NO MÁS MUERTES PARA LLEGAR A EUROPA POR UN MEDITERRANEO SOLIDARIO
A pesar de la condiciones atmosféricas o, quizás con más razón por ellas, nos volvemos a concentrar para denunciar 14 nuevas muertes en el estrecho, en nuestras costas más cercanas. Seguimos y seguiremos siendo la conciencia de un país que no puede mirar para otro lado, de una Europa que tiene que mirar al Sur.
Otras 14 personas dejaron de existir el martes pasado. A duras penas nos vamos enterando del número de muertos y desaparecidos desde el día 26 de noviembre. No es fácil escucharlo en la radio o verlo en un periódico. No es importante que mueran 14 nadies. Es una tragedia, sí, pero solo para quienes han muerto, para sus familias, para quienes compartían esa barca de ilusiones que se convierte en muerte otra vez. No es una tragedia para este lado del mar, para quienes cada vez hacen menos caso de estas muertes repetidas. Ya no es ni tan siquiera noticia. Si acaso una nota frecuente que solo llama la atención si el número de muertos es muy alto o si aparece un niño flotando muerto y nos estropea la siesta, y, hasta eso, cada vez menos.
Pero no es un accidente. Es el resultado asquerosamente macabro de tanta mentira que hemos construido para resguardar nuestro egoísmo o nuestra tranquilidad inconsciente. Estas muertes son el resultado seguro de nuestra forma de vida, de un sistema económico y social que se asienta en la expropiación de las riquezas naturales de la mayor parte del mundo para que en la otra sigamos gastando más de lo que tenemos. La muerte de unos es el precio de tanto despilfarro, de la locura consumista, de un tipo de vida basado en tantos black friday que solo ofrecen muerte a quienes no pueden participar en ellos. Es el resultado del nuevo opio de un pueblo adormecido por la gran mentira de que esta tierra es nuestra, de que tenemos derecho a fabricar muros, fronteras, concertinas para preservar lo que no es de nadie, porque este mundo no pertenece a nadie y debería ser la casa de todos.
No, no es un accidente, nunca lo ha sido. Y si alguien se pregunta ¿entonces qué hacemos?, ¿cómo se organizan las migraciones?, ¿no tenemos derecho preservar nuestro territorio, nuestra economía, nuestra identidad?, tendremos que recordar una y mil veces que, si esto es a costa de la vida de otras personas, estaremos siendo cómplices de su muerte. Estaremos siendo cómplices de un sistema criminal que es quien está causando el hambre y las guerras que expulsan a las personas de su propia casa, los gobiernos y la economía que reparten el pan y la tierra por la ley del más fuerte, las fronteras y el silencio que esconden los muertos y asustan a los que quedamos vivos para que no protestemos.
Una vez más denunciamos este crimen continuado y proclamamos públicamente que no queremos ser cómplices de estas muertes. Reivindicamos la necesidad de cambiar cuantas políticas sean necesarias para salvaguardar nuestra propia dignidad y la vida de las personas como valor supremo.
Una vez más recurrimos a la poesía de Pilar del Río “Mi hijo muere cada tarde en el mar”.
Guardamos un minuto de silencio y juntos proclamamos nuestra denuncia y reivindicación
- Mostramos nuestra más absoluta indignación por la continua repetición de esta injusticia que supone tantas muertes para llegar a Europa.
- Exigimos que se tomen medidas concretas y urgentes para evitar que se vuelva a repetir esta vergüenza, y garantizar la seguridad de las personas que se ven obligadas a migrar.
- Exigimos que los distintos gobiernos abran vías seguras de migración para las personas que se ven forzadas a dejar sus casas y familias por causa de las guerras, el hambre y las injusticias.
- Exigimos que se hagan todos los esfuerzos necesarios para respetar la memoria de las víctimas, para identificarlas y comunicar la desgracia a sus familiares.
- Nuestra sociedad pierde sus valores fundamentales si no reacciona de forma más humana y nuestras administraciones no pueden parecer, ni aparecer, como insensibles a esta dramática situación.
¡No más muertes para llegar a Europa! ¡Por un Mediterráneo solidario!

Dentro de las actividades que se desarrollan en la Semana de Almería Contra la Pobreza, destaca el encuentro interreligioso que todos los años hacemos.

Desde que empezó el nuevo año, se cifra en 174 el número de personas que han dejado su vida cerca de nuestras costas, más de 900 en el Mediterráneo. Y quizás sea mayor el número ¡cuántos habrán muerto que ni habrán sido contabilizados!
Nosotros nos rebelamos contra la indiferencia y el olvido. Nos reunimos para gritar en silencio ¡Basta ya de tanta muerte!. Para gritar en silencio que no queremos gobiernos indiferentes a la muerte de seres humanos. Gobiernos que en vez de buscar una solución a la tragedia, sólo piensan en cómo frenar lo irrefrenable, el viaje que ha acompañado al ser humano a lo largo de su historia en busca de un futuro mejor, de unas mejores condiciones de vida ¿o es que uno puede pensar que el que arriesga su vida en el mar lo hace por gusto?; recordemos que la migración ni es nueva, ni podemos verla como una amenaza, sino el instinto de supervivencia. Para gritar que tampoco queremos ser esos civiles, personas como nosotros, que miran para otro lado; esas personas que vemos pasar cerca de nosotros cada vez que nos reunimos, que leen nuestra pancarta, que quitan la mirada y que, en definitiva, pasan de largo para que la vergüenza no les toque.
Hoy nos reunimos para dar voz a todos seres humanos que están silenciados por la muerte en el mar. Hoy nos reunimos para que estas 15 personas no pasen a ser una cifra más en una estadística.
Unas 60 personas, nos hemos dado cita, desgraciadamente, una tarde más, tras la muerte de una mujer en las tres pateras que llegaron al puerto de Almería, el pasado 17 de Julio. A pesar de los rigores del verano y de las vacaciones nos hemos vuelto a reunir para no dejar en silencio ni en el olvido, ninguna muerte que ocurre en nuestras costas para llegar a un mundo mejor que el suyo.
El pasado 17 de Julio se produjo otra nueva tragedia en el mar. Una mujer fue rescatada ya muerta, eran de origen subsahariano, 56 eran mujeres, tres menores, un bebé y el cuerpo sin vida de una mujer. Otra persona más, otra mujer más muerta, otra persona mas sin nombre, sin edad, sin país de origen. La noticia es muy escueta, reproducida en pocos medios, difícil de encontrar, si detalla los distintos medios utilizados en su búsqueda, en su rescate loable y de agradecer dichos esfuerzos. Sin embargo, nadie profundiza mas allá de lo evidente, el numero, el sexo y cuanto menores llegaron.
artida, lloraba pensando en sus hijos, en sus padres y también feliz porque había conseguido llegar hasta allí y mañana estaría en Europa. Eso contó después una de sus compañeras de viaje. Recién amanecido el día 16 de Julio subieron a la patera 73 ocupantes, de ellas 24 mujeres. Estuvieron casi 40 horas a la deriva, a pleno sol, sin apenas comida ni agua, Fatumata, empezó a sentirse mal, a vomitar, y acabo falleciendo apenas tres horas antes de su rescate. Sus compañeras, una de su propio pueblo, guardaron su cuerpo en la embarcación hasta que fueron rescatadas y llevadas hasta el puerto de Almeria.
Esta podría ser la historia de esta última mujer que llegó muerta a nuestra costa, pero no lo es, podría serlo, pero no la conocemos, nadie se ocupo de saber quién es, de donde venia, como vivía, nadie fue mas allá de decir que llegó muerta. No sabemos si ha sido enterrada en nuestra tierra o fue retornado su cadáver a su país, nos sabemos si sus padres, sus hermanos, saben que falleció, que no llego viva a su meta. Solo sabemos que el día 17 de julio llego a Almería una mujer subsahariana muerta en una patera. Muchos no comprenden, que hay personas de determinados países y de una condición social, llamada pobre, a los que se les pone fronteras, alambradas y murallas, mientras otras pueden viajar en avión y con pasaporte y permiso en regla solo por tener una buena posición social. Evitemos con ello, mas muertes de personas, de mujeres, como nuestra supuesta Fatumata de nuestra historia a la que le hemos intentado poner cara. Basta YA.
Concentración en Almería, 25 de junio de 2019
“La muerte de 22 inmigrantes en el Mar de Alborán sobresalta la redacción de LA VOZ; como otras veces, como otras tragedias, como siempre pasa, como nunca debería ocurrir. Veintidós muertes matizadas intencionadamente bajo el manto más soportable para la conciencia con la calificación oficial de “desaparecidos”. Todos saben, sabemos por experiencia, que en el mar la esperanza de encontrar al desaparecido es un mero ejercicio retórico. Nadie ha regresado nunca del fondo del mar, solo las mareas arrojan algunos cuerpos a la playa para romper la monotonía de quien contempla la permanente llegada de las olas con la misma indiferencia con que asiste al continuo oleaje de la tragedia.
Nadie derramará una lágrima, ningún informativo abrirá portada por quienes nunca podrán ya reencontrarse con el abrazo con el que fueron despedidos en una perdida aldea de África. Ninguna campana doblará por ellos, no habrá programas especiales de televisión. Nadie se acuerda de ellos cuando han muerto porque nadie se acordó de ellos cuando estaban vivos. Pasarán meses, quizá años, a lo peor toda la vida, sin que aquellos que los despidieron en un amanecer de esperanza y miedo sean conscientes de que aquel beso fue el último, de que aquella mirada fue la última, de que el espanto por la muerte presentida fue el último sentimiento con que miraron a la vida.
Ya son TRES LOS INMIGRANTES MUERTOS de una patera rescatada el miércoles. Dos varones ingresados en la UCI del Hospital Universitario de Torrecárdenas de Almería tras ser rescatados el miércoles de una patera a la deriva en el mar de Alborán han muerto, por lo que se elevan a tres las personas fallecidas a CAUSA DE LAS INCLEMENCIAS DE LA TRAVESÍA.
Los DERECHOS CONTENIDOS EN LA CONVENCIÓN DE 1951 INCLUYEN: El derecho a no ser expulsado, excepto bajo ciertas condiciones estrictamente definidas; El derecho a no ser castigado por entrada ilegal en el territorio de un Estado contratante; El derecho al empleo remunerado; El derecho a la vivienda; El derecho a la educación pública; El derecho a la asistencia pública; El derecho a la libertad de religión; El derecho al acceso a los tribunales; El derecho a la libertad de circulación dentro del territorio; El derecho a emitir documentos de identidad y de viaje.