ÁNGEL, UN VOLUNTARIO MAYOR

ÁNGEL, UN VOLUNTARIO MAYOR

El 27 de diciembre pasados falleció nuestro compañero en el voluntariado, mi, nuestro, amigo Ángel Moreno Roda.

Lo conocí hacia 1999, cuando compartimos despacho en el gabinete jurídico de Almería Acoge en la antigua sede de Padre Luque. Hombre de elevada estatura, delgado, porque tenía que cuidarse mucho por su diabetes, me llamaba la atención su gran formación jurídica y, sobre todo, su carácter.

Metódico, asertivo, siempre poniéndose al día, espléndido jurista, lo que más me admiraba de él era su trato con los migrantes que venían a consultarle sus problemas: atención y empatía exquisita. Quién cayera en sus manos no sólo saldría con la mejor respuesta jurídica a su problema, es que se sentía tratado con respeto y humanidad especiales.

Alguna vez dejé de trabajar para admirar el trato que daba a aquellos que le intentaban liar o engañar. Les pillaba al vuelo y les regañaba con una energía empática que, sin palabras agrias ni alto volumen, desarmaba al mangoneante sin humillarlo. Hace falta una personalidad muy bien construida para saber regañar como lo hacía Ángel.

Ángel tenía rasgos de señor de los de antes, de los que Ortega y Gasset consideraba en” buena forma”, “altos de moral”, necesarios para progresar (palabra, hoy, muy desgastada).

Nacido en 1929, la guerra incivil hizo desaparecer a gran parte de su familia, que, por sus valores tradicionales, quedó en lugar equivocado. Aceptó esa experiencia sin rencor. Miraba hacia delante.

He consultado sus datos en la I.A. Con alegría veo que consta información sobre su notable expediente universitario, su acceso a los niveles altos del funcionariado como habilitado a nivel estatal de la Administración local, su paso como secretario de los ayuntamientos de varias localidades hasta llegar a la Diputación de Almería donde trabaja décadas hasta jubilarse en 1994 recibiendo el escudo de oro de nuestra provincia por su labor.

Sí, la I.A. nos informa de su aspecto de trabajador riguroso y honrado, pero no recoge que era un hombre de “alta moral”, de los que aceptan desafíos y dan lo mejor de sí. Así que, jubilado, no se queda en casa y llega a Almería Acoge, aprendiendo informática para ser eficaz, con algún coma hipoglucémico que nos hizo llamar al 061, pero, repuesto, no iba a casa, seguía trabajando. Tampoco consintió que la pérdida de Carmen, su mujer, lo apartara de la atención gratuita a los migrantes.

Estuvo con nosotros, que le echábamos un ojo por si tenía síntomas de bajón de glucosa, hasta pasados los ochenta años. Sus cualidades de excelente compañero, su trabajo constante y eficaz… llevan a la Asociación a conseguir para él la medalla provincial al voluntariado y, en nuestra despedida, la de plata de nuestra Asociación.

Hasta el final le he visto leer, pasear, tutelar a su hermana menor con Alzheimer, ir a la piscina, seguir peleándose con la informática…

Y su final, para alguien como yo, que ya es mayor también, le deja serenidad. La serenidad de despedir a alguien que ha aprovechado su vida. Sé que descansa en paz.

En Almería a 2 de diciembre de 2025

Francisco Sanz Meléndez, voluntario de Almería Acoge.

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Sobre el autor

Juanjo Castillo administrator

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