Vivimos en un mundo complicado, en un tiempo a veces despiadado, puede que ni mas ni menos que otros tiempos, pero este es el tiempo que nos toca vivir.
Podemos vivir nuestro tiempo sin apenas profundizar, deslizándonos solo por la superficie, consumiendo e intentando sobrevivir, buscando desesperadamente la “felicidad” desde mi yo, desde lo individual, desde lo que consumo.
O podemos vivir nuestro tiempo intentando bucear en las profundidades del momento que nos toca vivir, mirando mas allá de nosotros mismos, encontrando momentos de “felicidad” en el encuentro con el otro, en la convivencia cotidiana, en los momentos de solidaridad…
Para este segundo tipo de persona, inquieta, que no se conforma con “ir y volver entre playa y comida”, para los que lo importante no es comer sino volar, como diría Richard Bach en su libro Juan Salvador Gaviota, va dirigida la siguiente reflexión:
Os quiero contar la historia de Abuma, un joven africano, con sus propias palabras: “Soy de una zona rural de África, mi mama para desplazarse de un lugar a otro, de la casa al campo y del campo a la casa, o sea del trabajo al trabajo y vuelta al trabajo, lo hacía cuando podía en una moto, uno de esos días en los que tuvo suerte y pudo subir a la moto, siendo yo muy pequeño y cargando conmigo a la espalda, tuvo un accidente, cayó y me golpee el brazo, desde entonces mi brazo derecho no tiene mucha fuerza y es lento, yo apenas tenía unos meses y para mi no ha sido nunca mi brazo un problema.
Cuando he crecido y he visto en qué condiciones vive mi familia, sobre todo me duele las condiciones en las que vive mi madre, he decidido migrar.
Siempre se habla de lo bien que se vive y de todas las comodidades y ayudas que hay en Europa, yo creo que se lo debo a mi madre, intentar conseguir para ella una vejez tranquila, sin tener que seguir trabajando hasta la muerte y sin que le falte de nada.
El camino a Europa no ha sido fácil, pero estoy aquí, en mi país trabajaba en el campo como toda mi familia y al llegar pensé que también en Europa podía trabajar en el campo o en cualquier otro trabajo que me ofrecieran, mi brazo como ya he dicho nunca ha sido una dificultad para mí. Pero he descubierto que para los empleadores de aquí si es un problema, buscan la eficacia y la rentabilidad y yo soy mas lento, menos productivo y menos rentable que otros, así que me prueban un día o no llegan ni a probarme y ya me rechazan. Esto ha provocado que no tenga oportunidades, que este durmiendo en la calle y comiendo de la caridad, por primera vez en mucho tiempo me han hecho ver que mi brazo si es un problema, que soy un “inútil”, que no tengo nada que aportar a esta sociedad. Por eso me vuelvo a casa, he aceptado retornar, puede parecer que mi viaje ha sido un fracaso, yo creo que no, he tenido que mirarme con mi discapacidad y reconocérmela, pero también he descubierto que no es esta sociedad en la que quiero vivir, en África soy pobre pero me aceptan como soy, saben que soy mas lento, pero que trabajo bien y puedo aguantar mas tiempo.
También quiero que mi viaje le sirva a Europa, a ti concretamente que lees esto, me gustaría ayudaros a reflexionar sobre el tipo de mundo que estáis construyendo en el que quien tiene una discapacidad, o es mas lento o mas torpe no tiene ninguna oportunidad, solo vales si produces y eres rentable, no es una sociedad habitable, no al menos para todos.
Hoy, soy yo el que sobra por improductivo pero no olvides que puede que mañana lo seas tú».
Un año más, la Asociación Almería Acoge, a través de la iniciativa de Acción Social de CaixaBank, ha hecho posible la entrega de los regalos del Árbol de los Sueños, una iniciativa que va mucho más allá de un simple detalle.
El Árbol de los Sueños es ese árbol especial que permite que nuestros niños y niñas reciban un regalo con la llegada del nuevo año. Un regalo que, en muchos casos, no es un capricho, sino una verdadera necesidad. Regalos que abrigan, que protegen del frío, que acompañan en el camino al colegio y que cubren carencias que no siempre se ven a simple vista.
Desde otros ojos, estas realidades pueden pasar desapercibidas. Por eso, desde nuestra entidad sentimos la responsabilidad y la necesidad de poner voz a estas vivencias, de contar lo que hay detrás de cada deseo escrito con ilusión.
El Árbol de los Sueños es también un espacio donde nuestros chicos y chicas pueden expresar emociones, sentimientos y deseos. Lo hacen con palabras sencillas y sinceras, pidiendo siempre regalos alejados de la tecnología o de lo materialmente ostentoso. Sus peticiones hablan de valores, de humildad y de una gran madurez.
Nuestras imágenes lo dicen todo. Los deseos más repetidos son un chaquetón para no pasar frío, unas zapatillas para ir al colegio, un balón para jugar con sus amigos o una equipación deportiva. Nunca piden algo imposible ni inaccesible; piden aquello que puede hacer su día a día un poco mejor.
Y es ahí donde tomamos conciencia de la grandeza de estos pequeños gestos. De cómo algo tan sencillo puede transformar una realidad y llenar de ilusión un corazón.
Desde Almería Acoge nos sentimos profundamente orgullosos de nuestros niños y niñas, de los valores tan hermosos que demuestran y de la fuerza con la que afrontan la vida. Gracias a todas las personas y entidades que hacen posible que el Árbol de los Sueños siga creciendo, porque cada regalo es también un abrazo, una esperanza y una sonrisa compartida.
Desde Asociación Almería Acoge, con la colaboración de Fundación Unicaja y a través del proyecto Almería Inclusiva, hemos puesto el broche final al Taller de Tareas 2025, con la ilusión de volver a encontrarnos en 2026.
Este cierre no es un adiós, sino una pausa para mirar atrás con orgullo y agradecer todo lo vivido. Durante este tiempo hemos compartido aprendizajes, esfuerzo, sonrisas y muchos momentos que nos recuerdan por qué este taller es tan especial.
Ha sido un encuentro muy enriquecedor en el que hemos podido compartir con los progenitores del alumnado la trayectoria y evolución de sus hijos e hijas dentro del taller, así como escuchar sus inquietudes, dudas y aportaciones.
La jornada finalizó con una merienda compartida, un espacio de convivencia y cercanía que puso el broche final a una etapa llena de aprendizaje, esfuerzo y acompañamiento.
Gracias a todas las familias por su implicación y confianza
Gracias a todas las personas que lo han hecho posible. Seguimos caminando juntas y juntos, construyendo una Almería más inclusiva.
La cabalgata de los Reyes Magos siempre es un momento entrañable para las miles de personas que la disfrutan en nuestra ciudad y, especialmente para los y las más pequeñas que están ansiosos por verla y, sobre todo por coger caramelos.
Este año el tiempo, aunque bueno para una provincia como la nuestra, ha dificultado que se desarrollará como otros años. Se ha tenido que adelantar y, a pesar de ello nos ha llovido. Almería Acoge, a pesar de esto ha colaborado un año más en la organización, destacando las voluntarias que han participado y que han terminado totalmente empapadas y las personas que acompañan a los cortejos reales en cada carroza que, a pesar del frio y la lluvia se ha comportando como auténticos profesionales. Todas estas personas han hecho posible que se pueda disfrutar de una cabalgata, que, aunque diferente, sigue siendo emotiva.
Desde aquí queremos agradecer a todas estas personas que un año más han hecho posible una cabalgata, que si no tan vistosa como la de otros años, al menos lo suficiente para generar alegría y expectativa entre los más pequeños y los no tan pequeños.
Ampliamos nuestra mirada apostando por reforzar nuestra dimensión estatal y nuestro compromiso con los derechos de todas las personas desde la Frontera Sur:
Ya somos 11 asociaciones: Acciones Unidas, Algeciras Acoge, Almería Acoge, APIC, CEAin, Granada Acoge, Huelva Acoge, Jaén Acoge, Málaga Acoge, Melilla Acoge y Motril Acoge, junto a las delegaciones de Ceuta y Sevilla.
Una apuesta por el compromiso ciudadano desde el territorio.
Este cambio de marca, a las puertas de nuestro 35 aniversario, no es solo un nuevo nombre. Es la manera de comunicar mejor quiénes somos hoy: un proyecto en alianza de organizaciones ciudadanas comprometidas en lo social, la política y la convivencia comunitaria. Una defensa de la calidad de vida para todas las personas y los valores democráticos que fundamentan nuestra sociedad.
Nos reuníamos para denunciar dos muertes ocurridas el pasado 11 de Agosto y, desgraciadamente el mismo día aparecen 7 nuevos cadáveres en nuestras costas, con la posibilidad de que sean más. Al menos 9 muertes más a sumar en la macabra lista de las casi 2.000 personas ahogadas en este mar de enero a junio de este año, intentando llegar hasta España.
Como desde hace varios años, terminamos el verano concentrándonos para mostrar nuestra solidaridad, nuestro pesar por estas personas a las que hemos perdido, personas que no consiguieron el sueño de una vida mejor, sino que encontraron la pesadilla del sistema de barreras y fronteras físicas, mentales y legales que nos rodean por todas partes y que terminan matando esperanzas, deseos y también vidas.
Como cada verano, ha sido difícil encontrar noticias sobre estas muertes, porque, por desgracia y para vergüenza de todo el llamado primer mundo, estamos demasiado salpicados por la sangre del genocidio en Gaza y a quienes nos repugna esa terrible realidad nos hemos bombardeado de imágenes y noticias de la masacre y la hambruna, como una especie de vacuna para que no caigamos en el silencio cómplice de nuestra parte del mundo. Desde aquí, una vez más, exigimos frenar de una vez por todas este genocidio, y penalizar a los sionistas sin escrúpulos que están ahogando en sangre a Palestina y ahogando en vergüenza eterna a Israel y a sus cómplices.
Hay otras noticias que han desviado la atención, noticias también terribles, los fuegos que la falta de prevención, la mala gestión pública y el cambio climático, han permitido que conviertan en cenizas gran parte de nuestro suelo.
Nuestro mundo arde, nuestra cultura, nuestra historia se quema. Quizá también por mala gestión pública, también por falta de implicación personal o por sobra de egoísmo y ambición, el suelo que nos sostiene, la tierra en la que deberíamos convivir se quema y nos quema con ella.
Hace unos días escuchábamos que el fuego cruzó la frontera de Portugal, otro fuego, el de la desesperación ha estado cruzando la frontera de Ceuta por el mar; los fuegos, el hambre, la huida… cruzan las fronteras, o lo intentan, o simplemente no ven las fronteras. Allí donde unos vemos fronteras, posesiones, patrias… otros solo ven necesidad de futuro, necesidad de libertad, necesidad de paz, necesidad de justicia, necesidad de solidaridad, necesidad de igualdad, de equidad, necesidad de fraternidad más allá de cualquier tipo de frontera, de lengua, de creencia o de pertenencia.
Una vez más llamamos a no tener miedo a perder nuestro sitio en la playa, llamamos a esforzarnos por no perder nuestro sitio en la historia. Llamamos a no sentirnos propietarios del mar ni de la tierra, llamamos a no creernos mejores que nadie y no queremos ser vigilantes perseguidores de quien quiera entrar, sino atentos acogedores de quien nos necesite, venga de donde venga.
Necesitamos menos miedos y más acogida, por eso nuestra concentración está presidida por una mesa en la que se encuentra la comida, el trabajo, la vivienda, la dignidad, la libertad… una mesa que, o es compartida, o es fratricida, o la compartimos (aquí y allí) o matamos o dejamos que mueran quienes no pueden acercarse. No hay más alternativas: o trabajamos más la humanidad, o seguimos quemando nuestro mundo y a quienes lo habitamos.
Desde la visión de esa mesa por compartir, mostramos nuestra repulsa ante este sistema injusto y nuestra solidaridad con sus víctimas, guardando un minuto de silencio, leemos la poesía de Pilar del Rio.
Y repetimos juntos, una vez más, nuestra reivindicación:
– Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de esta injusticia que supone tantas muertes para llegar a Europa.
– Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta vergüenza, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.
– Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.
– Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.
– Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana, y nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación. NO MÁS MUERTES PARA LLEGAR A EUROPA POR UN MEDITERRANEO SOLIDARIO
Almería Acoge participa en el programa “Gente Maravillosa” para visibilizar el racismo hacia jóvenes migrantes.
El experimento social fue grabado el pasado 12 de agosto en AquaVera (Vera, Almería), con la participación activa de jóvenes del servicio de inserción sociolaboral gestionado por la Junta de Andalucía y cofinanciado por el FSE+.
Desde Almería Acoge queremos compartir una experiencia que ha sido tan intensa como significativa. El pasado martes 12 de agosto participamos en la grabación del programa Gente Maravillosa, de Canal Sur, con una cámara oculta protagonizada por jóvenes migrantes.
La grabación tuvo lugar en el parque acuático AquaVera, en el municipio de Vera, y consistió en una recreación basada en situaciones reales de discriminación que viven muchos jóvenes migrantes a diario. Nuestros chicos, acompañados por una educadora del equipo, se integraron en el experimento social interpretando a jóvenes recién llegados a España, que apenas dominan el idioma y que se encuentran en una visita organizada por su centro con vistas a realizar prácticas laborales en el parque.
A lo largo de la escena, un matrimonio ficticio —interpretado por actores profesionales— protagoniza una situación de acoso verbal, racismo y criminalización, llegando a acusar a los jóvenes de “colarse” en el parque y de haberles robado el móvil, simplemente por su origen y por la molestia que les supone su presencia en un espacio público.
Para nuestros jóvenes, la experiencia fue mucho más que una grabación: fue una oportunidad para denunciar la violencia simbólica que aún persiste en demasiados espacios, pero también una forma de resignificar su lugar en la sociedad. Ellos no solo interpretaron el papel de víctimas de un sistema que muchas veces los margina: se convirtieron en agentes de cambio, en relatores de su propia historia, en protagonistas de una denuncia colectiva.
Como asociación, valoramos muy positivamente esta colaboración con Gente Maravillosa. El programa no solo se ha consolidado como una herramienta audiovisual de sensibilización, sino que nos ofreció un espacio para mostrar que detrás del término “mena” hay historias de superación, esfuerzo, humanidad y dignidad.
Las conclusiones las dejamos para cuando se difunda el programa en televisión, ya avisaremos de la fecha.
Esta participación forma parte de nuestro compromiso con una inserción social integral, que no se limita a lo laboral o educativo, sino que abarca también la participación activa y protagonista, el empoderamiento y la convivencia intercultural.
Los jóvenes que han participado forman parte del “servicio de 300 plazas de inserción laboral y social para jóvenes inmigrantes que hayan estado bajo las medidas del sistema de protección de menores de la Junta de Andalucía o jóvenes inmigrantes en situación de gran vulnerabilidad” que gestiona nuestra asociación en la provincia de Almería.
En los últimos meses, algunos partidos políticos han radicalizado su discurso buscando un enemigo común. La portavoz del grupo de ultraderecha, Rocío de Meer, ha declarado públicamente su intención de deportar a todo inmigrante, independientemente de su situación administrativa en España, a su país de origen si no se adapta a unos cánones que solo su partido establece. Unos cánones para ser un «correcto español», según su ideología.
Por eso quiero compartir una reflexión de una persona de 26 años que encontré en redes sociales. Una reflexión que me hizo pensar:
“Fue a la edad de catorce o quince años cuando tropecé a menudo con la palabra ‘moro’, ‘marroquí’, especialmente en conversaciones de tema político. Por aquel entonces experimentaba un ligero rechazo, no pudiendo desprenderme de ese sentimiento desagradable que siempre me sobrecogía cuando se resolvían conflictos de índole religiosa. La cuestión, por entonces, no tenía para mí otras connotaciones. En la ciudad de Jaén vivían muy pocos moros. Con el curso de los lustros se habían europeizado exteriormente, aparentando ser uno más; personalmente llegué a considerarles españoles. Lo absurdo de esta ilusión me era poco claro, ya que por aquel entonces veía en el aspecto religioso la única diferencia peculiar. Que por eso se persiguiese a los moros y moras, como creía yo, hizo que muchas veces aborreciera los comentarios desfavorables que se hacían de ellos. De la existencia de un odio sistemático contra el marroquí no tenía yo todavía ninguna idea en absoluto.
Así llegué yo a Almería. Ciertamente, ahora ya no se trataba de españoles con una creencia religiosa especial, sino de un pueblo diferente en sí, por lo que yo no podía dudar más; pues desde que me empezó a preocupar la cuestión marroquí, cambió mi primera impresión sobre Almería. Por doquier veía moros, y cuanto más los observaba, más se diferenciaban a mis ojos de las demás gentes. Sobre todo, en el centro de la ciudad y en la parte norte, se notaba la presencia de un verdadero enjambre de individuos que, por su aspecto externo, en nada se parecían a los españoles.
Fuente RTVE
Hasta aquí la cita. ¿no es para tanto, verdad? Salvo que se revele ahora que no esto no lo escribió ningún joven en redes sociales…
Pues esta reflexión no la escribió ningún joven en redes sociales. Fue escrita hace casi un siglo por una persona que cambió la historia del mundo para siempre. Se trata de dos extractos de un famoso libro publicado en 1925 por Adolf Hitler: Mein Kampf, concretamente de las páginas 38 y 41 (Hitler, 2013, pp. 38–41). Lo único que hice fue sustituir las palabras “judío”, “judaísmo” y “sionismo” por otras más actuales como “marroquí” e “islam”, además de cambiar las ciudades originales (Viena y Múnich) por Jaén y Almería.
¿Ahora qué opinas?
¿De verdad no nos damos cuenta de la deriva ideológica a la que nos están arrastrando ciertas personas y partidos? Se han quitado la careta, y están dejando claro que no son tan distintos a los nazis antisemitas que definían quién merecía vivir o ser parte del país.
Fuente RTVE
Ellos ponen los criterios, los principios y las doctrinas. Quien no piense como ellos es automáticamente un enemigo: comunista, woke, feminista, rojo… cualquier apelativo que te convierta en objetivo. Su programa se basa en el odio. En señalar a un “otro”. En fijar una diana. En pintar un punto rojo sobre la nieve, fácil de identificar para quien tiene buena vista, pero poca visión.
Esta estrategia política está de actualidad, pero también es muy antigua Por eso debe compararse con la historia. Porque siento que cada día estamos más cerca de repetirla.
Hitler, A. (2013). Mi lucha. Sigfrido Casa Editora. (Obra original publicada en 1925)
Texto original
Fue a la edad de catorce o quince años cuando tropecé a menudo con la palabra «judío», especialmente en conversaciones de tema político. Por aquel entonces, experimentaba un ligero rechazo, no pudiendo desprenderme de este sentimiento desagradable que siempre me sobrecogía cuando se resolvían conflictos de índole religioso.
La cuestión por entonces no tenía pues para mí otras connotaciones.
En la ciudad de Linz vivían muy pocos judíos. Con el curso de los siglos se • habían europeizado exteriormente, aparentando ser uno más; personalmente llegué a considerarles alemanes. Lo absurdo de esta ilusión me era poco claro, ya que por aquel entonces veía en el aspecto religioso la única diferencia peculiar. Que por eso se persiguiese a los judíos, como creía yo, hizo que muchas veces aborreciera los comentarios desfavorables que se hacían de ellos.
De la existencia de un odio sistemático contra el judío no tenía yo todavía ninguna idea en absoluto.
Así, llegué yo a Viena. Página 38
Ciertamente ahora ya no se trataba de alemanes con una creencia religiosa especial, sino de un pueblo diferente en sí, por lo que yo no podía dudar más; pues desde que me empezó a preocupar la cuestión judía, cambió mi primera impresión sobre Viena. Por doquier veía judíos, y cuanto más los observaba, más se diferenciaban a mis ojos de las demás gentes. Sobre todo en el centro de la ciudad y en la parte norte del canal del Danubio, se notaba la presencia de un verdadero enjambre de individuos que, por su aspecto externo, en nada se parecían a los alemanes.
Y si aún hubiese dudado, mi vacilación habría tenido que llegar definitivamente a su fin debido a la actitud de una parte de los judíos mismos.
Un gran movimiento surgió entre ellos, no poco extenso en Viena, que tendía a establecer claramente el carácter racial del judaísmo. Este movimiento era el sionismo.
Aparentemente sólo un grupo de judíos apoyaba tal actitud, en tanto que la mayoría la condenaba. Sin embargo, al analizar las cosas de cerca, esa apariencia se desvanecía, descubriéndose un mundo de malvados subterfugios —por no decir de mentiras— que se habían originado por razones de pura conveniencia. Los llamados «judíos liberales» rechazaban a los sionistas, no porque ellos no se sintiesen igualmente judíos, sino únicamente porque éstos hacían una pública confesión de su judaísmo, algo que ellos consideraban inconveniente y hasta peligroso. Página 41
Versión adaptada
Fue a la edad de catorce o quince años cuando tropecé a menudo con la palabra “moro”, “marroquí”, especialmente en conversaciones de tema político. Por aquel entonces, experimentaba un ligero rechazo, no pudiendo desprenderme de este sentimiento desagradable que siempre me sobrecogía cuando se resolvían conflictos de índole religioso.
La cuestión por entonces no tenía pues para mí otras connotaciones.
En la ciudad de Jaén vivían muy pocos moros. Con el curso de los lustros se habían europeizado exteriormente, aparentando ser uno más; personalmente llegué a considerarles españoles. Lo absurdo de esta ilusión me era poco clara, ya que por aquel entonces veía en el aspecto religioso la única diferencia peculiar. Que por eso se persiguiese a los moros y moras, como creía yo, hizo que muchas veces aborreciera los comentarios desfavorables que se hacían de ellos.
De la existencia de un odio sistemático contra el marroquí no tenía yo todavía ninguna idea en absoluto.
Así, llegué yo a Almería.
Ciertamente ahora ya no se trataba de españoles con una creencia religiosa especial, sino de un pueblo diferente en sí, por lo que yo no podía dudar más; pues desde que me empezó a preocupar la cuestión marroquí, cambió mi primera impresión sobre Almería. Por doquier veía moros, y cuanto más los observaba, más se diferenciaban a mis ojos de las demás gentes. Sobre todo, en el centro de la ciudad y en la parte norte de ciudad, se notaba la presencia de un verdadero enjambre de individuos que, por su aspecto externo, en nada se parecían a los españoles.
Y si aún hubiese dudado, mi vacilación habría tenido que llegar definitivamente a su fin debido a la actitud de una parte de los moros mismos.
Un gran movimiento surgió entre ellos, no poco extenso en Almería, que tendía a establecer claramente el carácter racial del islam. Este movimiento era el islamismo.
Aparentemente sólo un grupo de moros apoyaba tal actitud, en tanto que la mayoría la condenaba. Sin embargo, al analizar las cosas de cerca, esa apariencia se desvanecía, descubriéndose un mundo de malvados subterfugios —por no decir de mentiras— que se habían originado por razones de pura conveniencia. Los llamados «moros buenos» rechazaban a los islamistas, no porque ellos no se sintiesen igualmente marroquí, sino únicamente porque éstos hacían una pública confesión de su islamismo, algo que ellos consideraban inconveniente y hasta peligroso.
Desde el mes de febrero, un grupo de jóvenes, de nuestros dispositivos de jóvenes extutelados, que han pasado por momentos difíciles y que aún enfrentan muchas incertidumbres de cara a su futuro, encontraron en un pequeño campo de fútbol un espacio para soñar, aprender y crecer. Este taller de fútbol, organizado con mucho cariño y dedicación, no solo es una actividad deportiva; también sirve como refugio, un lugar donde la alegría y la amistad florecen en medio de sus vidas complicadas.
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Durante estos meses, cada tarde de taller se convirtió en una oportunidad para que los jóvenes sintieran que no estaban solos, que formaban parte de algo más grande que ellos mismo. Con cada pase, cada gol y cada risa compartida, se construyeron lazos que trascienden las barreras del idioma, la cultura y las dificultades. Las personas que han participado como dinamizadores-entrenadores, no solo enseñaron técnicas y reglas del juego, sino que también ofrecieron palabras de aliento, gestos de apoyo y una presencia constante que les recordó que son valiosos y que tienen un futuro por delante, convirtiendo esa pista no solo en un espacio de deporte, sino un acto de amor y esperanza.
Los jóvenes encuentran en el fútbol una forma de expresarse, de sentirse parte de algo más grande y de recuperar la confianza en sí mismos, confianza que luego trasladarán a su día a día. La emoción en sus rostros al marcar un gol o al recibir una felicitación fue un recordatorio de que, a veces, los pequeños momentos pueden tener un impacto inmenso en sus vidas.
Ahora que llega el fin de la temporada y las vacaciones de verano, sentimos una mezcla de tristeza y gratitud. Nos despedimos por ahora, pero con la certeza de volver a encontrarnos cuando las temperaturas sean más compasivas, con más sueños, más risas y más historias que contar. Este tiempo compartido ha dejado huellas imborrables en nuestros corazones y en los de los jóvenes que participaron.
En conclusión, este taller de fútbol ha sido mucho más que una actividad deportiva; ha sido un acto de humanidad, de solidaridad y de fe en el potencial de cada uno de estos chicos. Nos llena de orgullo ser parte de su camino y ellos seguirán siendo parte de nuestra historia, recordándonos siempre que, con apoyo y cariño, todos podemos encontrar nuestro lugar en el mundo.
Este taller forma parte del SERVICIO DE 300 PLAZAS PARA INSERCIÓN LABORAL Y SOCIAL DE JÓVENES INMIGRANTES QUE HAYAN ESTADO BAJO MEDIDAS DEL SISTEMA DE PROTECCIÓN MENORES DE LA JUNTA DE ANDALUCÍA O JÓVENES INMIGRANTES EN SITUACIÓN DE GRAN VULNERABILIDAD (EXPDT. 61/2023. CONTR.: 2023/241178 – LOTE 1). ejecutado en Almería por nuestra Asociación Almería Acoge.
Desde Almería Acoge sabemos que tenemos que buscar y colaborar en todas las vías posibles que favorezcan la inclusión. Una de ellas, en la que siempre hemos estado muy activos es la vía del deporte, por eso cada vez que podemos colaboramos u organizamos actividades en este sentido.
Dentro de este marco la Asociación celebró con gran entusiasmo el inicio de la 3ª Edición de la Liga Almeriense de Fútbol Inclusivo el pasado viernes 14 de marzo, una iniciativa que sigue creciendo y consolidándose como un referente en Andalucía. En este caso la participación en la liga se ha realizado junto con Fundación Cepaim Níjar. Hemos estado trabajando para la creación de un equipo conjunto formado por personas participantes de ambas entidades.
La jornada inaugural tuvo lugar en diferentes espacios deportivos de la provincia, donde equipos formados por personas con y sin discapacidad compartieron mucho más que un partido: compartieron valores, compañerismo y el verdadero espíritu del deporte.
Organizada por A Toda Vela, en colaboración con la Real Federación Andaluza de Fútbol – Delegación de Almería y la Diputación de Almería, esta liga representa un paso firme hacia una sociedad más inclusiva, donde el deporte es una herramienta para derribar barreras y fomentar la igualdad de oportunidades.
Con esta liga, Almería Acoge busca no solo promover el deporte inclusivo, sino también dar visibilidad a las capacidades de todas las personas, fomentar la convivencia y seguir demostrando que la inclusión no es solo un objetivo, sino una realidad que se construye en equipo.
Desde aquí queremos agradecer a todas las personas y entidades que lo hacen posible
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