Archivo del autor Juan Antonio Miralles

¿DA USTED SU PERMISO?

Allá en mi pueblo, a mediados de los 70 del siglo pasado, recuerdo haber visto a los empleados en la puerta del despacho del excelentísimo señor alcalde. Tocaban levemente con los nudillos en aquella puerta enorme, de suelo a techo, de madera labrada color caoba; tocaban, aunque estaba abierta y, tras esperar dos o tres segundos, quizá tras una casi imperceptible señal con la
cabeza, o de una leve mirada de soslayo por parte del Señor Alcalde, desde el mismo quicio de la puerta, se preguntaba “¿da usted su permiso?”

El tono, respetuoso, casi solemne. La postura corporal, respetuosa, casi sumisa. Quedaba clara la diferencia de nivel, de posición social, de posición laboral… la diferencia entre personas que, resultaba obvio, no eran iguales.

Solo después de un “adelante” pronunciado sin ningún entusiasmo, el empleado municipal podía atravesar esa barrera invisible que marcaba el erritorio común, el compartido por las personas comunes, del territorio privado del gran despacho, al que pertenecían las personas escogidas, nunca supe muy bien por quién ni cuándo. La frontera física era la puerta, claro está, pero aun
estando abierta seguía la separación, lo cual indica que la auténtica frontera era la pertenencia a uno u otro espacio, a uno u otro mundo, la condición de persona común, empleada, “la persona al servicio de”, o de persona superior, elegida, agraciada, propietaria del territorio alfombrado, con olor a madera noble y cuadros de señores antiguos que seguramente atestiguaban que esto siempre ha sido así.

Los tiempos han cambiado, ya sólo algunas personas mayores, de algunos barrios o de algunos pueblos, personas que aún tienen interiorizada la condición de superioridad de quienes están dentro sobre los que están fuera, dicen en la puerta de la consulta, por ejemplo, “con su permiso” como gesto de educación y de respeto.

Pero no parece que las cosas hayan cambiado tanto, quizá solo han cambiado en las formas, porque lo cierto es que sigue habiendo miles de personas que necesitan pedir permiso para entrar, permiso para pasar de un mundo a otro, y no ya para pasar simplemente del mundo de la persona común, empleada, “la persona al servicio de” a otro superior, sino simplemente para empezar a
existir en este mundo que llamamos primero, desarrollado, libre, igualitario, democrático, un mundo de tradiciones cristianas y “antiguas costumbres que hay que preservar”, a un mundo de bondad económica (para quien la tenga) que sentimos amenazada, a un mundo en el que se nos llena la boca de derechos y libertades, al que no tienen acceso esas personas que llamamos migrantes.

En 2022 más de 800 organizaciones en toda España recogimos firmas y nos manifestamos públicamente para poner en marcha una Iniciativa Legislativa Popular para regularizar a más de 500.000 inmigrantes que se encontraban en nuestro territorio desde hacía años preguntando en todas las puertas “¿da usted su permiso?”.

Comentábamos que la Ley de Extranjería no se ajustaba a la realidad y no daba, ni da, respuestas ágiles, adaptadas a las necesidades, para las personas que viven y trabajan entre nosotros.
Decíamos en el texto de la recogida de firmas que la dificultad de acceso a la regularización era debida a que, “por una parte, los criterios de acceso a la residencia son altamente restrictivos y de muy difícil cumplimiento, y por otra, el procedimiento administrativo implementado es lento, burocrático y cuenta con un elevado margen de discrecionalidad a la hora de conceder las
autorizaciones o su renovación.”

Este “dejar fuera”, preguntando desde la puerta día tras día sin encontrar respuestas adecuadas, decíamos, “genera una espiral de vulnerabilidad y desprotección que acrecienta la exclusión social e impacta en el conjunto de la sociedad”.

Después de presentar más de 600.000 firmas, el Congreso aprobó en abril de 2024 la tramitación de la Iniciativa Legislativa Popular, pero el gobierno tardó otros dos años para poner en marcha el proceso extraordinario de regularización que terminó el pasado día 30 de junio. Ni que decir tiene que son las personas inmigrantes que no cuentan con documentación quienes más
esperaban, ansiaban este proceso, y por ellas hicimos y hacemos los esfuerzos organizaciones sociales como Almería Acoge.

Sirva este escrito para felicitarnos por el camino recorrido, sin olvidar el que falta por recorrer, pero también para dejar claro, una vez más, que, al menos personalmente, entiendo como una apropiación indebida, una desfachatez (quizá sea más relevante que nunca utilizar esta palabra porque contiene facha), descaro, insolencia o falta absoluta de vergüenza, la actitud de quienes
se creen con derecho a seguir eternamente obligando a las personas a pedir permiso de forma sumisa para entrar, para existir, para trabajar, permiso para cotizar a la seguridad social, para rejuvenecer nuestros pueblos, para intentar convivir, crecer, amar, morir entre nosotros. Quizá no sea demasiado tarde para darnos cuenta de que esto no es nuestro, de que el mundo de es de todos,
mientras tanto solo los mas mezquinos disfrutarán pensando por un momento que son los dueños del despacho, que son el Excelentísimo Señor a quien preguntar sumisos si da usted su permiso.