Hace unos días escribíamos sobre la cabalgata de Reyes de Almería, donde decíamos que un grupo de personas, a pesar del frio y de las inclemencias del tiempo, se quedaron en la cabalgata para hacer felices a los demás, especialmente a los y las más pequeñas.
En este sentido queremos poner algunos nombres, este año queremos resaltar especialmente la figura de Malika. Ella lleva saliendo en la Cabalgata desde que Almería Acoge empezó a colaborar con el Ayuntamiento de Almería hace mas de 20 años. Este año ha estado bastante enferma, le han tenido que hacer una operación de corazón y a pesar de todo eso, tenía claro que como todos los demás años, iba a participar, ha realizado todo el recorrido sin importarle la lluvia, ni el frio, es una referente, es conocida y querida por todas y todos los pajes que salen en la Cabalgata.
Es una persona que nunca se ha rendido, que siempre ha luchado y que es feliz viendo las sonrisas de las demás personas, por eso la cabalgata es importante para ella. También es muy importante para nosotros porque nos anima a encontrarnos con personas que a pesar de las dificultades son capaces de seguir adelante y de ayudar a otras personas.
AÑO 2024AÑO 2024AÑO 2022
Queremos agradecer especialmente a Malika, por participar año tras año, a pesar de las dificultades personales y las climáticas, su ejemplo nos sirve para descubrir cómo hay personas que se esfuerzan para que las circunstancias que les ocurren en su vida no sean las que marquen lo que hacen y cómo lo hacen.
Las personas y sus historias cuentan y nos cuentan, nos hablan de esfuerzo, de superación, de ilusión, nos deben ayudar a reflexionar cómo vemos a los demás y que hay detrás de cada persona.
No te he hecho ni celeste ni terreno, ni mortal ni
inmortal, con el fin de que tú, como árbitro y
soberano artífice de ti mismo, te informases y
plasmases en la obra que prefirieses. Podrás
degenerar en los seres inferiores que son las
bestias, podrás regenerarte, según tu ánimo, en
las realidades superiores que Son divinas.
Discurso sobre la dignidad del hombre. Pico della
Mirandola (1463 -1494)
En las últimas semanas se ha resaltado en la prensa cosas como que según un informe elaborado por el Consejo Económico y Social, encargado por el Ministerio de Inclusión, en el que se afirma que “la inmigración se ha convertido en un factor estructural para el crecimiento económico, el sostenimiento del sistema de bienestar y la cohesión social”.
En el mismo sentido, “los empresarios catalanes reclaman un pacto para favorecer la inmigración y dicen “la necesitamos como el aire para respirar”. Decían: “sin inmigración no podemos producir, no somos competitivos”, es decir, la inmigración es necesaria para la sostenibilidad de la sociedad del bienestar.
Al mismo tiempo, no voy a extenderme en recordar que desde hace bastante más tiempo, los mensajes contra la inmigración, en todo el mundo, triunfan; la Unión Europea copia y blanquea lo que afeaba en Meloni hace un par de años, y da pasos para la externalización de fronteras, y pacta con países «claramente» protectores de los DDHH como Mauritania (por otro lado, a quien le importa) el encarcelamiento de migrantes (oficialmente en centros de retención). Los migrantes son estigmatizados como responsables de todos los males desde Europa hasta Chile, por todas aquellas personas patriotas como les gusta llamarlas a Donald Tramp, imponiéndose el discurso del rechazo, del miedo, del racismo, del odio.
Sin embargo, no es contradictorio con esa necesidad que tenemos de mantener el sistema, simplemente muestra de manera muy clara la situación que estamos viviendo: hasta el discurso antirracista se centra en la aportación económica.
¿y qué pasa con quienes no pueden aportar al dios mercado?, ¿qué pasa con quienes no son productivos?
En Atapuerca, Miguelón (por Miguel Indurain) son los restos de un individuo varón, de hace unos 400.000 años (heidelbergensis, humanos arcaicos antecesores de neandertales y de sapiens) llegó a casi 40 años, una edad avanzada para su especie, que sobrevivió con graves heridas, incluyendo fracturas múltiples y un trauma craneal que le dejó sordo y ciego. Su supervivencia solo fue posible si su grupo social lo cuidaba, lo alimentaba y le proporcionaba refugio. Es una de las primeras muestras de cuidados que se tienen entre la especie “humana”. Se pone como ejemplo de que en Atapuerca había una civilización incipiente, una sociedad con valores, con normas… hasta poco antes o incluso al mismo tiempo se practicaba el canibalismo (hay muestras también de eso) seguramente poco antes de ser tan civilizados.
Chabola de «Mamadou»Chabola de «Mamadou»
Mamadou ( que no se llama Mamadou) tiene algo más de 40, estaba trabajando en la comarca de Níjar, en un invernadero, claro; vivía en una pequeña chabola junto al cruce de Balsa Seca, cerca de San Isidro. Una noche, volviendo del trabajo en su bicicleta un coche lo atropelló y se dio a la fuga (fue localizado después). Lo encontró la Guardia Civil tirado en la cuneta, las piernas rotas (tibia y peroné) no podía moverse. Fue trasladado al hospital y operado. Tras un tiempo en recuperación, aún sin ninguna movilidad; el hospital Torrecárdenas estuvo moviendo cielo y tierra para encontrar dónde alojarlo porque debía darle el alta hospitalaria; no se encontró ningún recurso de acogida, sobre todo por la situación de dependencia de esta persona que no podía moverse. Al final una ambulancia lo dejó en su chabola; lo encontramos al día siguiente tumbado, sin agua, sin comida, sin analgésicos. No tuvo la suerte de Miguelón 400.000 años después, no le llegó la civilización.
Seguramente Pico della Mirandola tendría muy claro que se trata de dos ejemplos de la opción posible que dejó escrita en aquel texto, la de Miguelón es la que prefiere acercarse a “ las realidades superiores que son divinas”, la segunda la que opta por “degenerar en los seres inferiores que son las bestias”, y eso que, personalmente, reconozco “bestias” bastante más amables que personajes tipo Albiol.
Cierto, tenemos una civilización, unas normas, derechos y deberes (que deben compensarse) unos valores, pero como decía Irene Vallejo el pasado día 14 en El País “sin la coherencia de los hechos no sobreviven los derechos”. Los podemos escribir con tinta de oro, pero no sirven de nada si no son protegidos, y si la motivación para protegerlos es la aportación al sistema capitalista, mal vamos. Yo al menos pienso que los valores, como los derechos fundamentales, no pueden basarse en un % de beneficio.
Una muestra, Ismael Diallo, llegó a las costas de Almería en una patera y ahora nos enriquece con un libro de poesías que titula “Me trajo el mar”, que presentó el día de las migraciones en la Biblioteca Pública Francisco Villaespesa. La poesía, como ejemplo, tiene un valor enorme que no puede pagarse en monedas.
El cuidado, la poesía, la protección, la ternura, la acogida, el amor, la gratuidad, el arte, la convivencia, el intercambio… nos aportan valores tan importantes que son clave para reconocernos humanos. La persona que nos necesita y solo puede aportar su pura necesidad de ser acogida, ser refugiada, por ejemplo, esa persona nos entrega la ocasión de humanizarnos, de huir del canibalismo, de escapar de comernos unos a otros a bocados de aranceles y amenazas; nos facilitan ser civilizados, plenamente humanos.
El día 18 se celebra el Día Internacional de las Personas Migrantes. Como dicen en las Naciones Unidas «es una buena ocasión para resaltar las inestimables contribuciones de millones de migrantes en todo el mundo», pero sobre todo para destacar las causas que hacen que millones de personas se vean obligadas a migrar en todo el mundo.
Nosotros hemos tenido la suerte de contar este año con Ismael Diallo, un Guineano, de Guinea Conakry, que desde pequeño ha sabido «dibujar con palabras», que desde pequeño ha ayudado a otras personas a expresarse con palabras, que hoy sigue dibujando su vida, la vida, con sus palabras, con las palabras.
Ha sido una experiencia fascinante, con una presentación ejemplar por parte de una persona destacada de la literatura almeriense como es Francisco Martínez, comprometido y siempre activo, que ha sido capaz de ahondar y desentrañar al autor, con un público, mayoritariamente de personas migrantes que poco a poco ha ido profundizando en el autor y en el libro. Un traductor de lujo, Adama, que le ha dado corazón a los poemas en un idioma, el bámbara, para los que nos estaban escritos.
Y, por supuesto, un autor que nos ha regalado no sólo la presentación de su libro sino la presentación de una vida, de unos sueños, de la dificultad para cumplirlos y del tesón que hay que poner para no quedarse quieto en un camino lleno de dificultades, especialmente el alejarse de su familia, no tanto de su tierra porque siempre se ha sentido un ciudadano del mundo. Un regalo, la frescura de sus poemas y la presentación de los mismos.
Se acaba el año, un año complejo, con muchas dificultades pero también con muchas oportunidades de desarrollar nuestro trabajo y colaborar para que muchas personas mejoren su situación. Se acaba un año, es tiempo de reflexión pero también de celebración.
Ha sido un año donde hemos desarrollado más de 20 programas diferentes, desde programas de acogida hasta programa de sensibilización, pasando por programas que desarrollamos con fondos propios como es el taller de tareas, el proyecto de codesarrollo, los talleres con mujeres, etc. Programas a los que intentamos darle la vuelta para que sean más eficaces para las personas con las que trabajamos, pero sobre todo que sean más cercanos, más sensibles.
En este ambiente nos hemos juntado parte de las personas que formamos la asociación, una mezcla heterogénea de voluntari@s y trabajador@s para celebrar el final del trimestre y del año y compartir, de forma desenfada los logros y dificultades del curso. Una fiesta divertida y cálida donde relajarnos de las duras tareas y compartir un rato.
Al final hemos tenido una Asamblea donde hemos profundizado en nuestra relación con la Federación Andalucía Acoge – El Sur Acoge, analizando sobre cuál pensamos que debe ser el camino a seguir dentro de ella. También hemos trabajado sobre nuestros retos de futuro, destacando una vez más el compromiso con las personas más vulnerables, independientemente de u origen, religión, sexo u otro factor, nuestro compromiso con dar alternativas a situaciones cómo es el caso de los asentamientos, la falta de vivienda, el futuro para la juventud, los discursos de odio y cómo atajarlos, etc. La sensación al finalizar la Asamblea es que queda mucho por hacer pero que estamos en el buen camino, haciendo un trabajo serio e intenso.
Todo esto es posible gracias a los soci@s que forman la Asociación, trabajador@s y voluntari@s que hacen día a día posible desarrollar el trabajo, pero, sobre todo, a las personas que siguen confiando en nosotros y que siguen viniendo a nuestra Asociación.
En Almería Acoge estamos de enhorabuena y damas las gracias a la Subdelegación de Gobierno por el reconocimiento a una vida que se le ha hecho a Juan Miralles, nuestro director y presidente de Fundación Cepaim. Creemos que es un reconocimiento justo. Juan ha dedicado su vida a los demás, en especial a las personas más vulnerables, sin importar horarios, esfuerzos, disgustos, dificultades, …, ha puesto su vida en esta tarea y lo ha hecho con corazón, con auténtica vocación. Lo ha hecho además sin estridencia, con convicción, sin rechazar a nadie pero con unas ideas muy claras que se reflejan en su propia vida.
Él sabe que no está solo, que detrás hay muchas personas que lo acompañan en ese camino, en su quehacer. Personas a las que ha enseñado que merece la pena el esfuerzo y la dedicación. Personas que nos hemos emocionado con este reconocimiento porque nosotros lo conocemos, pero también porque es bueno que las buenas personas sean reconocidas.
Algunas han escrito cosas muy bonitas como esto que ha escrito un compañero: «Una vez más, los sucesos que vivimos en el día a día nos hacen recapacitar y darnos cuenta de lo maravilloso que es tener cerca a una persona con tanto bagaje y experiencia. A veces, basta el simple intercambio de unas frases para enriquecer el alma, para abrir los ojos y aprender algo nuevo sin siquiera proponérnoslo. Por eso, hay que aprovechar cada ocasión, cada pequeño instante, para que este encuentro de riqueza se nutra y crezca. Porque compartir con alguien así no solo ilumina el momento, sino que deja esa sensación bonita de haber recibido algo valioso, algo que se queda y acompaña.»
Almería Acoge participa en el programa “Gente Maravillosa” para visibilizar el racismo hacia jóvenes migrantes.
El experimento social fue grabado el pasado 12 de agosto en AquaVera (Vera, Almería), con la participación activa de jóvenes del servicio de inserción sociolaboral gestionado por la Junta de Andalucía y cofinanciado por el FSE+.
Desde Almería Acoge queremos compartir una experiencia que ha sido tan intensa como significativa. El pasado martes 12 de agosto participamos en la grabación del programa Gente Maravillosa, de Canal Sur, con una cámara oculta protagonizada por jóvenes migrantes.
La grabación tuvo lugar en el parque acuático AquaVera, en el municipio de Vera, y consistió en una recreación basada en situaciones reales de discriminación que viven muchos jóvenes migrantes a diario. Nuestros chicos, acompañados por una educadora del equipo, se integraron en el experimento social interpretando a jóvenes recién llegados a España, que apenas dominan el idioma y que se encuentran en una visita organizada por su centro con vistas a realizar prácticas laborales en el parque.
A lo largo de la escena, un matrimonio ficticio —interpretado por actores profesionales— protagoniza una situación de acoso verbal, racismo y criminalización, llegando a acusar a los jóvenes de “colarse” en el parque y de haberles robado el móvil, simplemente por su origen y por la molestia que les supone su presencia en un espacio público.
Para nuestros jóvenes, la experiencia fue mucho más que una grabación: fue una oportunidad para denunciar la violencia simbólica que aún persiste en demasiados espacios, pero también una forma de resignificar su lugar en la sociedad. Ellos no solo interpretaron el papel de víctimas de un sistema que muchas veces los margina: se convirtieron en agentes de cambio, en relatores de su propia historia, en protagonistas de una denuncia colectiva.
Como asociación, valoramos muy positivamente esta colaboración con Gente Maravillosa. El programa no solo se ha consolidado como una herramienta audiovisual de sensibilización, sino que nos ofreció un espacio para mostrar que detrás del término “mena” hay historias de superación, esfuerzo, humanidad y dignidad.
Las conclusiones las dejamos para cuando se difunda el programa en televisión, ya avisaremos de la fecha.
Esta participación forma parte de nuestro compromiso con una inserción social integral, que no se limita a lo laboral o educativo, sino que abarca también la participación activa y protagonista, el empoderamiento y la convivencia intercultural.
Los jóvenes que han participado forman parte del “servicio de 300 plazas de inserción laboral y social para jóvenes inmigrantes que hayan estado bajo las medidas del sistema de protección de menores de la Junta de Andalucía o jóvenes inmigrantes en situación de gran vulnerabilidad” que gestiona nuestra asociación en la provincia de Almería.
En los últimos meses, algunos partidos políticos han radicalizado su discurso buscando un enemigo común. La portavoz del grupo de ultraderecha, Rocío de Meer, ha declarado públicamente su intención de deportar a todo inmigrante, independientemente de su situación administrativa en España, a su país de origen si no se adapta a unos cánones que solo su partido establece. Unos cánones para ser un «correcto español», según su ideología.
Por eso quiero compartir una reflexión de una persona de 26 años que encontré en redes sociales. Una reflexión que me hizo pensar:
“Fue a la edad de catorce o quince años cuando tropecé a menudo con la palabra ‘moro’, ‘marroquí’, especialmente en conversaciones de tema político. Por aquel entonces experimentaba un ligero rechazo, no pudiendo desprenderme de ese sentimiento desagradable que siempre me sobrecogía cuando se resolvían conflictos de índole religiosa. La cuestión, por entonces, no tenía para mí otras connotaciones. En la ciudad de Jaén vivían muy pocos moros. Con el curso de los lustros se habían europeizado exteriormente, aparentando ser uno más; personalmente llegué a considerarles españoles. Lo absurdo de esta ilusión me era poco claro, ya que por aquel entonces veía en el aspecto religioso la única diferencia peculiar. Que por eso se persiguiese a los moros y moras, como creía yo, hizo que muchas veces aborreciera los comentarios desfavorables que se hacían de ellos. De la existencia de un odio sistemático contra el marroquí no tenía yo todavía ninguna idea en absoluto.
Así llegué yo a Almería. Ciertamente, ahora ya no se trataba de españoles con una creencia religiosa especial, sino de un pueblo diferente en sí, por lo que yo no podía dudar más; pues desde que me empezó a preocupar la cuestión marroquí, cambió mi primera impresión sobre Almería. Por doquier veía moros, y cuanto más los observaba, más se diferenciaban a mis ojos de las demás gentes. Sobre todo, en el centro de la ciudad y en la parte norte, se notaba la presencia de un verdadero enjambre de individuos que, por su aspecto externo, en nada se parecían a los españoles.
Fuente RTVE
Hasta aquí la cita. ¿no es para tanto, verdad? Salvo que se revele ahora que no esto no lo escribió ningún joven en redes sociales…
Pues esta reflexión no la escribió ningún joven en redes sociales. Fue escrita hace casi un siglo por una persona que cambió la historia del mundo para siempre. Se trata de dos extractos de un famoso libro publicado en 1925 por Adolf Hitler: Mein Kampf, concretamente de las páginas 38 y 41 (Hitler, 2013, pp. 38–41). Lo único que hice fue sustituir las palabras “judío”, “judaísmo” y “sionismo” por otras más actuales como “marroquí” e “islam”, además de cambiar las ciudades originales (Viena y Múnich) por Jaén y Almería.
¿Ahora qué opinas?
¿De verdad no nos damos cuenta de la deriva ideológica a la que nos están arrastrando ciertas personas y partidos? Se han quitado la careta, y están dejando claro que no son tan distintos a los nazis antisemitas que definían quién merecía vivir o ser parte del país.
Fuente RTVE
Ellos ponen los criterios, los principios y las doctrinas. Quien no piense como ellos es automáticamente un enemigo: comunista, woke, feminista, rojo… cualquier apelativo que te convierta en objetivo. Su programa se basa en el odio. En señalar a un “otro”. En fijar una diana. En pintar un punto rojo sobre la nieve, fácil de identificar para quien tiene buena vista, pero poca visión.
Esta estrategia política está de actualidad, pero también es muy antigua Por eso debe compararse con la historia. Porque siento que cada día estamos más cerca de repetirla.
Hitler, A. (2013). Mi lucha. Sigfrido Casa Editora. (Obra original publicada en 1925)
Texto original
Fue a la edad de catorce o quince años cuando tropecé a menudo con la palabra «judío», especialmente en conversaciones de tema político. Por aquel entonces, experimentaba un ligero rechazo, no pudiendo desprenderme de este sentimiento desagradable que siempre me sobrecogía cuando se resolvían conflictos de índole religioso.
La cuestión por entonces no tenía pues para mí otras connotaciones.
En la ciudad de Linz vivían muy pocos judíos. Con el curso de los siglos se • habían europeizado exteriormente, aparentando ser uno más; personalmente llegué a considerarles alemanes. Lo absurdo de esta ilusión me era poco claro, ya que por aquel entonces veía en el aspecto religioso la única diferencia peculiar. Que por eso se persiguiese a los judíos, como creía yo, hizo que muchas veces aborreciera los comentarios desfavorables que se hacían de ellos.
De la existencia de un odio sistemático contra el judío no tenía yo todavía ninguna idea en absoluto.
Así, llegué yo a Viena. Página 38
Ciertamente ahora ya no se trataba de alemanes con una creencia religiosa especial, sino de un pueblo diferente en sí, por lo que yo no podía dudar más; pues desde que me empezó a preocupar la cuestión judía, cambió mi primera impresión sobre Viena. Por doquier veía judíos, y cuanto más los observaba, más se diferenciaban a mis ojos de las demás gentes. Sobre todo en el centro de la ciudad y en la parte norte del canal del Danubio, se notaba la presencia de un verdadero enjambre de individuos que, por su aspecto externo, en nada se parecían a los alemanes.
Y si aún hubiese dudado, mi vacilación habría tenido que llegar definitivamente a su fin debido a la actitud de una parte de los judíos mismos.
Un gran movimiento surgió entre ellos, no poco extenso en Viena, que tendía a establecer claramente el carácter racial del judaísmo. Este movimiento era el sionismo.
Aparentemente sólo un grupo de judíos apoyaba tal actitud, en tanto que la mayoría la condenaba. Sin embargo, al analizar las cosas de cerca, esa apariencia se desvanecía, descubriéndose un mundo de malvados subterfugios —por no decir de mentiras— que se habían originado por razones de pura conveniencia. Los llamados «judíos liberales» rechazaban a los sionistas, no porque ellos no se sintiesen igualmente judíos, sino únicamente porque éstos hacían una pública confesión de su judaísmo, algo que ellos consideraban inconveniente y hasta peligroso. Página 41
Versión adaptada
Fue a la edad de catorce o quince años cuando tropecé a menudo con la palabra “moro”, “marroquí”, especialmente en conversaciones de tema político. Por aquel entonces, experimentaba un ligero rechazo, no pudiendo desprenderme de este sentimiento desagradable que siempre me sobrecogía cuando se resolvían conflictos de índole religioso.
La cuestión por entonces no tenía pues para mí otras connotaciones.
En la ciudad de Jaén vivían muy pocos moros. Con el curso de los lustros se habían europeizado exteriormente, aparentando ser uno más; personalmente llegué a considerarles españoles. Lo absurdo de esta ilusión me era poco clara, ya que por aquel entonces veía en el aspecto religioso la única diferencia peculiar. Que por eso se persiguiese a los moros y moras, como creía yo, hizo que muchas veces aborreciera los comentarios desfavorables que se hacían de ellos.
De la existencia de un odio sistemático contra el marroquí no tenía yo todavía ninguna idea en absoluto.
Así, llegué yo a Almería.
Ciertamente ahora ya no se trataba de españoles con una creencia religiosa especial, sino de un pueblo diferente en sí, por lo que yo no podía dudar más; pues desde que me empezó a preocupar la cuestión marroquí, cambió mi primera impresión sobre Almería. Por doquier veía moros, y cuanto más los observaba, más se diferenciaban a mis ojos de las demás gentes. Sobre todo, en el centro de la ciudad y en la parte norte de ciudad, se notaba la presencia de un verdadero enjambre de individuos que, por su aspecto externo, en nada se parecían a los españoles.
Y si aún hubiese dudado, mi vacilación habría tenido que llegar definitivamente a su fin debido a la actitud de una parte de los moros mismos.
Un gran movimiento surgió entre ellos, no poco extenso en Almería, que tendía a establecer claramente el carácter racial del islam. Este movimiento era el islamismo.
Aparentemente sólo un grupo de moros apoyaba tal actitud, en tanto que la mayoría la condenaba. Sin embargo, al analizar las cosas de cerca, esa apariencia se desvanecía, descubriéndose un mundo de malvados subterfugios —por no decir de mentiras— que se habían originado por razones de pura conveniencia. Los llamados «moros buenos» rechazaban a los islamistas, no porque ellos no se sintiesen igualmente marroquí, sino únicamente porque éstos hacían una pública confesión de su islamismo, algo que ellos consideraban inconveniente y hasta peligroso.
Una tarde mas paseamos otra compañera y yo por las calles del Puche, barrio marginado donde los haya, sus vecinas y vecinos son puros supervivientes, a veces parece un “no lugar”, un espacio impersonal, no habitable, donde las relaciones son tensas en un entorno profundamente hostil. Pero si ahondas más descubres la amabilidad de sus gentes, su sonrisa cuando los miras a los ojos, sus ganas de saludarte, de contarte sus problemas, de recibirte en sus casas, la alegría de los chiquillos que se aprietan a ti en un abrazo inmenso cuando te ven.
Entre las gentes que encontramos cada tarde, están los vendedores del “mercado de subsistencia” (nombre inventado por nosotras), que a partir de media mañana va poco a poco ocupando una calle del barrio. No es un mercado nuevo, llevamos trabajando en él desde que llegamos al barrio allá por el año 2009, en este tiempo ha pasado por muchas fases y ha ocupado muchos espacios distintos, pero siempre ha tenido un elemento que ha permanecido: la marginación, las personas que lo conforman son los mas empobrecidos entre los empobrecidos, los mas excluidos entre los excluidos, cuando esta tarde, le preguntamos a un chico nuevo que qué tal está, su respuesta lo dice todo: “”no papeles, no donde dormir, no trabajo, solo, no muy bien”.
Algunos tienen una botella de cerveza a su lado, otros tienen los ojos, la lengua y la cabeza nublados por lo que se han fumado o han esnifado, si alguien se escandaliza por esto es que nunca ha bajado al barro de la exclusión real. Cuidado, esas personas son tan dignas como cualquiera que esté leyendo este texto. Muchos otros tienen el rostro serio y la mirada perdida en el horizonte, un horizonte que no ven nada claro.
Son personas que solo pueden vivir el momento, porque si piensan en “después”, solo ven su propio fracaso y eso les duele, para huir de ese dolor, huir de su vida sin horizonte y ahuyentar sus miedos es por lo que algunos han buscado adormecerse con adicciones y otros se refugian en vivir solo el momento: “si vendo algo ahora podré comer hoy”, no hay un “y si no vendo nada…”porque ese es el “después” al que no saben cómo enfrentarse.
Esta tarde sin embargo, asistimos a un acontecimiento que ya nos habían dicho que pasaba pero que no habíamos visto aún, se trata de la llegada de la policía local escoltando por delante y por detrás a un camión de la basura y una brigada de limpieza, es una “procesión surrealista”, hay chicos que salen inmediatamente corriendo recogiendo las pocas pertenencias que tienen sobre la acera para que no se las tiren al camión de basura, otros sin embargo se quedan bloqueados y siguen organizando sus pertenencias como si así fueran a ser respetadas, nada mas lejos de la realidad, todo lo que hay sobre la acera es recogido por la brigada de limpieza y echado al camión, objetos y personas son tratados como si fueran basura y es curioso, el barrio entero necesita una limpieza a fondo pero solo limpian el mercadillo.
Ni mi compañera ni yo entendemos por qué la única respuesta del Ayuntamiento ante estas situaciones de exclusión es tratar a las personas como basura. Al menos es la única que nosotras y los vecinos y vecinas con las que hablamos hemos visto.
Se necesita una respuesta mas creativa, mas compleja, mas valiente y me atrevería a decir mas humana, pero nunca cuando hemos hablado del Mercadillo con las instituciones han querido que nos sentemos a buscar una respuesta realmente alternativa y humana.
Nosotras seguiremos paseando cada tarde por las calles del Puche, visitando sus casas, acogiendo los saludos de los chiquillos, nos seguiremos pasando a escuchar a los vendedores del Mercadillo, queremos escuchar la alternativa que ellos ven, queremos que sientan que no son basura, queremos recordarles que son personas y que tienen un futuro, aunque ahora no sean capaces ni de mirarlo.
Es tiempo de Ramadán, tiempo de Cuaresma, tiempo de primavera, tiempo de fraternidad.
Soy una cristiana a la que una musulmana ha invitado en su mes santo a una “ruptura del ayuno”, los musulmanes, durante el mes de Ramadán, no comen ni beben desde el amanecer hasta el atardecer, ella es una mujer madura, no llega aún a los 60 pero su rostro muestra a una anciana, su vida no ha sido fácil antes ni está siendo fácil en esta etapa tampoco, vive sola en una infravivienda, una habitación sin mas ventilación que la puerta, un lugar oscuro, donde nunca llega el sol, en medio de un barrio lleno de pobreza y marginación.
No tiene trabajo desde hace años, hace tiempo que nadie la contrata, quizás porque parece muy mayor, para sobrevivir vende lo que puede en un mercadillo desregulado, en el que es la única mujer, ha tenido que vencer muchos obstáculos culturales y sociales para poder hacerlo, no es fácil mantenerse en este espacio de hombres donde la desestructuración está tan presente como la lucha por la supervivencia y la dignidad.
Es pobre y está sola y esa soledad y pobreza le pesan como una losa, no sonríe, no es feliz y ahora en Ramadán cada atardecer tiene que romper el ayuno sola, es un pan amargo.
Esta noche es diferente, ha decidido decir basta y me ha invitado a una ruptura, no sé muy bien porque, yo solo me he dedicado a hablar con ella en el mercadillo de vez en cuando, alguna vez incluso me he sentado con ella sólo para charlar un rato y escuchar sus quejas, su rabia, sus sueños.
Ella dice que ha tenido suerte porque he asistido, pero soy yo la que esta noche ha tenido mucha suerte. En este encuentro descubro que esta comida compartida y repartida desde la pobreza, pero también desde la acogida y desde el cariño, es una comida que nos permite aceptarnos en la diferencia, acercarnos a Dios desde dos experiencias religiosas distintas, pero que no nos separan. Es una comida de hermandad.
La comida se convierte para mí en un sacramento, esta cena ha sido un regalo en esta Cuaresma, la oportunidad de vivir un Jueves Santo de verdad, la mesa estaba preparada con un cuidado exquisito y la alegría que ella trasmitía era contagiosa, mientras esperábamos los últimos minutos para empezar a comer, no paraba de bromear, había sacado a pasear la niña que lleva dentro y éramos muy felices.
Gracias hermana mujer, por tu lucha en medio de las dificultades y de la soledad, por seguir adelante a pesar de todo, tu testimonio me ayuda a no rendirme.
Gracias hermana pobre, por ayudarme a comprender la dignidad en medio de esa pobreza, la importancia del compartir, aunque se tenga poco o casi nada, la alegría de ese compartir, gracias por abrirme tu casa pobre que me ayuda a darme cuenta de cuantas cosas acumulamos, cuánto nos sobra, me recuerda que en medio de todo lo que acumulo lo que debo buscar es a las personas.
Gracias hermana musulmana, por compartir conmigo tu comida, por ayudarme a acercarme a ti.
¡Qué tiempos!, dicen los viejos, ¡qué tiempos nos ha tocado vivir!. Para los jóvenes, sin embargo, no son ni buenos ni malos tiempos, viven desde la inmediatez de las redes sociales, viven desde la felicidad o la desesperación, a veces sin cerebro, que da sentirse aceptado o rechazado socialmente.
A todos, la sociedad nos hace vivir solo el momento, lo efímero, vidas hechas de instantes, sin pasado y sin futuro, vivimos desde el mí, me, conmigo mismo, del individualismo salvaje y desde la convicción del “consumes, luego existes”.
Sin embargo, para los que vivimos en los márgenes de la sociedad, para los excluidos, para las excluidas, todo se complica un poco mas porque queremos vivir como los demás, en lo efímero, en la inmediatez y la aceptación en las redes sociales, estamos empapados hasta los huesos, como el resto, de individualismo y de consumismo, pero nos sabemos al margen, expulsados de una sociedad a la que queremos pertenecer pero que no nos quiere.
En mi barrio hace años que dejó de entrar el autobús y ya nadie pelea por él, en mi barrio mi hija se puso muy enferma a las 3 de la mañana y al llamar a la ambulancia me contestaron que, si tenia coche que la llevara a urgencias, que a esa hora la ambulancia no iba a venir al barrio, me sentí vulnerable y desprotegida, la vida de mi hija parece que no vale nada porque vivo en la exclusión, y la rabia me sube un instante hasta el corazón y la mente, me sube hasta la garganta y grito, pero mi grito está solo, y se queda ahogado en la desesperanza.
Estoy cansada de sentirme marginada, estoy cansada de sentir que mi vida no va a cambiar, cansada de escuchar a mis vecinas decir que no tienen suerte, quizás no es suerte lo que necesitamos, sino esperanza. Estoy cansada de aprender la desesperanza, necesito aprender a tener esperanza en mi vida, necesito ver esperanza en los ojos de mis vecinos y vecinas, en los ojos de los jóvenes y de los niños.
Necesito que comience un tiempo de esperanza, de esa esperanza que no sea una mera ilusión, que no sea como un cohete que estalla en el cielo y por un instante ilumina nuestras vidas con múltiples colores, necesito de esa esperanza que nos anime a seguir adelante, buscando nuevos caminos, nuevas formas de vivir y convivir, de esa esperanza que me hace sentirme y ser persona, y además persona junto a otros.
Necesito sentirme esperanzada, sentir que podemos hacer entre todos que en mi barrio las cosas cambien. Que entre el autobús al barrio, que recojan la basura, que tengamos al menos papeleras, que venga la ambulancia cuando hay una urgencia, sea la hora del día o de la noche que sea. Sentir que mi hija puede tener un futuro mas allá de la pantalla del móvil y de la basura de la calle, mas allá del consumismo y de las fakenews, mas allá de sentirse excluida porque es pobre, o porque es inmigrante.
Sí, inequívocamente, lo que yo necesito, lo que mi hija necesita, lo que necesita mi barrio es ESPERANZA.
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