Nos reuníamos para denunciar dos muertes ocurridas el pasado 11 de Agosto y, desgraciadamente el mismo día aparecen 7 nuevos cadáveres en nuestras costas, con la posibilidad de que sean más. Al menos 9 muertes más a sumar en la macabra lista de las casi 2.000 personas ahogadas en este mar de enero a junio de este año, intentando llegar hasta España.
Como desde hace varios años, terminamos el verano concentrándonos para mostrar nuestra solidaridad, nuestro pesar por estas personas a las que hemos perdido, personas que no consiguieron el sueño de una vida mejor, sino que encontraron la pesadilla del sistema de barreras y fronteras físicas, mentales y legales que nos rodean por todas partes y que terminan matando esperanzas, deseos y también vidas.


Como cada verano, ha sido difícil encontrar noticias sobre estas muertes, porque, por desgracia y para
vergüenza de todo el llamado primer mundo, estamos demasiado salpicados por la sangre del genocidio en Gaza y a quienes nos repugna esa terrible realidad nos hemos bombardeado de imágenes y noticias de la masacre y la hambruna, como una especie de vacuna para que no caigamos en el silencio
cómplice de nuestra parte del mundo. Desde aquí, una vez más, exigimos frenar de una vez por todas
este genocidio, y penalizar a los sionistas sin escrúpulos que están ahogando en sangre a Palestina y
ahogando en vergüenza eterna a Israel y a sus cómplices.

Hay otras noticias que han desviado la atención, noticias también terribles, los fuegos que la falta de
prevención, la mala gestión pública y el cambio climático, han permitido que conviertan en cenizas gran
parte de nuestro suelo.
Nuestro mundo arde, nuestra cultura, nuestra historia se quema. Quizá también por mala gestión
pública, también por falta de implicación personal o por sobra de egoísmo y ambición, el suelo que nos
sostiene, la tierra en la que deberíamos convivir se quema y nos quema con ella.
Hace unos días escuchábamos que el fuego cruzó la frontera de Portugal, otro fuego, el de la
desesperación ha estado cruzando la frontera de Ceuta por el mar; los fuegos, el hambre, la huida…
cruzan las fronteras, o lo intentan, o simplemente no ven las fronteras. Allí donde unos vemos fronteras, posesiones, patrias… otros solo ven necesidad de futuro, necesidad de libertad, necesidad de paz, necesidad de justicia, necesidad de solidaridad, necesidad de igualdad, de equidad, necesidad de fraternidad más allá de cualquier tipo de frontera, de lengua, de creencia o de pertenencia.
Una vez más llamamos a no tener miedo a perder nuestro sitio en la playa, llamamos a esforzarnos por
no perder nuestro sitio en la historia. Llamamos a no sentirnos propietarios del mar ni de la tierra,
llamamos a no creernos mejores que nadie y no queremos ser vigilantes perseguidores de quien quiera
entrar, sino atentos acogedores de quien nos necesite, venga de donde venga.


Necesitamos menos miedos y más acogida, por eso nuestra concentración está presidida por una mesa
en la que se encuentra la comida, el trabajo, la vivienda, la dignidad, la libertad… una mesa que, o es
compartida, o es fratricida, o la compartimos (aquí y allí) o matamos o dejamos que mueran quienes no
pueden acercarse. No hay más alternativas: o trabajamos más la humanidad, o seguimos quemando
nuestro mundo y a quienes lo habitamos.
Desde la visión de esa mesa por compartir, mostramos nuestra repulsa ante este sistema injusto y nuestra solidaridad con sus víctimas, guardando un minuto de silencio, leemos la poesía de Pilar del Rio.
Y repetimos juntos, una vez más, nuestra reivindicación:
– Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de esta injusticia que
supone tantas muertes para llegar a Europa.
– Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta
vergüenza, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.
– Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se
ven forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.
– Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas,
para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.
– Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana, y
nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática
situación.
NO MÁS MUERTES PARA LLEGAR A EUROPA POR UN MEDITERRANEO SOLIDARIO


























A pesar de la condiciones atmosféricas o, quizás con más razón por ellas, nos volvemos a concentrar para denunciar 14 nuevas muertes en el estrecho, en nuestras costas más cercanas. Seguimos y seguiremos siendo la conciencia de un país que no puede mirar para otro lado, de una Europa que tiene que mirar al Sur.
No, no es un accidente, nunca lo ha sido. Y si alguien se pregunta ¿entonces qué hacemos?, ¿cómo se organizan las migraciones?, ¿no tenemos derecho preservar nuestro territorio, nuestra economía, nuestra identidad?, tendremos que recordar una y mil veces que, si esto es a costa de la vida de otras personas, estaremos siendo cómplices de su muerte. Estaremos siendo cómplices de un sistema criminal que es quien está causando el hambre y las guerras que expulsan a las personas de su propia casa, los gobiernos y la economía que reparten el pan y la tierra por la ley del más fuerte, las fronteras y el silencio que esconden los muertos y asustan a los que quedamos vivos para que no protestemos.