Almería Acoge participa en el programa “Gente Maravillosa” para visibilizar el racismo hacia jóvenes migrantes.
El experimento social fue grabado el pasado 12 de agosto en AquaVera (Vera, Almería), con la participación activa de jóvenes del servicio de inserción sociolaboral gestionado por la Junta de Andalucía y cofinanciado por el FSE+.
Desde Almería Acoge queremos compartir una experiencia que ha sido tan intensa como significativa. El pasado martes 12 de agosto participamos en la grabación del programa Gente Maravillosa, de Canal Sur, con una cámara oculta protagonizada por jóvenes migrantes.
La grabación tuvo lugar en el parque acuático AquaVera, en el municipio de Vera, y consistió en una recreación basada en situaciones reales de discriminación que viven muchos jóvenes migrantes a diario. Nuestros chicos, acompañados por una educadora del equipo, se integraron en el experimento social interpretando a jóvenes recién llegados a España, que apenas dominan el idioma y que se encuentran en una visita organizada por su centro con vistas a realizar prácticas laborales en el parque.
A lo largo de la escena, un matrimonio ficticio —interpretado por actores profesionales— protagoniza una situación de acoso verbal, racismo y criminalización, llegando a acusar a los jóvenes de “colarse” en el parque y de haberles robado el móvil, simplemente por su origen y por la molestia que les supone su presencia en un espacio público.
Para nuestros jóvenes, la experiencia fue mucho más que una grabación: fue una oportunidad para denunciar la violencia simbólica que aún persiste en demasiados espacios, pero también una forma de resignificar su lugar en la sociedad. Ellos no solo interpretaron el papel de víctimas de un sistema que muchas veces los margina: se convirtieron en agentes de cambio, en relatores de su propia historia, en protagonistas de una denuncia colectiva.
Como asociación, valoramos muy positivamente esta colaboración con Gente Maravillosa. El programa no solo se ha consolidado como una herramienta audiovisual de sensibilización, sino que nos ofreció un espacio para mostrar que detrás del término “mena” hay historias de superación, esfuerzo, humanidad y dignidad.
Las conclusiones las dejamos para cuando se difunda el programa en televisión, ya avisaremos de la fecha.
Esta participación forma parte de nuestro compromiso con una inserción social integral, que no se limita a lo laboral o educativo, sino que abarca también la participación activa y protagonista, el empoderamiento y la convivencia intercultural.
Los jóvenes que han participado forman parte del “servicio de 300 plazas de inserción laboral y social para jóvenes inmigrantes que hayan estado bajo las medidas del sistema de protección de menores de la Junta de Andalucía o jóvenes inmigrantes en situación de gran vulnerabilidad” que gestiona nuestra asociación en la provincia de Almería.
En los últimos meses, algunos partidos políticos han radicalizado su discurso buscando un enemigo común. La portavoz del grupo de ultraderecha, Rocío de Meer, ha declarado públicamente su intención de deportar a todo inmigrante, independientemente de su situación administrativa en España, a su país de origen si no se adapta a unos cánones que solo su partido establece. Unos cánones para ser un «correcto español», según su ideología.
Por eso quiero compartir una reflexión de una persona de 26 años que encontré en redes sociales. Una reflexión que me hizo pensar:
“Fue a la edad de catorce o quince años cuando tropecé a menudo con la palabra ‘moro’, ‘marroquí’, especialmente en conversaciones de tema político. Por aquel entonces experimentaba un ligero rechazo, no pudiendo desprenderme de ese sentimiento desagradable que siempre me sobrecogía cuando se resolvían conflictos de índole religiosa. La cuestión, por entonces, no tenía para mí otras connotaciones. En la ciudad de Jaén vivían muy pocos moros. Con el curso de los lustros se habían europeizado exteriormente, aparentando ser uno más; personalmente llegué a considerarles españoles. Lo absurdo de esta ilusión me era poco claro, ya que por aquel entonces veía en el aspecto religioso la única diferencia peculiar. Que por eso se persiguiese a los moros y moras, como creía yo, hizo que muchas veces aborreciera los comentarios desfavorables que se hacían de ellos. De la existencia de un odio sistemático contra el marroquí no tenía yo todavía ninguna idea en absoluto.
Así llegué yo a Almería. Ciertamente, ahora ya no se trataba de españoles con una creencia religiosa especial, sino de un pueblo diferente en sí, por lo que yo no podía dudar más; pues desde que me empezó a preocupar la cuestión marroquí, cambió mi primera impresión sobre Almería. Por doquier veía moros, y cuanto más los observaba, más se diferenciaban a mis ojos de las demás gentes. Sobre todo, en el centro de la ciudad y en la parte norte, se notaba la presencia de un verdadero enjambre de individuos que, por su aspecto externo, en nada se parecían a los españoles.
Fuente RTVE
Hasta aquí la cita. ¿no es para tanto, verdad? Salvo que se revele ahora que no esto no lo escribió ningún joven en redes sociales…
Pues esta reflexión no la escribió ningún joven en redes sociales. Fue escrita hace casi un siglo por una persona que cambió la historia del mundo para siempre. Se trata de dos extractos de un famoso libro publicado en 1925 por Adolf Hitler: Mein Kampf, concretamente de las páginas 38 y 41 (Hitler, 2013, pp. 38–41). Lo único que hice fue sustituir las palabras “judío”, “judaísmo” y “sionismo” por otras más actuales como “marroquí” e “islam”, además de cambiar las ciudades originales (Viena y Múnich) por Jaén y Almería.
¿Ahora qué opinas?
¿De verdad no nos damos cuenta de la deriva ideológica a la que nos están arrastrando ciertas personas y partidos? Se han quitado la careta, y están dejando claro que no son tan distintos a los nazis antisemitas que definían quién merecía vivir o ser parte del país.
Fuente RTVE
Ellos ponen los criterios, los principios y las doctrinas. Quien no piense como ellos es automáticamente un enemigo: comunista, woke, feminista, rojo… cualquier apelativo que te convierta en objetivo. Su programa se basa en el odio. En señalar a un “otro”. En fijar una diana. En pintar un punto rojo sobre la nieve, fácil de identificar para quien tiene buena vista, pero poca visión.
Esta estrategia política está de actualidad, pero también es muy antigua Por eso debe compararse con la historia. Porque siento que cada día estamos más cerca de repetirla.
Hitler, A. (2013). Mi lucha. Sigfrido Casa Editora. (Obra original publicada en 1925)
Texto original
Fue a la edad de catorce o quince años cuando tropecé a menudo con la palabra «judío», especialmente en conversaciones de tema político. Por aquel entonces, experimentaba un ligero rechazo, no pudiendo desprenderme de este sentimiento desagradable que siempre me sobrecogía cuando se resolvían conflictos de índole religioso.
La cuestión por entonces no tenía pues para mí otras connotaciones.
En la ciudad de Linz vivían muy pocos judíos. Con el curso de los siglos se • habían europeizado exteriormente, aparentando ser uno más; personalmente llegué a considerarles alemanes. Lo absurdo de esta ilusión me era poco claro, ya que por aquel entonces veía en el aspecto religioso la única diferencia peculiar. Que por eso se persiguiese a los judíos, como creía yo, hizo que muchas veces aborreciera los comentarios desfavorables que se hacían de ellos.
De la existencia de un odio sistemático contra el judío no tenía yo todavía ninguna idea en absoluto.
Así, llegué yo a Viena. Página 38
Ciertamente ahora ya no se trataba de alemanes con una creencia religiosa especial, sino de un pueblo diferente en sí, por lo que yo no podía dudar más; pues desde que me empezó a preocupar la cuestión judía, cambió mi primera impresión sobre Viena. Por doquier veía judíos, y cuanto más los observaba, más se diferenciaban a mis ojos de las demás gentes. Sobre todo en el centro de la ciudad y en la parte norte del canal del Danubio, se notaba la presencia de un verdadero enjambre de individuos que, por su aspecto externo, en nada se parecían a los alemanes.
Y si aún hubiese dudado, mi vacilación habría tenido que llegar definitivamente a su fin debido a la actitud de una parte de los judíos mismos.
Un gran movimiento surgió entre ellos, no poco extenso en Viena, que tendía a establecer claramente el carácter racial del judaísmo. Este movimiento era el sionismo.
Aparentemente sólo un grupo de judíos apoyaba tal actitud, en tanto que la mayoría la condenaba. Sin embargo, al analizar las cosas de cerca, esa apariencia se desvanecía, descubriéndose un mundo de malvados subterfugios —por no decir de mentiras— que se habían originado por razones de pura conveniencia. Los llamados «judíos liberales» rechazaban a los sionistas, no porque ellos no se sintiesen igualmente judíos, sino únicamente porque éstos hacían una pública confesión de su judaísmo, algo que ellos consideraban inconveniente y hasta peligroso. Página 41
Versión adaptada
Fue a la edad de catorce o quince años cuando tropecé a menudo con la palabra “moro”, “marroquí”, especialmente en conversaciones de tema político. Por aquel entonces, experimentaba un ligero rechazo, no pudiendo desprenderme de este sentimiento desagradable que siempre me sobrecogía cuando se resolvían conflictos de índole religioso.
La cuestión por entonces no tenía pues para mí otras connotaciones.
En la ciudad de Jaén vivían muy pocos moros. Con el curso de los lustros se habían europeizado exteriormente, aparentando ser uno más; personalmente llegué a considerarles españoles. Lo absurdo de esta ilusión me era poco clara, ya que por aquel entonces veía en el aspecto religioso la única diferencia peculiar. Que por eso se persiguiese a los moros y moras, como creía yo, hizo que muchas veces aborreciera los comentarios desfavorables que se hacían de ellos.
De la existencia de un odio sistemático contra el marroquí no tenía yo todavía ninguna idea en absoluto.
Así, llegué yo a Almería.
Ciertamente ahora ya no se trataba de españoles con una creencia religiosa especial, sino de un pueblo diferente en sí, por lo que yo no podía dudar más; pues desde que me empezó a preocupar la cuestión marroquí, cambió mi primera impresión sobre Almería. Por doquier veía moros, y cuanto más los observaba, más se diferenciaban a mis ojos de las demás gentes. Sobre todo, en el centro de la ciudad y en la parte norte de ciudad, se notaba la presencia de un verdadero enjambre de individuos que, por su aspecto externo, en nada se parecían a los españoles.
Y si aún hubiese dudado, mi vacilación habría tenido que llegar definitivamente a su fin debido a la actitud de una parte de los moros mismos.
Un gran movimiento surgió entre ellos, no poco extenso en Almería, que tendía a establecer claramente el carácter racial del islam. Este movimiento era el islamismo.
Aparentemente sólo un grupo de moros apoyaba tal actitud, en tanto que la mayoría la condenaba. Sin embargo, al analizar las cosas de cerca, esa apariencia se desvanecía, descubriéndose un mundo de malvados subterfugios —por no decir de mentiras— que se habían originado por razones de pura conveniencia. Los llamados «moros buenos» rechazaban a los islamistas, no porque ellos no se sintiesen igualmente marroquí, sino únicamente porque éstos hacían una pública confesión de su islamismo, algo que ellos consideraban inconveniente y hasta peligroso.
Una tarde mas paseamos otra compañera y yo por las calles del Puche, barrio marginado donde los haya, sus vecinas y vecinos son puros supervivientes, a veces parece un “no lugar”, un espacio impersonal, no habitable, donde las relaciones son tensas en un entorno profundamente hostil. Pero si ahondas más descubres la amabilidad de sus gentes, su sonrisa cuando los miras a los ojos, sus ganas de saludarte, de contarte sus problemas, de recibirte en sus casas, la alegría de los chiquillos que se aprietan a ti en un abrazo inmenso cuando te ven.
Entre las gentes que encontramos cada tarde, están los vendedores del “mercado de subsistencia” (nombre inventado por nosotras), que a partir de media mañana va poco a poco ocupando una calle del barrio. No es un mercado nuevo, llevamos trabajando en él desde que llegamos al barrio allá por el año 2009, en este tiempo ha pasado por muchas fases y ha ocupado muchos espacios distintos, pero siempre ha tenido un elemento que ha permanecido: la marginación, las personas que lo conforman son los mas empobrecidos entre los empobrecidos, los mas excluidos entre los excluidos, cuando esta tarde, le preguntamos a un chico nuevo que qué tal está, su respuesta lo dice todo: “”no papeles, no donde dormir, no trabajo, solo, no muy bien”.
Algunos tienen una botella de cerveza a su lado, otros tienen los ojos, la lengua y la cabeza nublados por lo que se han fumado o han esnifado, si alguien se escandaliza por esto es que nunca ha bajado al barro de la exclusión real. Cuidado, esas personas son tan dignas como cualquiera que esté leyendo este texto. Muchos otros tienen el rostro serio y la mirada perdida en el horizonte, un horizonte que no ven nada claro.
Son personas que solo pueden vivir el momento, porque si piensan en “después”, solo ven su propio fracaso y eso les duele, para huir de ese dolor, huir de su vida sin horizonte y ahuyentar sus miedos es por lo que algunos han buscado adormecerse con adicciones y otros se refugian en vivir solo el momento: “si vendo algo ahora podré comer hoy”, no hay un “y si no vendo nada…”porque ese es el “después” al que no saben cómo enfrentarse.
Esta tarde sin embargo, asistimos a un acontecimiento que ya nos habían dicho que pasaba pero que no habíamos visto aún, se trata de la llegada de la policía local escoltando por delante y por detrás a un camión de la basura y una brigada de limpieza, es una “procesión surrealista”, hay chicos que salen inmediatamente corriendo recogiendo las pocas pertenencias que tienen sobre la acera para que no se las tiren al camión de basura, otros sin embargo se quedan bloqueados y siguen organizando sus pertenencias como si así fueran a ser respetadas, nada mas lejos de la realidad, todo lo que hay sobre la acera es recogido por la brigada de limpieza y echado al camión, objetos y personas son tratados como si fueran basura y es curioso, el barrio entero necesita una limpieza a fondo pero solo limpian el mercadillo.
Ni mi compañera ni yo entendemos por qué la única respuesta del Ayuntamiento ante estas situaciones de exclusión es tratar a las personas como basura. Al menos es la única que nosotras y los vecinos y vecinas con las que hablamos hemos visto.
Se necesita una respuesta mas creativa, mas compleja, mas valiente y me atrevería a decir mas humana, pero nunca cuando hemos hablado del Mercadillo con las instituciones han querido que nos sentemos a buscar una respuesta realmente alternativa y humana.
Nosotras seguiremos paseando cada tarde por las calles del Puche, visitando sus casas, acogiendo los saludos de los chiquillos, nos seguiremos pasando a escuchar a los vendedores del Mercadillo, queremos escuchar la alternativa que ellos ven, queremos que sientan que no son basura, queremos recordarles que son personas y que tienen un futuro, aunque ahora no sean capaces ni de mirarlo.
Es tiempo de Ramadán, tiempo de Cuaresma, tiempo de primavera, tiempo de fraternidad.
Soy una cristiana a la que una musulmana ha invitado en su mes santo a una “ruptura del ayuno”, los musulmanes, durante el mes de Ramadán, no comen ni beben desde el amanecer hasta el atardecer, ella es una mujer madura, no llega aún a los 60 pero su rostro muestra a una anciana, su vida no ha sido fácil antes ni está siendo fácil en esta etapa tampoco, vive sola en una infravivienda, una habitación sin mas ventilación que la puerta, un lugar oscuro, donde nunca llega el sol, en medio de un barrio lleno de pobreza y marginación.
No tiene trabajo desde hace años, hace tiempo que nadie la contrata, quizás porque parece muy mayor, para sobrevivir vende lo que puede en un mercadillo desregulado, en el que es la única mujer, ha tenido que vencer muchos obstáculos culturales y sociales para poder hacerlo, no es fácil mantenerse en este espacio de hombres donde la desestructuración está tan presente como la lucha por la supervivencia y la dignidad.
Es pobre y está sola y esa soledad y pobreza le pesan como una losa, no sonríe, no es feliz y ahora en Ramadán cada atardecer tiene que romper el ayuno sola, es un pan amargo.
Esta noche es diferente, ha decidido decir basta y me ha invitado a una ruptura, no sé muy bien porque, yo solo me he dedicado a hablar con ella en el mercadillo de vez en cuando, alguna vez incluso me he sentado con ella sólo para charlar un rato y escuchar sus quejas, su rabia, sus sueños.
Ella dice que ha tenido suerte porque he asistido, pero soy yo la que esta noche ha tenido mucha suerte. En este encuentro descubro que esta comida compartida y repartida desde la pobreza, pero también desde la acogida y desde el cariño, es una comida que nos permite aceptarnos en la diferencia, acercarnos a Dios desde dos experiencias religiosas distintas, pero que no nos separan. Es una comida de hermandad.
La comida se convierte para mí en un sacramento, esta cena ha sido un regalo en esta Cuaresma, la oportunidad de vivir un Jueves Santo de verdad, la mesa estaba preparada con un cuidado exquisito y la alegría que ella trasmitía era contagiosa, mientras esperábamos los últimos minutos para empezar a comer, no paraba de bromear, había sacado a pasear la niña que lleva dentro y éramos muy felices.
Gracias hermana mujer, por tu lucha en medio de las dificultades y de la soledad, por seguir adelante a pesar de todo, tu testimonio me ayuda a no rendirme.
Gracias hermana pobre, por ayudarme a comprender la dignidad en medio de esa pobreza, la importancia del compartir, aunque se tenga poco o casi nada, la alegría de ese compartir, gracias por abrirme tu casa pobre que me ayuda a darme cuenta de cuantas cosas acumulamos, cuánto nos sobra, me recuerda que en medio de todo lo que acumulo lo que debo buscar es a las personas.
Gracias hermana musulmana, por compartir conmigo tu comida, por ayudarme a acercarme a ti.
¡Qué tiempos!, dicen los viejos, ¡qué tiempos nos ha tocado vivir!. Para los jóvenes, sin embargo, no son ni buenos ni malos tiempos, viven desde la inmediatez de las redes sociales, viven desde la felicidad o la desesperación, a veces sin cerebro, que da sentirse aceptado o rechazado socialmente.
A todos, la sociedad nos hace vivir solo el momento, lo efímero, vidas hechas de instantes, sin pasado y sin futuro, vivimos desde el mí, me, conmigo mismo, del individualismo salvaje y desde la convicción del “consumes, luego existes”.
Sin embargo, para los que vivimos en los márgenes de la sociedad, para los excluidos, para las excluidas, todo se complica un poco mas porque queremos vivir como los demás, en lo efímero, en la inmediatez y la aceptación en las redes sociales, estamos empapados hasta los huesos, como el resto, de individualismo y de consumismo, pero nos sabemos al margen, expulsados de una sociedad a la que queremos pertenecer pero que no nos quiere.
En mi barrio hace años que dejó de entrar el autobús y ya nadie pelea por él, en mi barrio mi hija se puso muy enferma a las 3 de la mañana y al llamar a la ambulancia me contestaron que, si tenia coche que la llevara a urgencias, que a esa hora la ambulancia no iba a venir al barrio, me sentí vulnerable y desprotegida, la vida de mi hija parece que no vale nada porque vivo en la exclusión, y la rabia me sube un instante hasta el corazón y la mente, me sube hasta la garganta y grito, pero mi grito está solo, y se queda ahogado en la desesperanza.
Estoy cansada de sentirme marginada, estoy cansada de sentir que mi vida no va a cambiar, cansada de escuchar a mis vecinas decir que no tienen suerte, quizás no es suerte lo que necesitamos, sino esperanza. Estoy cansada de aprender la desesperanza, necesito aprender a tener esperanza en mi vida, necesito ver esperanza en los ojos de mis vecinos y vecinas, en los ojos de los jóvenes y de los niños.
Necesito que comience un tiempo de esperanza, de esa esperanza que no sea una mera ilusión, que no sea como un cohete que estalla en el cielo y por un instante ilumina nuestras vidas con múltiples colores, necesito de esa esperanza que nos anime a seguir adelante, buscando nuevos caminos, nuevas formas de vivir y convivir, de esa esperanza que me hace sentirme y ser persona, y además persona junto a otros.
Necesito sentirme esperanzada, sentir que podemos hacer entre todos que en mi barrio las cosas cambien. Que entre el autobús al barrio, que recojan la basura, que tengamos al menos papeleras, que venga la ambulancia cuando hay una urgencia, sea la hora del día o de la noche que sea. Sentir que mi hija puede tener un futuro mas allá de la pantalla del móvil y de la basura de la calle, mas allá del consumismo y de las fakenews, mas allá de sentirse excluida porque es pobre, o porque es inmigrante.
Sí, inequívocamente, lo que yo necesito, lo que mi hija necesita, lo que necesita mi barrio es ESPERANZA.
En la Asociación Almería Acoge, la diversidad no solo es una característica, sino un pilar fundamental que guía cada una de nuestras acciones. Creemos que la inclusión de niños y niñas, con sus características y necesidades particulares, es esencial para su desarrollo integral. Por eso, en nuestra labor diaria, siempre mantenemos el foco de la diversidad encendido, entendiendo que cada niño tiene una forma única de aprender, crecer y relacionarse con su entorno.
Uno de los espacios donde trabajamos este enfoque de diversidad es en el Taller de Tareas, un espacio educativo donde acompañamos a los niños y niñas en el desarrollo de competencias académicas y socioemocionales. Este taller tiene como objetivo proporcionar apoyo en las tareas escolares, pero también es mucho más que eso: es un espacio de encuentro, de crecimiento compartido y de aprendizaje dinámico. Aquí, el juego es una herramienta esencial. Sabemos que el juego no solo es una forma de entretenimiento, sino una estrategia poderosa para fomentar el aprendizaje lúdico, que permite a los niños desconectar de la rutina diaria, aliviar tensiones y, al mismo tiempo, desarrollar habilidades cognitivas, emocionales y sociales.
En este taller, detectamos continuamente las diversas formas de aprendizaje de nuestro alumnado. A veces, estas diferencias se traducen en necesidades especiales que requieren una atención más personalizada. Sin embargo, lejos de quedar impasibles ante estas situaciones, optamos por un enfoque proactivo y colaborativo. El trabajo en red entre el centro educativo, las familias y nuestra entidad es fundamental para poder ofrecer respuestas adecuadas a la singularidad de cada niño y niña. Juntos, buscamos formas de adaptar el proceso educativo a sus necesidades, garantizando así que todos tengan las mismas oportunidades de aprender y desarrollarse de forma plena.
A través de este trabajo en conjunto, hemos logrado crear un ambiente inclusivo, donde cada niño se siente respetado y apoyado en su proceso de aprendizaje. Al fortalecer la colaboración con las familias y los centros educativos, conseguimos una visión compartida de las necesidades de cada alumno, lo que nos permite diseñar estrategias y adaptaciones que faciliten su aprendizaje y participación activa.
En la Asociación Almería Acoge, nos sentimos orgullosos de este enfoque inclusivo, que refleja nuestro compromiso con la diversidad. Sabemos que no hay dos niños iguales, por lo que cada uno merece una atención y adaptación que respete su individualidad y potencial. Continuaremos trabajando para que cada niño, sin importar su contexto o sus necesidades, tenga un espacio seguro y enriquecedor para aprender, crecer y prosperar.
«Los días pasan y no suelen ser muy diferentes. Esta noche no he podido dormir. Me he levantado a las cinco de la mañana, inquieto. He ido al salón de mi casa, he encendido la televisión, he sacado de la nevera una botella de agua fría y he mirado las noticias en el móvil hasta que ha sonado el despertador. Ya estaba despierto, pero necesitaba despejarme, así que me he dado una ducha caliente. Después, he bebido otro vaso de agua y he comido un trozo de pan. No tenía mucha hambre. Al terminar, me he cepillado los dientes, he bajado al garaje, he cogido mi coche y he ido al trabajo.
Al llegar, he encendido el ordenador, revisado los correos y, como todas las mañanas, he ido con mis compañeras al bar de al lado a tomar café. Allí ya nos conocen; saben cómo me gusta el café y el trato es familiar.
Pero pronto me he dado cuenta de que no era un día normal. El teléfono no paraba de sonar: llamadas de distintos medios que querían la opinión del director sobre el desalojo que está a punto de suceder el 25 de febrero en una finca privada situada en el paraje Los Bojares, en Níjar (Almería). En esta ocasión, no es una entidad pública la que reclama el suelo, sino el propietario, que quiere recuperar la finca para su uso.
En ese asentamiento viven 60 personas, incluidas familias con menores. Son personas que trabajan. Niños que van a la escuela. Padres y madres que cuidan de sus hijos. Son trabajadores agrícolas que se levantan todas las mañanas para sostener el campo almeriense: ese que tantas alegrías nos ha dado y que, al mismo tiempo, castiga a tantos otros.
Esta mañana, ellos no han seguido el mismo proceso que yo. No han encendido la luz porque no tienen. No han abierto el grifo para beber agua potable porque no hay. No han sacado comida de un frigorífico porque, si lo tienen, es con la inestabilidad de un tendido eléctrico precario, insuficiente para 60 personas.
Hoy han despertado con la noticia de que perderán su hogar. Porque, dentro de la precariedad y la vulnerabilidad, ese sigue siendo su hogar. Tan digno como las mansiones de aquellos para quienes trabajan.
Algunas familias han decidido dejarlo todo —lo poco que les queda— e irse a Murcia en busca de una nueva vida. Otras intentarán sobrevivir en otros asentamientos de la zona.
La justicia sigue su curso y su respuesta es lícita. Pero la respuesta de la administración es, como de costumbre, ausente. Un desalojo siempre debería ir ligado a un realojo.
El campo almeriense sobrevive gracias a la mano de obra de miles de migrantes que trabajan en un sector del que los españoles se alejaron hace tiempo. Algo debe de estar pasando en el campo para que los únicos que quieran trabajar en él sean aquellos que no tienen otra opción.
Después de tantas llamadas y las explicaciones de mi jefe, he salido tarde del trabajo. Una mujer del barrio, agradecida por lo que hacemos, nos ha traído cuscús para todo el equipo. Hemos comido juntos, al estilo africano, todos del mismo plato.
Al terminar, he cogido el coche y he vuelto a casa. Me he tumbado en mi cómodo sofá, luego he salido a pasear para despejarme y después he vuelto al mismo sofá. Me he preparado la cena y, tras comer, me he puesto a escribir.
No he dejado de pensar ni un solo momento que todo el revuelo de hoy es la realidad diaria de miles de personas. La única diferencia entre ellos y yo es que he tenido la suerte de nacer al otro lado del Mediterráneo.
Y mientras escribo, con todas las comodidades del mundo rico, me pregunto: ¿qué está pasando por la cabeza de nuestra sociedad para que siempre culpemos de todos los problemas a los más vulnerables?
Tenemos miedo de perder la cultura europea. Pero si la respuesta ante la injusticia es señalar al más débil, quizás el problema no sean ellos. Quizás el problema sea nuestra propia cultura.»
En estos dias hemos tenido el placer de recibir en el centro San Isidro (Níjar) de Almería Acoge a los estudiantes de la Winter School Water Relationality and Ethics de la Universidad de Amberes, organizada por la Antwerp Winter University y por el @CEMyRI Centro de Estudio de las Migraciones y las Relaciones Interculturales de la Universidad de Almería. En esta visita, el director de nuestra entidad, Juan Miralles, ha compartido con los asistentes la misión de nuestra organización y la labor que desarrollamos en el acompañamiento y acogida de personas migrantes, así como la intervención en asentamientos.
Este encuentro ha sido una oportunidad para sensibilizar y reflexionar sobre la realidad de muchas personas en nuestra provincia y la importancia de una perspectiva relacional del agua y la ética en la toma de decisiones ambientales y sociales. Los participantes han podido conocer de primera mano la compleja relación entre los trabajadores migrantes y las condiciones en las que viven, un tema que se enmarca dentro del programa académico de la Winter School.
Durante la jornada, los estudiantes han explorado distintos aspectos de nuestra labor, como el impacto de los asentamientos en el acceso a recursos esenciales como el agua y la necesidad de políticas más inclusivas para garantizar derechos básicos a todas las personas. Además, se ha destacado la importancia del trabajo comunitario y la solidaridad en la construcción de una sociedad más justa y sostenible. Queremos agradecer a la Universidad de Amberes por incluirnos en este programa y permitirnos compartir nuestra experiencia con estudiantes y académicos comprometidos con la justicia social y ambiental. ¡Esperamos seguir colaborando en futuras ediciones!
Agradecemos a la @UAntwerp, al @CEMyRI Centro de Estudio de las Migraciones y las Relaciones Interculturales de la @ualmeria Universidad de Almeria y a todos los participantes por este enriquecedor encuentro. Más sobre el programa aquí [https://www.uantwerpen.be/en/summer-winter-schools/water-relationality-and-ethics/programme/course-description/]
En este día, los jóvenes del Proyecto de Extutelados de Almería Acoge quieren mandar un mensaje de apoyo a todas las personas que luchan contra el cáncer, especialmente a las mujeres que enfrentan el cáncer de mama. Este gesto solidario nos recuerda la importancia de la concienciación, la prevención y el acceso a tratamientos adecuados la detección temprana que puede salvar vidasy, sobre todo, que la lucha contra el cáncer es de todos. Juntos somos más fuertes.
Un espacio de aprendizaje y reflexión
A lo largo de una sesión de una hora y media, los participantes pudieron conocer de manera sencilla qué es el cáncer, cuáles son los tipos más comunes en el mundo y en España, y por qué es fundamental la detección temprana. A través de una dinámica de lluvia de ideas, los jóvenes compartieron sus conocimientos previos y reflexionaron sobre la importancia de hablar abiertamente de esta enfermedad para romper tabúes y miedos.
Uno de los momentos más significativos del taller fue la actividad de los lazos de colores, en la que los participantes aprendieron el significado de cada color en la lucha contra los distintos tipos de cáncer y la importancia de visibilizar el apoyo a las personas que padecen esta enfermedad. Además, se presentaron datos sobre la incidencia mundial de la enfermedad, destacando que en 2020 se registraron 20 millones de casos nuevos y que el cáncer de mama fue el más frecuente, afectando a más de 2 millones de personas.
Participación activa y compromiso con la prevención
Durante el taller, los jóvenes participaron en una actividad interactiva donde debieron clasificar diferentes hábitos como saludables o perjudiciales para la prevención del cáncer. Esta actividad permitió que comprendieran la importancia de llevar una alimentación equilibrada, hacer ejercicio regularmente, evitar el tabaco y el alcohol, y acudir al médico ante cualquier síntoma sospechoso.
También se abordó el impacto emocional del cáncer y el papel fundamental que juega la actitud positiva en el proceso de tratamiento. Los jóvenes reflexionaron sobre cómo pueden apoyar a una persona que esté luchando contra esta enfermedad, resaltando la importancia de acompañar sin juzgar, motivar sin presionar y celebrar cada pequeño avance.
Un mensaje de apoyo a las mujeres con cáncer de mama
El taller concluyó con un gesto solidario que llenó de emoción a todos los presentes: la grabación de un video en varios idiomas en apoyo a las mujeres que están luchando contra el cáncer de mama. En esta grabación, los participantes expresaron mensajes de aliento y esperanza, reafirmando que nadie debe enfrentar esta batalla en soledad.
Desde nuestra asociación, queremos agradecer la participación activa de todos los jóvenes que formaron parte de este taller. Su interés, reflexiones y compromiso con la prevención son una muestra del impacto positivo que generan estas iniciativas.
Seguiremos promoviendo espacios de concienciación y formación, porque creemos firmemente en el poder del conocimiento, la prevención y la solidaridad para construir un futuro más saludable para todos.
El programa de jóvenes extutelados está impulsado por la Junta de Andalucía, a través de la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad y cofinanciado por el FSE+, trabaja por la inserción social y laboral de jóvenes migrantes extutelados y en situación de vulnerabilidad.
Queríamos empezar esta reflexión con algo que nos recuerda la UNESCO: «La migración es un fenómeno mundial impulsado por muchas fuerzas. Estas comienzan con aspiraciones de dignidad, seguridad y paz. La decisión de salir de casa es siempre extrema y, con demasiada frecuencia, el comienzo de un viaje peligroso, a veces con un final fatal».
Queremos aprovechar este día para volver a poner la reflexión de un grupo de chicos que han hecho ese viaje peligroso y que nos recuerdan todo lo que han perdido en el y todo lo que su tierra está perdiendo. Una reflexión muy profunda.
«Soy África. Todos me conocen y saben dónde estoy. Soy hermosa por dentro y por fuera; tengo desiertos infinitos, selvas y ríos que cuentan diferentes historias. Pero también llevo cicatrices que crecen cada día, ausencias que duelen y sueños que nunca vuelven.
Tengo una pena en lo más profundo de mi corazón porque mis hijos me dejan con la esperanza de encontrar algo mejor, y muchos no regresan a mí. Mis hijos buscan aquello que no encontraron en mi seno, no porque yo se lo haya negado, sino porque el mundo me ha saqueado y me ha olvidado. Cada día los veo partir, sabiendo que algunos nunca volverán, sabiendo que las olas reclamarán sus vidas antes de que puedan tocar otras tierras. Aunque algunos logran llegar, mis llantos son por aquellos cuerpos que flotan en el mar sin ninguna dirección.
El mar debería ser un puente para cruzar, pero se ha convertido en un cementerio de almas y sueños. Conozco cada cuerpo que se hunde en sus aguas. Sé sus nombres, sus historias, sus anhelos y sus ilusiones. Eran madres, padres, hermanos, hijos. Eran mis hijos. Y el dolor de perderlos me atraviesa el alma como un cuchillo afilado. ¿Dónde está la justicia para ellos? ¿Por qué sus vidas valen menos solo porque nacieron en mi suelo?
Soy rica en recursos, en cultura, en historia, pero también soy prisionera de la codicia humana y de la indiferencia de un mundo que cierra los ojos a mi sufrimiento. Me pregunto cuánto más debo llorar por mis hijos antes de que se entienda que ellos no emigran por elección, sino por necesidad. Cada patera que se pierde, para el mundo es solo un número más, pero yo no los olvido. Los llevo en mi corazón, aunque el mundo los deje atrás. Cada ola que veo y siento me recuerda a esos hijos e hijas que perdí porque buscaban un futuro mejor.
Mis lágrimas brotan porque sé que merecían algo más que una muerte solitaria. Me rompe el corazón ver familias destrozadas, hijos huérfanos, mujeres y niñas solas. Y mientras el mundo siga ignorándolos, mi llanto no cesará, porque ellos son y siempre serán parte de mí».
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