
Con mucha rabia por las 69 NUEVAS MUERTES, con algunas personas de las que han viajado en la patera con muertos, nos volvemos a concentrar para denunciar esta verguenza.
Hoy es 18 de diciembre, día internacional de las personas migrantes. Nos habría gustado celebrarlo de otro modo. Habríamos preferido un encuentro de convivencia, o publicar un manifiesto proclamando los beneficios del mestizaje, la riqueza del intercambio; reivindicando el derecho a migrar, recordando la obligación de toda persona bien nacida a acoger, a abrir su puerta a quien llama necesitado de pan, de justicia, de libertad o de paz. Nos habría gustado, pero no. De nuevo la muerte nos devuelve a la realidad más allá del deseo, la muerte más allá del trabajo cotidiano; la muerte más allá de las mil noticias repetidas, falsas o no, sobre política, sobre economía, sobre la integridad del territorio nacional o sobre el penúltimo caso de corrupción. Esas noticias que saturan nuestra atención y provocan el olvido de la otra verdad, de la otra vida que no es llamativa, de la necesidad de pensiones digas, del derecho de todos al trabajo y a la vivienda, de la honradez de tantas personas en su trabajo cotidiano… y, sobre todo, nos alejan de estas muertes que casi nunca son noticia. De la muerte de una persona quemada en un asentamiento chabolista en Huelva, esos vertederos humanos en los que mal habitan miles de trabajadores inmigrantes también en nuestra provincia; de la calle como única alternativa de vivienda para tantas personas, migrantes o no, en estos días de frío; del olvido de la legislación internacional para no acoger a solicitantes de asilo ni a inmigrantes económicos, mientras nuestros gobiernos
invierten grandes recursos en pactos desconocidos con países como Marruecos, o en reforzar la vigilancia, las vallas y las fronteras para control de las personas, que no de los capitales.

Hace unos años, para celebrar este día, se acuñó un buen slogan: “somos diferentes, somos iguales”. Era una buena frase que soportaba un buen deseo. Pero hoy tenemos que reconocer con tristeza que por suerte somos diferentes si, con lo que eso significa de riqueza para todos de posibilidad de intercambio, de crecimiento personal y social; pero no somos iguales, somos profundamente desiguales. Somos desiguales en derechos, en posibilidades económicas, en acceso al trabajo, en acceso a la vivienda, en libertad y en tranquilidad para habitar nuestros barrios y nuestras calles, y desiguales para viajar y buscar la vida donde más nos convenga. Es la desigualdad más injusta e inhumana la que hoy hace que nos tengamos que concentrar de nuevo para no celebrar ningún día internacional, sino para reconocer avergonzados, indignados una vez más, la terrible injusticia que sigue provocando tantas muertes; la indignidad más absoluta de quienes no parece que hagan nada por solucionarlo y la degradación social que refleja la enorme indiferencia que parece mostrar la mayor parte de la sociedad.
Una vez más, no en nuestro nombre. No admitimos esa nueva sangre en nuestras manos. Gritamos con el silencio que nos negamos a ser cómplices de tanta deshumanización. Como hace una semana usamos la música y una vez más recurrimos a la poesía de Pilar del Río “Mi hijo muere cada tarde en el mar”. Guardamos un minuto de silencio…… Y juntos proclamamos nuestra denuncia y reivindicación :
– Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de esta injusticia que supone tantas muertes para llegar a Europa.
– Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta vergüenza, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.
– Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.
– Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.
– Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana y nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación.
¡NO MÁS MUERTES PARA LLEGAR A EUROPA, POR UN MEDITERRÁNEO SOLIDARIO!

A pesar de la condiciones atmosféricas o, quizás con más razón por ellas, nos volvemos a concentrar para denunciar 14 nuevas muertes en el estrecho, en nuestras costas más cercanas. Seguimos y seguiremos siendo la conciencia de un país que no puede mirar para otro lado, de una Europa que tiene que mirar al Sur.
No, no es un accidente, nunca lo ha sido. Y si alguien se pregunta ¿entonces qué hacemos?, ¿cómo se organizan las migraciones?, ¿no tenemos derecho preservar nuestro territorio, nuestra economía, nuestra identidad?, tendremos que recordar una y mil veces que, si esto es a costa de la vida de otras personas, estaremos siendo cómplices de su muerte. Estaremos siendo cómplices de un sistema criminal que es quien está causando el hambre y las guerras que expulsan a las personas de su propia casa, los gobiernos y la economía que reparten el pan y la tierra por la ley del más fuerte, las fronteras y el silencio que esconden los muertos y asustan a los que quedamos vivos para que no protestemos.
Desde que empezó el nuevo año, se cifra en 174 el número de personas que han dejado su vida cerca de nuestras costas, más de 900 en el Mediterráneo. Y quizás sea mayor el número ¡cuántos habrán muerto que ni habrán sido contabilizados!
Nosotros nos rebelamos contra la indiferencia y el olvido. Nos reunimos para gritar en silencio ¡Basta ya de tanta muerte!. Para gritar en silencio que no queremos gobiernos indiferentes a la muerte de seres humanos. Gobiernos que en vez de buscar una solución a la tragedia, sólo piensan en cómo frenar lo irrefrenable, el viaje que ha acompañado al ser humano a lo largo de su historia en busca de un futuro mejor, de unas mejores condiciones de vida ¿o es que uno puede pensar que el que arriesga su vida en el mar lo hace por gusto?; recordemos que la migración ni es nueva, ni podemos verla como una amenaza, sino el instinto de supervivencia. Para gritar que tampoco queremos ser esos civiles, personas como nosotros, que miran para otro lado; esas personas que vemos pasar cerca de nosotros cada vez que nos reunimos, que leen nuestra pancarta, que quitan la mirada y que, en definitiva, pasan de largo para que la vergüenza no les toque.
Hoy nos reunimos para dar voz a todos seres humanos que están silenciados por la muerte en el mar. Hoy nos reunimos para que estas 15 personas no pasen a ser una cifra más en una estadística.
Unas 60 personas, nos hemos dado cita, desgraciadamente, una tarde más, tras la muerte de una mujer en las tres pateras que llegaron al puerto de Almería, el pasado 17 de Julio. A pesar de los rigores del verano y de las vacaciones nos hemos vuelto a reunir para no dejar en silencio ni en el olvido, ninguna muerte que ocurre en nuestras costas para llegar a un mundo mejor que el suyo.
El pasado 17 de Julio se produjo otra nueva tragedia en el mar. Una mujer fue rescatada ya muerta, eran de origen subsahariano, 56 eran mujeres, tres menores, un bebé y el cuerpo sin vida de una mujer. Otra persona más, otra mujer más muerta, otra persona mas sin nombre, sin edad, sin país de origen. La noticia es muy escueta, reproducida en pocos medios, difícil de encontrar, si detalla los distintos medios utilizados en su búsqueda, en su rescate loable y de agradecer dichos esfuerzos. Sin embargo, nadie profundiza mas allá de lo evidente, el numero, el sexo y cuanto menores llegaron.
artida, lloraba pensando en sus hijos, en sus padres y también feliz porque había conseguido llegar hasta allí y mañana estaría en Europa. Eso contó después una de sus compañeras de viaje. Recién amanecido el día 16 de Julio subieron a la patera 73 ocupantes, de ellas 24 mujeres. Estuvieron casi 40 horas a la deriva, a pleno sol, sin apenas comida ni agua, Fatumata, empezó a sentirse mal, a vomitar, y acabo falleciendo apenas tres horas antes de su rescate. Sus compañeras, una de su propio pueblo, guardaron su cuerpo en la embarcación hasta que fueron rescatadas y llevadas hasta el puerto de Almeria.
Esta podría ser la historia de esta última mujer que llegó muerta a nuestra costa, pero no lo es, podría serlo, pero no la conocemos, nadie se ocupo de saber quién es, de donde venia, como vivía, nadie fue mas allá de decir que llegó muerta. No sabemos si ha sido enterrada en nuestra tierra o fue retornado su cadáver a su país, nos sabemos si sus padres, sus hermanos, saben que falleció, que no llego viva a su meta. Solo sabemos que el día 17 de julio llego a Almería una mujer subsahariana muerta en una patera. Muchos no comprenden, que hay personas de determinados países y de una condición social, llamada pobre, a los que se les pone fronteras, alambradas y murallas, mientras otras pueden viajar en avión y con pasaporte y permiso en regla solo por tener una buena posición social. Evitemos con ello, mas muertes de personas, de mujeres, como nuestra supuesta Fatumata de nuestra historia a la que le hemos intentado poner cara. Basta YA.
Concentración en Almería, 25 de junio de 2019
“La muerte de 22 inmigrantes en el Mar de Alborán sobresalta la redacción de LA VOZ; como otras veces, como otras tragedias, como siempre pasa, como nunca debería ocurrir. Veintidós muertes matizadas intencionadamente bajo el manto más soportable para la conciencia con la calificación oficial de “desaparecidos”. Todos saben, sabemos por experiencia, que en el mar la esperanza de encontrar al desaparecido es un mero ejercicio retórico. Nadie ha regresado nunca del fondo del mar, solo las mareas arrojan algunos cuerpos a la playa para romper la monotonía de quien contempla la permanente llegada de las olas con la misma indiferencia con que asiste al continuo oleaje de la tragedia.
Nadie derramará una lágrima, ningún informativo abrirá portada por quienes nunca podrán ya reencontrarse con el abrazo con el que fueron despedidos en una perdida aldea de África. Ninguna campana doblará por ellos, no habrá programas especiales de televisión. Nadie se acuerda de ellos cuando han muerto porque nadie se acordó de ellos cuando estaban vivos. Pasarán meses, quizá años, a lo peor toda la vida, sin que aquellos que los despidieron en un amanecer de esperanza y miedo sean conscientes de que aquel beso fue el último, de que aquella mirada fue la última, de que el espanto por la muerte presentida fue el último sentimiento con que miraron a la vida.
Ya son TRES LOS INMIGRANTES MUERTOS de una patera rescatada el miércoles. Dos varones ingresados en la UCI del Hospital Universitario de Torrecárdenas de Almería tras ser rescatados el miércoles de una patera a la deriva en el mar de Alborán han muerto, por lo que se elevan a tres las personas fallecidas a CAUSA DE LAS INCLEMENCIAS DE LA TRAVESÍA.
Los DERECHOS CONTENIDOS EN LA CONVENCIÓN DE 1951 INCLUYEN: El derecho a no ser expulsado, excepto bajo ciertas condiciones estrictamente definidas; El derecho a no ser castigado por entrada ilegal en el territorio de un Estado contratante; El derecho al empleo remunerado; El derecho a la vivienda; El derecho a la educación pública; El derecho a la asistencia pública; El derecho a la libertad de religión; El derecho al acceso a los tribunales; El derecho a la libertad de circulación dentro del territorio; El derecho a emitir documentos de identidad y de viaje.

No sabemos tu nombre, pero no importas. Sobras. No importáis, ni tu ni las otras 133 personas que este año ya se han ahogado o han desaparecido en este mar de muerte en que hemos convertido nuestras costas. No importáis, ni tu ni otros niños muertos en cárceles de México o de Estados Unidos también por tratar de llegar a un mundo donde se come todos los días.
Importas para tu madre, que seguirá, Dios sabe por cuánto tiempo, sintiendo tu peso en la espalda y en el corazón; importas para los que hoy estamos aquí, intentando defender nuestra dignidad individual y colectiva a pesar de estos tiempos de egoísmo y alambradas, que es lo mismo. Importáis a unas pocas personas que en vuestras muertes cotidianas vemos cómo nos roban, poco a poco, nuestras propias vidas. Importáis para quienes seremos también apartados poco a poco por gritar, asqueados, que esas políticas no nos representan, que esos intereses económicos, comerciales, terminarán arrinconando también a todos los que protestan, las que luchan, los que no se rinden.
Mujeres supervivientes en un mundo demasiado macho, hombres solidarios, niñas vulnerables de barrios vulnerables, personas que no cuentan ni en el censo electoral, inmigrantes, jubilados, personas excluidas de un sistema tan inhumano que no se duele cuando un hombre cae ahogado, cuando una mujer desaparece en el agua, cuando a un niño de un año y medio no le damos tiempo ni de morir de hambre.
No, esta no es la descripción del muchacho de 16 años que apareció en la playa de Cádiz el viernes pasado. Es la descripción de la foto del primer inmigrante ahogado que fue recogido en una playa española hace ya 30 años, en 1988, cuando intentaba alcanzar el sueño de escapar de la miseria. Fue el primero en esta macabra lista que sumó otro hombre, otra mujer y otro menor la semana pasada. Sin que nadie parezca preocupado por acabar con la vergüenza y el espanto. Los simbolizamos con tres nuevos lazos en esta cuerda de la memoria.
Los gobiernos van cambiando, pero la arbitrariedad y el parcheo se mantienen. Un derecho humano y una necesidad como la emigración siguen manchados de muerte. Es hora de recordar a quienes hemos encargado de la gestión pública, que cada nueva muerte no es sino la demostración de su falta de interés o de su incompetencia. O no son capaces de solucionarlo o no es un elemento central para la gestión política. Mirar hacia el cumplimiento o no de los acuerdos de control de migraciones con Marruecos, hablar de relajación de vigilancia por el Ramadám, es, ciertamente, mirar para otro lado. Achacar las muertes al buen tiempo es aceptarlas como naturales e irremediables. Cualquiera de las dos posturas es una aberración inadmisible que añade aún más indignación, si cabe, a quienes no entendemos de excusas cuando se trata de la vida de personas, de hombres, mujeres, niños, migrantes económicos, refugiados, víctimas de trata… personas que
Mi hijo se llama Antonio, mi hija se llama Maria, mi hijo se llama Enrique… Mi hijo muere todos los días en el mar al intentar alcanzar una vida mejor… en las
Siglos después se concretaron y definieron los derechos humanos en una Europa culta, ilustrada: derecho a la vida, a una vida digna, a un trabajo remunerado y legal. En definitiva, la ley del más fuerte se trocaba en la defensa de los más débiles.
Desde hace varios años denunciamos cada desaparición, cada naufragio, recordamos e intentamos ponerles nombre, incluso rostro, a quienes mueren tratando de alcanzar nuestras costas en busca de un futuro mejor. Pero, en esta ocasión también denunciamos la ausencia de noticias: ¿cuántas semanas hace que los medios de comunicación no reflejan ningún hecho relativo a las migraciones? ¿por cuántos periódicos tenemos que rastrear para encontrar algún dato? El “apagón informativo” hace que los muertos en el Mediterráneo desaparezcan de doble manera: primero físicamente, en la profundidad de las aguas; después, en nuestras conciencias. Pero, sobre todo, que no estén en nuestra vida cotidiana.
El sábado pasado conocimos que otras 53 personas murieron en el mar de Alborán. Buscaban un sueño, el mismo sueño que nos ha movido desde siempre, a todos, el sueño, el deseo de vivir, de progresar, comer, amar, ser felices, salvar a sus hijos, alimentar a sus padres. Hoy están muertos, desaparecidos, olvidados, anegados de agua y sal.
políticos que condenan a millones de personas al hambre, la opresión y la injusticia. Vienen del odio, de la injusticia, del egoísmo disfrazado de patrias, de banderas, de un “nosotros” consagrado con la sangre de los otros, con la pobreza de los otros, con el sufrimiento, con el miedo, con la muerte de los otros. Ya hasta nos asusta que se sepa el número de los que huyen, procuramos ocultar el número de los que mueren, procuramos esconder los rostros, los nombres, el recuerdo, la vida de tantas personas que, simplemente, no cuentan.
En esta ocasión nuestra amiga y compañera Marga Asensio puso letra y voz a los nudos que se nos hacen en la garganta después de un año de trágico record de muertes en el Mediterráneo más cercano. Aquí os dejamos el manifiesto que se leyó:
El día 20 de diciembre nos comunican otro desastre humanitario. Lo cierto es que no es algo excepcional porque esto también pasó hace poco. En realidad, a lo largo de todo el año, lleva pasando que personas no lleguen a un trozo de tierra firme y seguro. Lo excepcional del día es que han pasado casi desapercibidos, puesto que los políticos e independentismos copan los noticieros e incendian las redes sociales… Lógico -para algunos, lo de la llegada de inmigrantes no es nada nuevo y que mueran unos cuantos, por desgracia, tampoco.
Pienso en estos 27 nudos en la garganta. Por ejemplo, pienso en M. que no tenía más de 30 años. Todos sus familiares reunieron el dinero para que pudiera embarcar en esa lancha. En M. estaba el coraje de la juventud y la esperanza de un futuro mejor y este coraje y esperanza eran mayores que el miedo a que pasara algo esa madrugada. M. pensaba en su bebé, soñaba con poder darle una vida que ella no pudo tener. Una vida en paz, poder estudiar, poder pensar en el futuro… M. y su bebé llegaron a la costa de España. Allí murieron.
R. está desorientado. En mitad de la noche lo ha despertado su madre. R. ha aprendido a no llorar, nunca lo hace. Con su medio palmo del suelo es ya casi un hombrecito, pero ahora está desorientado, está parado en mitad de un grupo de personas. No alcanza a ver a su madre. Le asoman unas lágrimas. Por fortuna, una mano fuerte lo coge, “¡por fin! mamá”. Y su madre se lo sube a la espalda y lo anuda bien fuerte. R. se siente ya seguro. A R. es fácil hacerle sonreír. Está sentado al lado de T., otro niño como él… Empieza a hacer frío, mucho frío y R. y T. se abrazan a sus madres. R. muere antes deshidratado e hipotérmico, luego le sigue T. Sus madres los sostienen en sus regazos, impotentes les intentan dar calor… lloran en silencio mientras ven cómo sus cuerpecitos se hunden en esa masa oscura y líquida.