resguardar nuestro egoísmo o nuestra tranquilidad inconsciente.  Estas muertes son el resultado seguro de nuestra forma de vida, de un sistema económico y social que se asienta en la expropiación de las riquezas naturales de la mayor parte del mundo para que en la otra sigamos gastando más de lo que tenemos. La muerte de unos es el precio de tanto despilfarro, de la locura consumista, de un tipo de vida basado en tantos black friday que solo ofrecen muerte a quienes no pueden participar en ellos. Es el resultado del nuevo opio de un pueblo adormecido por la gran mentira de que esta tierra es nuestra, de que tenemos derecho a fabricar muros, fronteras, concertinas para preservar lo que no es de nadie, porque este mundo no pertenece a nadie y debería ser la casa de todos.

No, no es un accidente, nunca lo ha sido. Y si alguien se pregunta ¿entonces qué hacemos?, ¿cómo se organizan las migraciones?, ¿no tenemos derecho preservar nuestro territorio, nuestra economía, nuestra identidad?, tendremos que recordar una y mil veces que, si esto es a costa de la vida de otras personas, estaremos siendo cómplices de su muerte. Estaremos siendo cómplices de un sistema criminal que es quien está causando el hambre y las guerras que expulsan a las personas de su propia casa, los gobiernos y la economía que reparten el pan y la tierra por la ley del más fuerte, las fronteras y el silencio que esconden los muertos y asustan a los que quedamos vivos para que no protestemos.

Una vez más denunciamos este crimen continuado y proclamamos públicamente que no queremos ser cómplices de estas muertes. Reivindicamos la necesidad de cambiar cuantas políticas sean necesarias para salvaguardar nuestra propia dignidad y la vida de las personas como valor supremo.

Una vez más recurrimos a la poesía de Pilar del Río “Mi hijo muere cada tarde en el mar”.

Guardamos un minuto de silencio y juntos proclamamos nuestra denuncia y reivindicación

  • Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de esta injusticia que supone tantas muertes para llegar a Europa.
  • Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta vergüenza, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.
  • Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.
  • Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.
  • Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana y nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación.

    ¡No más muertes para llegar a Europa! ¡Por un Mediterráneo solidario!

VISITA INSTITUCIONAL A LOS DISPOSITIVOS DE NÍJAR

En el día de hoy nos han visitado la Directora General de coordinación de Políticas Migratorias Maria del Mar Ahumada, el Delegado de Turismo, Regeneración, Justicia y Administración Local, Jose Luis Delgado y la concejal de Nijar de Servicios Sociales de Níjar, Victoria Calatrava, a los dispositivos de acogida y centro de día de San Isidro.

En concreto han visitado la casa que tenemos del proyecto ÍTACA JÓVEN donde pudieron conocer a uno de los chicos procedente de centro de menores que ya ha cumplido la mayoría de edad, ya que los demás estaban trabajando en ese momento. De todas formas y pudieron conocer de primera mano la situación de este proyecto que desarrolla ALMERÍA ACOGE, las dificultades que tienen al salir de las casas de acogida al cumplir los 18 años y el proceso que siguen a partir de ahí.

Por otro lado también han conocido un asentamiento, El NAZARENO. Han podido conocer también cómo son los asentamientos, la situación que viven las personas que lo habitan y la problemática que hay. Se ha hablado sobre posibles soluciones para el alojamiento alternativo a los asentamientos.

Creemos que es bueno que desde las instituciones se conozcan estas realidades, para que cuando se hagan politicas migratorias sean desde la realidad y no desde los tópicos que muchas veces se presentan.

Agradecemos la visita y el que hayan pensado en nosotros para conocer estas situaciones. Esperamos que esto anime a políticas activas donde se facilite la vida a estas personas, que fundamentalmente lo que buscan es una vida digna y dinero para sus familias.

NUEVO CURSO, NUEVOS MUERTOS

Hoy, nueva y trágicamente nos volvemos a reunir para darles voz a esas 15 personas que el pasado 3 de septiembre desaparecieron en el mar Mediterráneo intentando cruzar el estrecho.

Desde que empezó el nuevo año, se cifra en 174 el número de personas que han dejado su vida cerca de nuestras costas, más de 900 en el Mediterráneo. Y quizás sea mayor el número ¡cuántos habrán muerto que ni habrán sido contabilizados!

Estas personas por las que nos reunimos –las 15, las 150, las 1500…, las pobres, las que viajan en patera o cruzan un río- sufren una triple muerte: la muerte física anegadas, desaparecidas en el mar Mediterráneo, la muerte por indiferencia y la última, la muerte por olvido…. Todas ellas crueles y terribles. La primera, por lo obvio, por la no  vida; la segunda, la indiferencia que proviene de gobiernos y de civiles -de los que nacieron en el lado bueno del  mundo- y, la tercera, fruto de la indiferencia: el olvido, que nos deshumaniza.

¡Ante estas muertes nos rebelamos!

Nosotros nos rebelamos contra la indiferencia y el olvido. Nos reunimos para gritar en silencio ¡Basta ya de tanta muerte!. Para gritar en silencio que no queremos gobiernos indiferentes a la muerte de seres humanos. Gobiernos que en vez de buscar una solución a la tragedia, sólo piensan en cómo frenar lo irrefrenable, el viaje que ha acompañado al ser humano a lo largo de su historia en busca de un futuro mejor, de unas mejores condiciones de vida ¿o es que uno puede pensar que el que arriesga su vida en el mar lo hace por gusto?; recordemos que la migración ni es nueva, ni podemos verla como una amenaza, sino el instinto de supervivencia. Para gritar que tampoco queremos ser esos civiles, personas como nosotros, que miran para otro lado; esas personas que vemos pasar cerca de nosotros cada vez que nos reunimos, que leen nuestra pancarta, que quitan la mirada y que, en definitiva, pasan de largo para que la vergüenza no les toque.

Hoy nos reunimos para dar voz a todos seres humanos que están silenciados por la muerte en el mar. Hoy nos reunimos para que estas 15 personas no pasen a ser una cifra más en una estadística.

En el silencio, huiste.

En el silencio, desapareciste tú, el pobre, el ilegal, el sin rostro, el sin nombre…

En el silencio, el mar hunde las esperanzas y las ilusiones

En el silencio, el mar se traga nuestra humanidad

(Margarita Asensio)

Una vez más recurrimos a la poesía de Pilar del Río “Mi hijo muere cada tarde en el mar”.

Y juntos proclamamos nuestra denuncia y reivindicación

  • Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de esta injusticia que supone tantas muertes para llegar a Europa.
  • Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta vergüenza, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.
  • Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.
  • Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.
  • Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana y nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación.

¡No más muertes para llegar a Europa!. ¡Por un Mediterráneo solidario!