Vivimos en un mundo complicado, en un tiempo a veces despiadado, puede que ni mas ni menos que otros tiempos, pero este es el tiempo que nos toca vivir.
Podemos vivir nuestro tiempo sin apenas profundizar, deslizándonos solo por la superficie, consumiendo e intentando sobrevivir, buscando desesperadamente la “felicidad” desde mi yo, desde lo individual, desde lo que consumo.
O podemos vivir nuestro tiempo intentando bucear en las profundidades del momento que nos toca vivir, mirando mas allá de nosotros mismos, encontrando momentos de “felicidad” en el encuentro con el otro, en la convivencia cotidiana, en los momentos de solidaridad…
Para este segundo tipo de persona, inquieta, que no se conforma con “ir y volver entre playa y comida”, para los que lo importante no es comer sino volar, como diría Richard Bach en su libro Juan Salvador Gaviota, va dirigida la siguiente reflexión:
Os quiero contar la historia de Abuma, un joven africano, con sus propias palabras: “Soy de una zona rural de África, mi mama para desplazarse de un lugar a otro, de la casa al campo y del campo a la casa, o sea del trabajo al trabajo y vuelta al trabajo, lo hacía cuando podía en una moto, uno de esos días en los que tuvo suerte y pudo subir a la moto, siendo yo muy pequeño y cargando conmigo a la espalda, tuvo un accidente, cayó y me golpee el brazo, desde entonces mi brazo derecho no tiene mucha fuerza y es lento, yo apenas tenía unos meses y para mi no ha sido nunca mi brazo un problema.
Cuando he crecido y he visto en qué condiciones vive mi familia, sobre todo me duele las condiciones en las que vive mi madre, he decidido migrar.
Siempre se habla de lo bien que se vive y de todas las comodidades y ayudas que hay en Europa, yo creo que se lo debo a mi madre, intentar conseguir para ella una vejez tranquila, sin tener que seguir trabajando hasta la muerte y sin que le falte de nada.
El camino a Europa no ha sido fácil, pero estoy aquí, en mi país trabajaba en el campo como toda mi familia y al llegar pensé que también en Europa podía trabajar en el campo o en cualquier otro trabajo que me ofrecieran, mi brazo como ya he dicho nunca ha sido una dificultad para mí. Pero he descubierto que para los empleadores de aquí si es un problema, buscan la eficacia y la rentabilidad y yo soy mas lento, menos productivo y menos rentable que otros, así que me prueban un día o no llegan ni a probarme y ya me rechazan. Esto ha provocado que no tenga oportunidades, que este durmiendo en la calle y comiendo de la caridad, por primera vez en mucho tiempo me han hecho ver que mi brazo si es un problema, que soy un “inútil”, que no tengo nada que aportar a esta sociedad. Por eso me vuelvo a casa, he aceptado retornar, puede parecer que mi viaje ha sido un fracaso, yo creo que no, he tenido que mirarme con mi discapacidad y reconocérmela, pero también he descubierto que no es esta sociedad en la que quiero vivir, en África soy pobre pero me aceptan como soy, saben que soy mas lento, pero que trabajo bien y puedo aguantar mas tiempo.
También quiero que mi viaje le sirva a Europa, a ti concretamente que lees esto, me gustaría ayudaros a reflexionar sobre el tipo de mundo que estáis construyendo en el que quien tiene una discapacidad, o es mas lento o mas torpe no tiene ninguna oportunidad, solo vales si produces y eres rentable, no es una sociedad habitable, no al menos para todos.
Hoy, soy yo el que sobra por improductivo pero no olvides que puede que mañana lo seas tú».
No te he hecho ni celeste ni terreno, ni mortal ni
inmortal, con el fin de que tú, como árbitro y
soberano artífice de ti mismo, te informases y
plasmases en la obra que prefirieses. Podrás
degenerar en los seres inferiores que son las
bestias, podrás regenerarte, según tu ánimo, en
las realidades superiores que Son divinas.
Discurso sobre la dignidad del hombre. Pico della
Mirandola (1463 -1494)
En las últimas semanas se ha resaltado en la prensa cosas como que según un informe elaborado por el Consejo Económico y Social, encargado por el Ministerio de Inclusión, en el que se afirma que “la inmigración se ha convertido en un factor estructural para el crecimiento económico, el sostenimiento del sistema de bienestar y la cohesión social”.
En el mismo sentido, “los empresarios catalanes reclaman un pacto para favorecer la inmigración y dicen “la necesitamos como el aire para respirar”. Decían: “sin inmigración no podemos producir, no somos competitivos”, es decir, la inmigración es necesaria para la sostenibilidad de la sociedad del bienestar.
Al mismo tiempo, no voy a extenderme en recordar que desde hace bastante más tiempo, los mensajes contra la inmigración, en todo el mundo, triunfan; la Unión Europea copia y blanquea lo que afeaba en Meloni hace un par de años, y da pasos para la externalización de fronteras, y pacta con países «claramente» protectores de los DDHH como Mauritania (por otro lado, a quien le importa) el encarcelamiento de migrantes (oficialmente en centros de retención). Los migrantes son estigmatizados como responsables de todos los males desde Europa hasta Chile, por todas aquellas personas patriotas como les gusta llamarlas a Donald Tramp, imponiéndose el discurso del rechazo, del miedo, del racismo, del odio.
Sin embargo, no es contradictorio con esa necesidad que tenemos de mantener el sistema, simplemente muestra de manera muy clara la situación que estamos viviendo: hasta el discurso antirracista se centra en la aportación económica.
¿y qué pasa con quienes no pueden aportar al dios mercado?, ¿qué pasa con quienes no son productivos?
En Atapuerca, Miguelón (por Miguel Indurain) son los restos de un individuo varón, de hace unos 400.000 años (heidelbergensis, humanos arcaicos antecesores de neandertales y de sapiens) llegó a casi 40 años, una edad avanzada para su especie, que sobrevivió con graves heridas, incluyendo fracturas múltiples y un trauma craneal que le dejó sordo y ciego. Su supervivencia solo fue posible si su grupo social lo cuidaba, lo alimentaba y le proporcionaba refugio. Es una de las primeras muestras de cuidados que se tienen entre la especie “humana”. Se pone como ejemplo de que en Atapuerca había una civilización incipiente, una sociedad con valores, con normas… hasta poco antes o incluso al mismo tiempo se practicaba el canibalismo (hay muestras también de eso) seguramente poco antes de ser tan civilizados.
Chabola de «Mamadou»Chabola de «Mamadou»
Mamadou ( que no se llama Mamadou) tiene algo más de 40, estaba trabajando en la comarca de Níjar, en un invernadero, claro; vivía en una pequeña chabola junto al cruce de Balsa Seca, cerca de San Isidro. Una noche, volviendo del trabajo en su bicicleta un coche lo atropelló y se dio a la fuga (fue localizado después). Lo encontró la Guardia Civil tirado en la cuneta, las piernas rotas (tibia y peroné) no podía moverse. Fue trasladado al hospital y operado. Tras un tiempo en recuperación, aún sin ninguna movilidad; el hospital Torrecárdenas estuvo moviendo cielo y tierra para encontrar dónde alojarlo porque debía darle el alta hospitalaria; no se encontró ningún recurso de acogida, sobre todo por la situación de dependencia de esta persona que no podía moverse. Al final una ambulancia lo dejó en su chabola; lo encontramos al día siguiente tumbado, sin agua, sin comida, sin analgésicos. No tuvo la suerte de Miguelón 400.000 años después, no le llegó la civilización.
Seguramente Pico della Mirandola tendría muy claro que se trata de dos ejemplos de la opción posible que dejó escrita en aquel texto, la de Miguelón es la que prefiere acercarse a “ las realidades superiores que son divinas”, la segunda la que opta por “degenerar en los seres inferiores que son las bestias”, y eso que, personalmente, reconozco “bestias” bastante más amables que personajes tipo Albiol.
Cierto, tenemos una civilización, unas normas, derechos y deberes (que deben compensarse) unos valores, pero como decía Irene Vallejo el pasado día 14 en El País “sin la coherencia de los hechos no sobreviven los derechos”. Los podemos escribir con tinta de oro, pero no sirven de nada si no son protegidos, y si la motivación para protegerlos es la aportación al sistema capitalista, mal vamos. Yo al menos pienso que los valores, como los derechos fundamentales, no pueden basarse en un % de beneficio.
Una muestra, Ismael Diallo, llegó a las costas de Almería en una patera y ahora nos enriquece con un libro de poesías que titula “Me trajo el mar”, que presentó el día de las migraciones en la Biblioteca Pública Francisco Villaespesa. La poesía, como ejemplo, tiene un valor enorme que no puede pagarse en monedas.
El cuidado, la poesía, la protección, la ternura, la acogida, el amor, la gratuidad, el arte, la convivencia, el intercambio… nos aportan valores tan importantes que son clave para reconocernos humanos. La persona que nos necesita y solo puede aportar su pura necesidad de ser acogida, ser refugiada, por ejemplo, esa persona nos entrega la ocasión de humanizarnos, de huir del canibalismo, de escapar de comernos unos a otros a bocados de aranceles y amenazas; nos facilitan ser civilizados, plenamente humanos.
Primeros de noviembre. Como desde hace muchísimo tiempo, en estas fechas, los cementerios florecen. Las calles y las carreteras se llenan de familiares comprando flores, limpiando tumbas, recordando nombres. Es la fiesta del recuerdo, de la presencia amable de todas las ausencias que aún nos duelen o que al menos nos acercan aún sentimientos de cariño, de agradecimiento, hacia personas cercanas que han fallecido.
Ese mismo día, el de la fiesta de los fieles difuntos, “el día de los muertos” en lenguaje popular, fueron recogidas 82 personas en las playas de la provincia, 82 personas buscando una nueva vida, y una encontrando una nueva muerte.
No lo acompañaban sus familiares, no llevarán flores a su tumba. Es posible que aún no tengan claro por qué no los ha llamado para decir si ha llegado; es muy posible que teman lo peor porque otros ya habrán llamado y saben que salieron juntos. Este no, este, es solo “este”, aún no tiene nombre en el lado del mar donde quedó su cuerpo, en el lado del mapa en que le ha tocado su muerte, su vida quedó en el otro. No tiene familia aquí, no tiene flores, aquí no tendrá lágrimas, si acaso esta tarde un minuto de silencio.
Este no es un muerto de los nuestros, es un muerto ajeno, como tantos otros muertos que no murieron en su sitio, tantas personas que no poseen ni el sitio donde han muerto. Pero lo que sí es nuestro es el motivo. Lo que sí es nuestro es el por qué ha muerto. De eso no podemos extrañarnos. Por lo que ha muerto este muerto y esos otros miles que alfombran el fondo del mar o llenar nichos sin nombre, ni flores, ni lágrimas, eso si es nuestro. Porque nuestras son las fronteras que nos separan, los alambres que las coronan y las banderas que las adornan. Son nuestras las leyes que respaldan esas fronteras y los tratados internacionales que las determinan. Es nuestro el mercado que los condena a la pobreza y les compra a bajo coste las materias primas. Son nuestros la mayoría de sus gobiernos, que firman lo que les indicamos, sostienen sociedades injustas y recogen lo que les pagamos.
Así lo recoge esta poesía de Alvaro Muñoz Rodriguez
En manos de la fatalidad, una vida se apaga sin sentido,
un destino que no es propio, una muerte que no es justa.
No es la propia mano, la que aprieta el gatillo,
ni la propia voluntad, la que decide el final.
Es la culpa de otros, la que cierra los ojos,
la que silencia la voz, y apaga la luz.
Un inocente caído, en un campo de batalla,
un daño colateral, en una guerra ajena.
La impunidad reina, y la justicia se esconde,
mientras la víctima, yace en la oscuridad.
Morir por causa ajena, es una tragedia sin nombre,
un dolor que no cesa, una herida que no sana.
Pero la memoria queda, y la verdad se revela,
y aunque la vida se vaya, la justicia se busca.
Como gesto simbólico nos hemos pasado las pulseras que les ponen cuando los encierran en el Puerto durante 72 horas a las personas que si han conseguido llegar.
Desde el Círculo de Silencio de la plataforma Almería Actúa contra la pobreza y desde la convocatoria “No más muertes para llegar a Europa”, decimos no a esta farsa de mundo que acepta como daños colaterales la consecuencia de muerte de los sistemas injustos, las muertes y el sufrimiento que causa el reparto cada vez más desigual de la riqueza. Nosotras miramos de frente a esta persona, a este muerto, y a todos los hombres y mujeres que se ven obligados a buscarse la vida lejos de su tierra y de sus familias. Nosotras si notamos su ausencia. Nosotras si buscamos la justicia, y por eso hacemos un minuto de silencio…………
Y, una vez más, utilizamos la poesía de Pilar del Rio para expresar nuestra solidaridad con todas estas personas. Mi hijo muere cada tarde en el mar….
“Mi hijo muere cada tarde en el mar. Mi hijo tiene 18 años, y 26 y 32, tiene todas las edades en las que hay fuerza, pasión y deseos. Mi hijo sabe que la felicidad no consiste en tener cosas,
pero sabe que hay cosas imprescindibles. Por eso no pospone su derecho a vivir, a habitar una casa humana, a compartir con otros que siempre son sus semejantes
su historia, su tristeza y sus sueños.
Mi hijo aprendió a aprender. Mi hijo estudió,
mi hijo trabajó en todos los oficios. Mi hijo se respeta a sí mismo, respeta a su tierra, ama y es amado. Mi hijo no nació para morir en el mar, ningún Dios lo castigó,
ninguna maldición lo obliga a ser esclavo.
A mi hijo lo mata cada tarde una forma de entender el mundo,
una manera criminal de gobernar en la que el ser humano no es lo prioritario,
porque el hombre todavía no cotiza en bolsa, porque los expoliados y olvidados no llenan los bolsillos
de los mil veces malditos que condenan a muerte a mi hijo
y luego besan con reverencia la moneda donde invocan a un Dios.
Con esa moneda que invoca a Dios y con otras en que aparecen patrias, los hombres que matan a mi hijo han comprado todas las perversiones
y han cometido todas las ignominias.
Mi hijo es negro, es indio, es blanco, es pobre. El mundo es suyo, no lo parí en Marte,
no nació con un destino animal porque nació humano.
Mi hijo, cuando muere cada tarde,
seguirá viniendo a esta costa de Europa y del mundo
con su mirada valiente y abierta. Mi hijo no se rinde, necesita hacernos comprender
que sin él no estamos todos. Mi hijo, cuando muere, nos deja empequeñecidos, y él no quiere que su muerte haga desaparecer de la tierra
las palabras más hermosas y los conceptos que nos dignifican. Mi hijo no puede seguir muriendo
porque con él está muriendo nuestra civilización”.
Y unimos nuestro silencio respetuoso y nuestra voz para repetir juntos estas reivindicaciones:
Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de la injusticia que supone tantas muertes. Y pedimos que se detenga de forma inmediata el genocidio en Gaza.
Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir la vergüenza de las muertes para llegar a Europa, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.
Exigimos que los distintos gobiernos, abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.
Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.
Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana, y nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación.
Nos reuníamos para denunciar dos muertes ocurridas el pasado 11 de Agosto y, desgraciadamente el mismo día aparecen 7 nuevos cadáveres en nuestras costas, con la posibilidad de que sean más. Al menos 9 muertes más a sumar en la macabra lista de las casi 2.000 personas ahogadas en este mar de enero a junio de este año, intentando llegar hasta España.
Como desde hace varios años, terminamos el verano concentrándonos para mostrar nuestra solidaridad, nuestro pesar por estas personas a las que hemos perdido, personas que no consiguieron el sueño de una vida mejor, sino que encontraron la pesadilla del sistema de barreras y fronteras físicas, mentales y legales que nos rodean por todas partes y que terminan matando esperanzas, deseos y también vidas.
Como cada verano, ha sido difícil encontrar noticias sobre estas muertes, porque, por desgracia y para vergüenza de todo el llamado primer mundo, estamos demasiado salpicados por la sangre del genocidio en Gaza y a quienes nos repugna esa terrible realidad nos hemos bombardeado de imágenes y noticias de la masacre y la hambruna, como una especie de vacuna para que no caigamos en el silencio cómplice de nuestra parte del mundo. Desde aquí, una vez más, exigimos frenar de una vez por todas este genocidio, y penalizar a los sionistas sin escrúpulos que están ahogando en sangre a Palestina y ahogando en vergüenza eterna a Israel y a sus cómplices.
Hay otras noticias que han desviado la atención, noticias también terribles, los fuegos que la falta de prevención, la mala gestión pública y el cambio climático, han permitido que conviertan en cenizas gran parte de nuestro suelo.
Nuestro mundo arde, nuestra cultura, nuestra historia se quema. Quizá también por mala gestión pública, también por falta de implicación personal o por sobra de egoísmo y ambición, el suelo que nos sostiene, la tierra en la que deberíamos convivir se quema y nos quema con ella.
Hace unos días escuchábamos que el fuego cruzó la frontera de Portugal, otro fuego, el de la desesperación ha estado cruzando la frontera de Ceuta por el mar; los fuegos, el hambre, la huida… cruzan las fronteras, o lo intentan, o simplemente no ven las fronteras. Allí donde unos vemos fronteras, posesiones, patrias… otros solo ven necesidad de futuro, necesidad de libertad, necesidad de paz, necesidad de justicia, necesidad de solidaridad, necesidad de igualdad, de equidad, necesidad de fraternidad más allá de cualquier tipo de frontera, de lengua, de creencia o de pertenencia.
Una vez más llamamos a no tener miedo a perder nuestro sitio en la playa, llamamos a esforzarnos por no perder nuestro sitio en la historia. Llamamos a no sentirnos propietarios del mar ni de la tierra, llamamos a no creernos mejores que nadie y no queremos ser vigilantes perseguidores de quien quiera entrar, sino atentos acogedores de quien nos necesite, venga de donde venga.
Necesitamos menos miedos y más acogida, por eso nuestra concentración está presidida por una mesa en la que se encuentra la comida, el trabajo, la vivienda, la dignidad, la libertad… una mesa que, o es compartida, o es fratricida, o la compartimos (aquí y allí) o matamos o dejamos que mueran quienes no pueden acercarse. No hay más alternativas: o trabajamos más la humanidad, o seguimos quemando nuestro mundo y a quienes lo habitamos.
Desde la visión de esa mesa por compartir, mostramos nuestra repulsa ante este sistema injusto y nuestra solidaridad con sus víctimas, guardando un minuto de silencio, leemos la poesía de Pilar del Rio.
Y repetimos juntos, una vez más, nuestra reivindicación:
– Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de esta injusticia que supone tantas muertes para llegar a Europa.
– Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta vergüenza, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.
– Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.
– Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.
– Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana, y nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación. NO MÁS MUERTES PARA LLEGAR A EUROPA POR UN MEDITERRANEO SOLIDARIO
En los últimos meses, algunos partidos políticos han radicalizado su discurso buscando un enemigo común. La portavoz del grupo de ultraderecha, Rocío de Meer, ha declarado públicamente su intención de deportar a todo inmigrante, independientemente de su situación administrativa en España, a su país de origen si no se adapta a unos cánones que solo su partido establece. Unos cánones para ser un «correcto español», según su ideología.
Por eso quiero compartir una reflexión de una persona de 26 años que encontré en redes sociales. Una reflexión que me hizo pensar:
“Fue a la edad de catorce o quince años cuando tropecé a menudo con la palabra ‘moro’, ‘marroquí’, especialmente en conversaciones de tema político. Por aquel entonces experimentaba un ligero rechazo, no pudiendo desprenderme de ese sentimiento desagradable que siempre me sobrecogía cuando se resolvían conflictos de índole religiosa. La cuestión, por entonces, no tenía para mí otras connotaciones. En la ciudad de Jaén vivían muy pocos moros. Con el curso de los lustros se habían europeizado exteriormente, aparentando ser uno más; personalmente llegué a considerarles españoles. Lo absurdo de esta ilusión me era poco claro, ya que por aquel entonces veía en el aspecto religioso la única diferencia peculiar. Que por eso se persiguiese a los moros y moras, como creía yo, hizo que muchas veces aborreciera los comentarios desfavorables que se hacían de ellos. De la existencia de un odio sistemático contra el marroquí no tenía yo todavía ninguna idea en absoluto.
Así llegué yo a Almería. Ciertamente, ahora ya no se trataba de españoles con una creencia religiosa especial, sino de un pueblo diferente en sí, por lo que yo no podía dudar más; pues desde que me empezó a preocupar la cuestión marroquí, cambió mi primera impresión sobre Almería. Por doquier veía moros, y cuanto más los observaba, más se diferenciaban a mis ojos de las demás gentes. Sobre todo, en el centro de la ciudad y en la parte norte, se notaba la presencia de un verdadero enjambre de individuos que, por su aspecto externo, en nada se parecían a los españoles.
Fuente RTVE
Hasta aquí la cita. ¿no es para tanto, verdad? Salvo que se revele ahora que no esto no lo escribió ningún joven en redes sociales…
Pues esta reflexión no la escribió ningún joven en redes sociales. Fue escrita hace casi un siglo por una persona que cambió la historia del mundo para siempre. Se trata de dos extractos de un famoso libro publicado en 1925 por Adolf Hitler: Mein Kampf, concretamente de las páginas 38 y 41 (Hitler, 2013, pp. 38–41). Lo único que hice fue sustituir las palabras “judío”, “judaísmo” y “sionismo” por otras más actuales como “marroquí” e “islam”, además de cambiar las ciudades originales (Viena y Múnich) por Jaén y Almería.
¿Ahora qué opinas?
¿De verdad no nos damos cuenta de la deriva ideológica a la que nos están arrastrando ciertas personas y partidos? Se han quitado la careta, y están dejando claro que no son tan distintos a los nazis antisemitas que definían quién merecía vivir o ser parte del país.
Fuente RTVE
Ellos ponen los criterios, los principios y las doctrinas. Quien no piense como ellos es automáticamente un enemigo: comunista, woke, feminista, rojo… cualquier apelativo que te convierta en objetivo. Su programa se basa en el odio. En señalar a un “otro”. En fijar una diana. En pintar un punto rojo sobre la nieve, fácil de identificar para quien tiene buena vista, pero poca visión.
Esta estrategia política está de actualidad, pero también es muy antigua Por eso debe compararse con la historia. Porque siento que cada día estamos más cerca de repetirla.
Hitler, A. (2013). Mi lucha. Sigfrido Casa Editora. (Obra original publicada en 1925)
Texto original
Fue a la edad de catorce o quince años cuando tropecé a menudo con la palabra «judío», especialmente en conversaciones de tema político. Por aquel entonces, experimentaba un ligero rechazo, no pudiendo desprenderme de este sentimiento desagradable que siempre me sobrecogía cuando se resolvían conflictos de índole religioso.
La cuestión por entonces no tenía pues para mí otras connotaciones.
En la ciudad de Linz vivían muy pocos judíos. Con el curso de los siglos se • habían europeizado exteriormente, aparentando ser uno más; personalmente llegué a considerarles alemanes. Lo absurdo de esta ilusión me era poco claro, ya que por aquel entonces veía en el aspecto religioso la única diferencia peculiar. Que por eso se persiguiese a los judíos, como creía yo, hizo que muchas veces aborreciera los comentarios desfavorables que se hacían de ellos.
De la existencia de un odio sistemático contra el judío no tenía yo todavía ninguna idea en absoluto.
Así, llegué yo a Viena. Página 38
Ciertamente ahora ya no se trataba de alemanes con una creencia religiosa especial, sino de un pueblo diferente en sí, por lo que yo no podía dudar más; pues desde que me empezó a preocupar la cuestión judía, cambió mi primera impresión sobre Viena. Por doquier veía judíos, y cuanto más los observaba, más se diferenciaban a mis ojos de las demás gentes. Sobre todo en el centro de la ciudad y en la parte norte del canal del Danubio, se notaba la presencia de un verdadero enjambre de individuos que, por su aspecto externo, en nada se parecían a los alemanes.
Y si aún hubiese dudado, mi vacilación habría tenido que llegar definitivamente a su fin debido a la actitud de una parte de los judíos mismos.
Un gran movimiento surgió entre ellos, no poco extenso en Viena, que tendía a establecer claramente el carácter racial del judaísmo. Este movimiento era el sionismo.
Aparentemente sólo un grupo de judíos apoyaba tal actitud, en tanto que la mayoría la condenaba. Sin embargo, al analizar las cosas de cerca, esa apariencia se desvanecía, descubriéndose un mundo de malvados subterfugios —por no decir de mentiras— que se habían originado por razones de pura conveniencia. Los llamados «judíos liberales» rechazaban a los sionistas, no porque ellos no se sintiesen igualmente judíos, sino únicamente porque éstos hacían una pública confesión de su judaísmo, algo que ellos consideraban inconveniente y hasta peligroso. Página 41
Versión adaptada
Fue a la edad de catorce o quince años cuando tropecé a menudo con la palabra “moro”, “marroquí”, especialmente en conversaciones de tema político. Por aquel entonces, experimentaba un ligero rechazo, no pudiendo desprenderme de este sentimiento desagradable que siempre me sobrecogía cuando se resolvían conflictos de índole religioso.
La cuestión por entonces no tenía pues para mí otras connotaciones.
En la ciudad de Jaén vivían muy pocos moros. Con el curso de los lustros se habían europeizado exteriormente, aparentando ser uno más; personalmente llegué a considerarles españoles. Lo absurdo de esta ilusión me era poco clara, ya que por aquel entonces veía en el aspecto religioso la única diferencia peculiar. Que por eso se persiguiese a los moros y moras, como creía yo, hizo que muchas veces aborreciera los comentarios desfavorables que se hacían de ellos.
De la existencia de un odio sistemático contra el marroquí no tenía yo todavía ninguna idea en absoluto.
Así, llegué yo a Almería.
Ciertamente ahora ya no se trataba de españoles con una creencia religiosa especial, sino de un pueblo diferente en sí, por lo que yo no podía dudar más; pues desde que me empezó a preocupar la cuestión marroquí, cambió mi primera impresión sobre Almería. Por doquier veía moros, y cuanto más los observaba, más se diferenciaban a mis ojos de las demás gentes. Sobre todo, en el centro de la ciudad y en la parte norte de ciudad, se notaba la presencia de un verdadero enjambre de individuos que, por su aspecto externo, en nada se parecían a los españoles.
Y si aún hubiese dudado, mi vacilación habría tenido que llegar definitivamente a su fin debido a la actitud de una parte de los moros mismos.
Un gran movimiento surgió entre ellos, no poco extenso en Almería, que tendía a establecer claramente el carácter racial del islam. Este movimiento era el islamismo.
Aparentemente sólo un grupo de moros apoyaba tal actitud, en tanto que la mayoría la condenaba. Sin embargo, al analizar las cosas de cerca, esa apariencia se desvanecía, descubriéndose un mundo de malvados subterfugios —por no decir de mentiras— que se habían originado por razones de pura conveniencia. Los llamados «moros buenos» rechazaban a los islamistas, no porque ellos no se sintiesen igualmente marroquí, sino únicamente porque éstos hacían una pública confesión de su islamismo, algo que ellos consideraban inconveniente y hasta peligroso.
Con el lema «Ciudadanía comprometida, sociedad de derechos», tuvimos este fin de semana pasado, en la monumental ciudad de Córdoba, la XXXIV Asamblea de la Federación Andalucía Acoge. Han sido dos días muy productivos tanto en lo referente a dar respuestas o, por lo menos, vislumbrarlas, como a nivel interno donde seguimos con nuestro proceso de madurez. La acogida por parte de APIC, la asociación anfitriona, ha sido excepcional, un ambiente cálido (… y caluroso) y un entorno precioso.
Inauguración de la AsambleaEl equipo de Almería casi al completo
Iniciamos, después de la inauguración, con una mesa redonda donde, sabiendo que partimos de un ambiente social complejo y que en algunos casos se vuelve hostil, hemos trabajado algunos aspectos que, como ciudadanía comprometida, debemos conocer e implicarnos en lo que se refiere a las «nuevas» políticas migratorias. Políticas que ciclicamente se repiten con matices que suelen ir a peor. Moussa Mohammad al-Jamaat, coordinador de la revista Baynana y Beatriz Suarez del área de incidencia de la Federación nos ayudaron destacando algunos aspectos importantes de la sociedad actual y la política actual. Frente a una sociedad que en su mayoría es acogedora, no encontramos grupos que tratan de criminalizar la migración. Ante esto tenemos que tener unos discursos adecuados y actualizados.
Lectura del manifiestoConfraternizamos con CEAIN
La segunda parte fueron unos talleres:
El impacto en nuestra intervención social y cómo prepararnos para ello
Cómo orientar nuestra comunicación a la ola reaccionaria
Cómo hacer sostenibles nuestras organizaciones en tiempos inciertos
La tarde se cerro con una monólogo impresionante sobre el proceso migratorio y con la lectura de un manifiesto:
La paz se construye desde abajo, garantizando derechos, igualdad y reconocimiento para todas las personas. Porque ninguna persona es ilegal.Porque nadie debería ser perseguido por buscar un futuro mejor.Porque la humanidad va antes que cualquier frontera.
A continuación vino la parte asamblearia donde se tomaron decisiones importantes y se produjo el relevo de los cargos de la Junta Directiva.
Una Asamblea importante como decíamos al principio que debe ir dando sus frutos a lo largo del año. Desde Almería Acoge queremos agradecer de nuevo a APIC por su esfuerzo y el cariño que le han puesto a la organización.
Todas las banderas son rojas; un rojo oscuro, un rojo oscurecido por el tiempo; banderas manchadas de rojo, de rojo oscuro, rojo de sangre. Todas las banderas están manchadas de sangre, de sangre de los otros, siempre de sangre de los otros. La sangre de los nuestros se lava; se blanquea con laureles y medallas, la sangre de los héroes es transparente.
La otra, la sangre oscura que mancha todas las banderas, todas las fronteras, siempre es de los otros, “que la sangre impura empape nuestros surcos” dice el himno del país vecino. Todas las banderas son rojas, “todas las banderas son carnívoras”, las banderas sirven, sobre todo, para hacer la guerra, para señalar lo nuestro frente a los otros, nuestro suelo, nuestras gentes, nuestro credo, nuestra lengua, nuestra historia, nuestro bolsillo, nuestro dinero, nuestra patria, nuestro todo… todo menos la sangre, que será de los otros.
Ahora vivo a costa de un millón de muertos, un millón de tumbas, un millón de espectros Ahora vivo a costa de un millón de cuerpos un millón de sombras, un millón de sueños. Cuánta tumba, ya no hay tierra, para cavar en ella, para dejar sin nombre tanto hombre. Cuántos nombres quedan fuera, por nuestras banderas Cuántos hombres cuestan las fronteras Ahora vivo a costa de un millón de muertos… Cuánta sangre se ha perdido, cuánto honor herido en estas guerras crueles sin laureles Cuánta hambre se ha pasado, hambre por cada lado, hambre de paz, hambre de hombre honrado. Ahora vivo a costa de un millón de muertos… Cuántas lágrimas lloradas para lavar las llagas para olvidar los muertos con el tiempo. Cuántos ojos, cuántas caras, cuántas vidas cortadas cuántas ilusiones enterradas. Ahora vivo a costa, de un millón de muertos…
Es la misma sangre, porque es la misma hambre. La misma hambre la que volcó la semana pasada aquella barcaza en Canarias y llevó a la muerte a 3 niñas y 4 mujeres; la misma hambre la que ayer y antes de ayer y seguramente hoy hacinará a hombres mujeres y niños de Gaza en corrales para ganado esperando un trozo de pan, una ayuda que mate al hambre… y encontrarán más metralla, más disparos, más soldados, más odio, más muerte.
Es la misma hambre la que empujaba la pequeña patera que el lunes pasado sembraba la cala de la maroma en Nijar de personas extenuadas y un nuevo muerto. Es la misma hambre que empuja a quienes huyen por todo el mundo, de Ucrania, de Rusia, de Mali, de Burkina Faso, de Sudán, de Somalia, de Yemen, de Myanmar, de Nigeria, y así hasta los 56 conflictos armados activos en el mundo, con 92 países, 92 banderas implicadas.
Son millones quienes huyen, quienes cruzan la tierra y el mar para escapar de banderas que luchan contra banderas, y más millones quienes huyen del hambre, de la injusticia, millones los que huyen y encuentran la cerrazón, la espalda del mundo, la muerte, el mar como frontera, alambres como frontera, muros como frontera, silencio como frontera, mirar hacia otro lado como frontera, intereses económicos como frontera… fronteras que nos mantienen tranquilos, callados, comidos, bebidos, dormidos.
Que no sea así entre nosotros, que se escuche nuestro silencio que no es cómplice sino altavoz del hartazgo, del asco, del rechazo que producen tantos repugnantes genocidios, causados por el mismo ciego egoísmo de quienes olvidan que, al otro lado de la frontera, al otro lado del mar, al otro lado de nuestras cicateras legislaciones, hay una hermana que muere, un hermano que sufre y que nos recordará siempre nuestro crimen.
Utilizamos la poesía de Pilar del Rio para expresar nuestra solidaridad con todas estas personas. Mi hijo muere cada tarde en el mar….
Y, una vez más, unimos nuestro silencio respetuoso y nuestra voz para repetir juntos estas reivindicaciones:
– Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de la injusticia que supone tantas muertes. Y pedimos que se detenga de forma inmediata el genocidio en Gaza.
– Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir la vergüenza de las muertes para llegar a Europa, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.
– Exigimos que los distintos gobiernos, abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.
– Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.
– Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana, y nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación.
NO MÁS MUERTES PARA LLEGAR A EUROPA POR UN MEDITERRÁNEO SOLIDARIO
Si la costra de la costumbre que nos inmuniza aún no nos ha cubierto por completo, seguro nos han llamado la atención las palabras utilizadas por la prensa la semana pasada al hablar de los nuevos naufragios hace ocho días en las playas de Níjar: “lanzados al mar” “un número indeterminado de personas” “se investigan las circunstancias”.
Me atrevo a decir que pueden ahorrarse la investigación. Las circunstancias que han provocado estas muertes son de sobra conocidas, son las mismas que, desde hace tantos años, han lanzado al mar y han llevado a la muerte a más de 31.000 personas en el mediterráneo desde que se tienen registros. Son las mismas necesidades de pan y de justicia, la misma huida de hambres, guerras y usurpación de recursos materiales las que lanzan al mar a estas personas.
Llevamos más de veinte años, concentrándonos, diciendo “no más muertes para llegar a Europa”, denunciando lo injusto de la muerte de hombres, mujeres, niños y niñas, muertes que no tienen sentido, que nos siguen recordando el mundo insolidario que hemos creado. En un mundo que ya no se estremece aunque se masacren países enteros como Gaza, o que no critica que se invierta el dinero que haga falta para agotar antiguo armamento y probar nuevo como en Ucrania; estas muertes nos recuerdan que nos estamos volviendo insensibles ante los dramas cotidianos. Estas personas “lanzadas al mar” por la injusticia y la desesperación nos recuerdan que cada vez perdemos más nuestra humanidad, nuestra capacidad de estremecernos ante el dolor humano.
Pero a pesar de llevar años concentrándonos y de que nada cambie, seguimos creyendo en la necesidad de actuar, de trabajar junto a quienes nos recuerdan que “el futuro se decide, en buena medida, hoy”, nuestras actitudes y acciones de hoy conforman el futuro, “es por eso por lo que el futuro nos transforma”, porque nos empuja a ser consecuentes, a concentrarnos una tarde más aquí, denunciando nuevas muertes injustas, porque junto a la solidaridad por el dolor de estas personas con nuestro compromiso defendemos nuestra dignidad como personas, porque queremos conseguir un mundo más justo, más humano, más solidario, por eso estamos aquí construyendo futuro.
Y así, mostramos nuestra repulsa ante este sistema injusto y nuestra solidaridad con sus víctimas, guardando un minuto de silencio. Y recurrimos de nuevo a la poesía de Pilar del Rio para mostrar nuestra indignación.
Al final leímos tod@s juntos nuestras reivindicaciones
Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de esta injusticia que supone tantas muertes para llegar a Europa.
Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta vergüenza, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.
Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.
Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.
Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana, y nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación.
NO MÁS MUERTES PARA LLEGAR A EUROPA POR UN MEDITERRANEO SOLIDARIO
Esta mañana, sin mediar palabra aparece una retro excavadora en el Puche, es una máquina de hierro enorme que sirve para derribar, las hemos visto en la guerra de Gaza.
Salta la alarma porque la máquina no va sola, viene acompañada de la policía. Esto significa que algo se va a hacer. Y, en efecto algo hace, nos dicen que va a «limpiar», y pensamos al principio que van a recoger basura; pero no, es uno de esos giros de nuestro idioma: “limpiar”, magnifica palabra que en este caso se usa para describir un desalojo, ¿qué es lo que se limpia?
Sin mediar, sin dar ninguna alternativa, se disponen a tirar las viviendas de unas personas que, ciertamente merecen algo mejor, pero que al menos tenían «algo» bajo lo que cobijarse. Su único techo desaparece; su vivienda -para nosotros infravivienda- cae bajo la implacable máquina, ante la impotencia y la indignación de los vecinos y vecinas que no entienden por qué se invierte dinero público en derribar estas viviendas cuando hay tanto que arreglar en El Puche.
Seguimos con la misma política: esconder la pobreza, invisibilizarla. Queda muy mal que un país desarrollado como España siga teniendo chabolas, infraviviendas, espacios indignos donde hay personas viviendo. Pero la pobreza está ahí, más o menos escondida pero la tenemos; es una realidad que hay que atajar desde las políticas de vivienda de forma valiente, no escondiendo esta realidad.
Hay que defender la dignidad de las personas. Nosotros creemos que tienen que desaparecer los asentamientos, las chabolas, los garajes utilizados como vivienda, las infraviviendas … pero no ocultando las condiciones en que viven estas personas, sino dándoles una alternativa habitacional.
Seguiremos atentos e informaremos de los pasos que de el Ayuntamiento de Almería en este sentido ya que para hoy se iba a seguir con los desalojos y la «limpieza».
¡Qué tiempos!, dicen los viejos, ¡qué tiempos nos ha tocado vivir!. Para los jóvenes, sin embargo, no son ni buenos ni malos tiempos, viven desde la inmediatez de las redes sociales, viven desde la felicidad o la desesperación, a veces sin cerebro, que da sentirse aceptado o rechazado socialmente.
A todos, la sociedad nos hace vivir solo el momento, lo efímero, vidas hechas de instantes, sin pasado y sin futuro, vivimos desde el mí, me, conmigo mismo, del individualismo salvaje y desde la convicción del “consumes, luego existes”.
Sin embargo, para los que vivimos en los márgenes de la sociedad, para los excluidos, para las excluidas, todo se complica un poco mas porque queremos vivir como los demás, en lo efímero, en la inmediatez y la aceptación en las redes sociales, estamos empapados hasta los huesos, como el resto, de individualismo y de consumismo, pero nos sabemos al margen, expulsados de una sociedad a la que queremos pertenecer pero que no nos quiere.
En mi barrio hace años que dejó de entrar el autobús y ya nadie pelea por él, en mi barrio mi hija se puso muy enferma a las 3 de la mañana y al llamar a la ambulancia me contestaron que, si tenia coche que la llevara a urgencias, que a esa hora la ambulancia no iba a venir al barrio, me sentí vulnerable y desprotegida, la vida de mi hija parece que no vale nada porque vivo en la exclusión, y la rabia me sube un instante hasta el corazón y la mente, me sube hasta la garganta y grito, pero mi grito está solo, y se queda ahogado en la desesperanza.
Estoy cansada de sentirme marginada, estoy cansada de sentir que mi vida no va a cambiar, cansada de escuchar a mis vecinas decir que no tienen suerte, quizás no es suerte lo que necesitamos, sino esperanza. Estoy cansada de aprender la desesperanza, necesito aprender a tener esperanza en mi vida, necesito ver esperanza en los ojos de mis vecinos y vecinas, en los ojos de los jóvenes y de los niños.
Necesito que comience un tiempo de esperanza, de esa esperanza que no sea una mera ilusión, que no sea como un cohete que estalla en el cielo y por un instante ilumina nuestras vidas con múltiples colores, necesito de esa esperanza que nos anime a seguir adelante, buscando nuevos caminos, nuevas formas de vivir y convivir, de esa esperanza que me hace sentirme y ser persona, y además persona junto a otros.
Necesito sentirme esperanzada, sentir que podemos hacer entre todos que en mi barrio las cosas cambien. Que entre el autobús al barrio, que recojan la basura, que tengamos al menos papeleras, que venga la ambulancia cuando hay una urgencia, sea la hora del día o de la noche que sea. Sentir que mi hija puede tener un futuro mas allá de la pantalla del móvil y de la basura de la calle, mas allá del consumismo y de las fakenews, mas allá de sentirse excluida porque es pobre, o porque es inmigrante.
Sí, inequívocamente, lo que yo necesito, lo que mi hija necesita, lo que necesita mi barrio es ESPERANZA.
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