Hay cosas que nunca deberían perderse. Una de ellas es la costumbre de salir a la calle, saludar a quien vive al lado, conocer a los niños y niñas que juegan en la plaza y sentir que el barrio también es un poco responsabilidad de cada uno de nosotros.
En la Asociación Almería Acoge llevábamos tiempo echando de menos esa cercanía. Ese trabajo sencillo, pero tan necesario, de compartir tiempo con nuestros vecinos y vecinas, de escucharnos, de conocernos y de volver a construir relaciones que hacen que un barrio sea mucho más que un conjunto de edificios.
Por eso hemos decidido recuperar una de las actividades que siempre ha formado parte de nuestra manera de entender la intervención social: la dinamización comunitaria.
Lo hacemos de la mejor forma que conocemos, contando con las personas del propio barrio. Un grupo de chicas jóvenes voluntarias ha decidido dedicar parte de su tiempo a organizar tardes de juegos con los niños y niñas. Podría parecer una actividad sencilla, y lo es. Pero precisamente en esa sencillez reside su mayor valor.
Mientras los más pequeños juegan al escondite, a la comba o recuperan esos juegos de toda la vida que casi habían desaparecido, también aprenden algo mucho más importante: que la calle puede ser un lugar para convivir, que el respeto empieza por cuidar los espacios que compartimos y que un barrio mejora cuando quienes viven en él se sienten parte de su historia.


Las jóvenes voluntarias no solo organizan juegos. Se convierten en referentes para los más pequeños, demuestran que la juventud también quiere implicarse y nos recuerdan que el compromiso con el lugar donde vivimos no entiende de edades.
Vivimos tiempos en los que muchas veces hablamos de convivencia desde grandes discursos, cuando quizá la convivencia empieza en gestos muy pequeños: recoger un papel del suelo, cuidar un parque, respetar al vecino, compartir una tarde de risas o aprender el nombre de quien vive en la puerta de al lado.

Un barrio no cambia porque llegue alguien de fuera a transformarlo. Cambia cuando sus vecinos y vecinas vuelven a mirarse, a saludarse y a sentir que aquello que ocurre en sus calles también les pertenece.
Recuperar ese sentimiento de pertenencia es uno de los mayores retos que tenemos como sociedad. Porque cuando una persona siente que un lugar es suyo, lo cuida. Cuando un niño crece sintiendo que su barrio le pertenece, aprende a respetarlo. Y cuando una comunidad vuelve a encontrarse, aparecen la solidaridad, el apoyo mutuo y las ganas de construir un futuro mejor.
En Almería Acoge creemos profundamente en esa forma de hacer las cosas. Creemos que la convivencia se construye jugando, conversando, compartiendo y creando oportunidades para que las personas se conozcan. Porque los barrios no los hacen las calles; los hacen quienes las llenan de vida.
Y quizá sea ese el mayor aprendizaje de esta iniciativa: recordar que cuidar un barrio es, sobre todo, cuidar de las personas que lo habitan.
Me gustaría recuperar un fragmento de una canción infantil que en mi pueblo cantábamos el día del niño:
“Déjame ser un niño por favor yo te lo pido,
No me impongas tu criterio
No me ahogues el camino
Quiero, que me enseñes el mundo
Que me eduques que me ames
Pero no me inculques nunca
La doctrina de la sangre. “
Santi Camacho



































